Tribuna

Manuel Peñalver

Catedrático de Lengua Española de la Universidad de Almería

El seseo de Marisu

El seseo de Marisu es una oda a los palos del flamenco: bulería y soleá, alegría y seguiriya: Mercé, a la guitarra; la Niña de los Peines y Manolo Caracol, en el recuerdo

El seseo de Marisu El seseo de Marisu

El seseo de Marisu

Ala ministra de Hacienda le ponen motes quienes no saben que el humor no está en la Farruquita, ni en la Moranca, ni en la jipi, sino en la sonrisa de una señora que nació cuando Triana era la gracia de España y había que cruzar el puente para ir a Sevilla. A María Jesús la insultan por su pronunciación aquellos que siguen pensando que la corrección lingüística tiene una frontera en Despeñaperros: de ahí para arriba, consideran, están la elegancia, el estilo, la propiedad, la musicalidad y la poética de la lengua española.

Aunque, en silencio y en multitud, le den coceaduras en el intestino y en el estómago, en el tafanario y en la tibia, con el leísmo y el loísmo, el laísmo y la interdentalización de la -d de Valladolid (z). Y otras perlas cultivadas, que los sintagmas del siguiente chiste destilan, como si este fuese una copa de Machaquito por Navidad: entra en una conocida librería un señor, con apariencia de sabiondo, sin haber leído el primer párrafo del Quijote, y pregunta al librero: «¿Tiene libros para el cansancio?».

Y este viéndolo venir con sus gafas valle-inclanescas le responde más serio que Coll: «Sí, pero están agotados». La competencia lingüística de Marisu se enfrenta al diccionario, a la sintaxis y a la semántica. Mas los que ignoran los conceptos de lengua, hablas y habla la vilipendian por ser fiel al seseo, al que las hablas andaluzas parieron en medio del reajuste consonántico, con la Gramática de Nebrija y la Historia de la lengua de Lapesa, como testigos entre Sevilla y Sanlúcar; allí, donde las embarcaciones se enamoran de la aspiración de la ese y de la abertura vocálica, del yeísmo y del pronombre ustedes.

O sea de modismos, junto al seseo y al ceceo, del español evolutivo, que los manuales de Lázaro Carreter, don Fernando, mandaron al infierno de Dante, sin pasar por el purgatorio.

Si supieran algunos políticos y periodistas que una de las obras filológicas más representativas del español es el ALEA (Atlas Lingüístico y Etnográfico de Andalucía), que dirigió Manuel Alvar, con la colaboración de Antonio Llorente y Gregorio Salvador, su incultura lingüística no sería tan atrevida. La portavoz del Gobierno no es María Moliner, y dudo de que haya consultado, alguna vez, el Diccionario de la ilustre lexicógrafa.

Tampoco creo que vaya por la biblioteca de la Real Academia a debatir cuestiones de gramática con Ignacio Bosque, de ortografía con Salvador Gutiérrez Ordóñez o de lexicografía con Pedro Álvarez de Miranda. Sin embargo, y a pesar de que la trianera golpee, unas veces, con un swing (o crochet largo), los nudillos y otras, con un hook, el mentón de la lengua de Galdós y Delibes (sus impropiedades léxicas y errores sintácticos causan sonrojo y calima; ¿quién la asesora en comunicación?), su seseo es un yintónic, que se hace prosodia, cuando el hielo cae con la misma sonoridad que una aliteración de Rubén Darío.

El seseo de Marisu es, así, señores diputados y señoras diputadas, un vaso de silencio en el ruido de la calle; un fandango de Huelva, que canta el Loco de la Colina; una página de periódico en un país como España; una tecla de marfil de un piano Gaveau, de finales del siglo XVIII; una guitarra de rasgueado, punteado y haciendo la parte del bajo; un vestido de flamenca, con un escote en pico, con volantes: mantón, flores en el pelo, pendientes, pulsera, collar y peineta; zapato de tacón y abanico.

El seseo de Marisu es, también, una oda a los palos del flamenco: bulería y soleá, alegría y seguiriya, tango y fandango: José Mercé, a la guitarra; la Niña de los Peines y Manolo Caracol, en el recuerdo. El seseo de Marisu es, asimismo, una copla de carnaval, que comienza en la playa de Bajo Guía y termina en la lontananza de la Caleta; un velero de Alberti, entre el barrio de la Viña y El Puerto de Santa María. «El mar. La mar. / El mar. ¡Solo la mar! // ¿Por qué me trajiste, padre, / a la ciudad?». La madrugada corre; nadie puede pararla.

Los albos del amanecer son lienzos entre Cádiz y La Habana: haciéndose infimitos como las olas de Alhucemas. Vuelve el habla andaluza como una puesta de sol entre Tánger y el Arrecife de las Sirenas; entre Ronda y el Sacromonte: colores rojizos, naranjas, azules, morados…El seseo de Marisu es, además, la guitarra de Paco de Lucía y el cante jondo de Camarón; un artículo de Raúl del Pozo y otro, de mi compadre Camba. Y un ¡olé! de la Maestranza, cuando Morante torea a la verónica.

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