Tribuna

Rubén San Isidoro

Periodista

Una sociedad politizada

Durante semanas llenan las redes sociales, medios de comunicación y colegios de anuncios electorales y frases motivadoras para movilizar

Una sociedad politizada Una sociedad politizada

Una sociedad politizada

Donald Trump es el 45º Presidente de los Estados Unidos desde el 20 de enero de 2017. Sin embargo la política americana no comienza ahí, y ni mucho menos la relación tan cercana con el electorado, como la que disfruta la sociedad estadounidense desde que la política se conoce como lo que es, una herramienta que utiliza la gente para potenciar ciertas políticas, al menos en la teoría. Los neoyorquinos, en concreto, y como he mencionado en otra ocasión, son personas que, debido a sus trabajos competitivos y a su alto ritmo de vida, dedican poco tiempo al ocio y a la familia, sin embargo todo cambia cuando se avecina período electoral. Conocedores de la importancia del mismo, los neoyorquinos se vuelcan en las campañas, independientemente del partido al que pertenezcan, aunque hay que reseñar que me he encontrado con una mayoría demócrata abrumadora. Tampoco he descubierto el fuego, Nueva York sigue siendo Nueva York y Kentucky sigue siendo Kentucky. Utilizando como ejemplo más cercano las pasadas elecciones de mitad mandato , en las que se produjo la famosa oleada azul, donde los demócratas lograron movilizar a su electorado para que votaran en masa y recuperar así la tan ansiada Cámara de Representantes. La Cámara es presidida nuevamente por una de los suyos, Nancy Pelosi, una mujer por cierto respetada hasta por el propio Donald Trump. Sin embargo, hasta llegar al propiamente conocido como election day, se suceden una vorágine de acontecimientos reseñables y que caracterizan a esta sociedad neoyorquina al menos en el plano electoral.

Durante semanas llenan las redes sociales, medios de comunicación y colegios de anuncios electorales y frases motivadoras que logran movilizar al escéptico votante demócrata. Hasta la propia festividad de Halloween, una de las señas de identidad más potentes de la sociedad norteamericana, se vio inundada y colapsada por las venideras elecciones de mitad de mandato. Todo para conformar un cóctel perfecto que acabara como la mayoría neoyorquina deseaba, con los demócratas arrebatando a los republicanos la Cámara de Representantes.

Es cierto que en un país como España, donde el nivel de abstención no cesa en su crecimiento estos últimos años, se hace todo lo posible para movilizar al electorado con las campañas de cada uno de los partidos, sin embargo, podría aventurarme a decir que los españoles no sentimos la política como nuestra, no lo vemos como un beneficio que pueda encaminar a una buena acción o al desarrollo de una acción concreta. Solo conocemos caras y leemos siglas o diferenciamos colores. Los americanos han conseguido apropiarse de la política, muy legítimamente por cierto. Y es que, la principal diferencia que se atisba entre España y Estados Unidos, al menos en lo que a política se refiere, es que los americanos se sienten mucho más implicados porque también tienen voz en un abanico de asuntos, que a modo plebiscitario, se incluyen en las papeletas electorales. Por ejemplo, legalización de la marihuana, limitar la caza de osos, subir el salario mínimo, incluir en la Constitución el derecho a pescar, una batería de iniciativas populares, unas más variopintas que otras.

Finalmente, cuando el tan ansiado día de llega, todo se paraliza. Los neoyorquinos, madrugadores generalmente, acuden en masa a cada uno de los colegios electorales establecidos como centros de votación. Lo hacen con una sonrisa, conscientes de que con su voto pueden ayudar a cambiar las cosas. Esta es otra de las principales diferencias que radican entre la sociedad española y la americana. Ellos sí creen en la fuerza que ejerce un solo voto. Después de haber ejercido su derecho reciben una pegatina del interventor de turno en la que se puede leer: I voted, did you? He votado, ¿y tú? Como os estaréis imaginando en este momento, yo no concibo la posibilidad de ver a un español portando dicha pegatina en la solapa.

Igual la sociedad española debería fijarse más en la forma en la que viven los americanos las elecciones, al menos para contagiarnos de ese aura de esperanza y optimismo que inunda cada uno de los centros de votación a lo ancho y largo de la geografía estadounidense. Los españoles decidimos copiar el modelo americano con respecto a festividades como Halloween y Thanksgiving, que cada vez son más seguidas y viralizadas, sin embargo ni Halloween ni Thanksgiving pueden cambiar el rumbo de un país. Eso lo puede hacer la política, la nueva política participativa.

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