Coronavirus en Almería Un garruchero vive una cuarentena de más de seis meses en Argentina

  • Miguel Pérez trabaja en Buenos Aires y aún no sabe cuando podrá regresar a Almería para ver a su familia

  • Este domingo cumple 184 días de cuarentena

Miguel Pérez, de Garrucha, lleva seis meses confinado en Argentina.

Cuando llegó a Argentina, en agosto de 2019, Miguel Pérez no podía imaginar que pasaría la mayor parte del tiempo encerrado viviendo una de las cuarentenas más largas del mundo. Desde la terraza de su casa, en el popular barrio de Palermo, ve los altos edificios de la ciudad de Buenos Aires. Pero lo que no puede divisar es el mar. Esa mar que marca la vida de Garrucha, el pueblo donde pasó toda su infancia y a la que no ha podido regresar este verano y que no sabe cuándo podrá volver a pisar.

“Lo que se lleva peor de este encierro es que llevo más de un año sin ver a mi familia”, cuenta Miguel en una conversación por vídeoconferencia. Tenía pensado volver este verano, pero Argentina tiene restringidos todos los vuelos desde hace medio año. “Para Navidad tengo comprados billetes, pero veo muy difícil que pueda ir”, lamenta. Y es que a pesar de que se fue de casa con solo 17 años —primero para estudiar en Estados Unidos y luego para trabajar en Francia— nunca ha pasado tanto tiempo lejos de sus seres queridos.

Miguel Pérez Vives lleva seis meses confinado en Buenos Aires, Argentina. Miguel Pérez Vives lleva seis meses confinado en Buenos Aires, Argentina.

Miguel Pérez Vives lleva seis meses confinado en Buenos Aires, Argentina. / Diario de Almería

Tras estar cuatro años viviendo en París, este garruchero decidió emprender una nueva aventura en Buenos Aires. Es jefe de proyecto de la experiencia de cliente en el comercio online de Carrefour. Desde hace más de seis meses trabaja en casa. Pasa los días solo, frente al ordenador y con un mate en la mano (ha adoptado algunas de las costumbres porteñas, algo que se nota incluso en las expresiones que usa). “El confinamiento comenzó el 20 de marzo, pero desde el día 16 la empresa nos hizo trabajar desde casa”, cuenta. Hoy se cumplen 186 días de cuarentena. Y aunque ya creían que podrían alcanzar “la nueva normalidad”, el Gobierno argentino anunció el viernes con un vídeo la decimotercera prórroga de lo que denominan “aislamiento social, preventivo y obligatorio”. Se prolonga, al menos, hasta el 11 de octubre.

Está prohibido quedar

Según los últimos datos, en Argentina ha habido algo más de 613.00 casos de coronavirus (unos pocos menos que en España y con una población muy similar, entorno a los 45 millones). Sin embargo, las cifras de muertes son muy inferiores a las de aquí: 12.705 hasta el sábado, según el Gobierno argentino. No obstante, según este almeriense son cifras engañosas: “aquí para que te hagan una prueba PCR tienes que tener al menos dos síntomas”. Y eso que fueron previsores: el uso obligatorio del barbijo (la mascarilla aquí) se impuso antes que en España.

Pese a ello, el país no sale de un eterno confinamiento que, aunque se ha ido relajando con el paso del tiempo, aún ni permite, por ejemplo, “eventos sociales o familiares en espacios cerrados y en los domicilios de las personas, en todos los casos y cualquiera sea el número de concurrentes, salvo el grupo conviviente”.Si poco más de dos meses de confinamiento en España nos parecieron un mundo, imaginen lo que sienten los argentinos tras seis meses encerrados. “Empezamos justo cuando aquí acababa el verano y ya hemos pasado en casa todo el otoño y el invierno”, explica este almeriense. Por eso el hartazgo entre la población ha ido creciendo. “En teoría no se puede hacer aún muchas cosas, pero ya mucha gente se lo salta y la policía ni siquiera dice nada”, confiesa.

De hecho, como cuenta Miguel, “a principios de agosto el Gobierno incluyó sanciones de hasta dos años de cárcel por ir a visitar a amigos o familiares”. Y es que el Artículo 25 de su Código Penal establece “prisión de seis meses a dos años para el que violare las medidas adoptadas por las autoridades competentes, para impedir la introducción o propagación de una epidemia”.

Por supuesto, tampoco puede salir de la ciudad de Buenos Aires. “No se permite el tránsito entre departamentos, en mi caso la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. De hecho, en muchos pueblos colocaron montañas de arena en las entradas para evitar que llegase gente de fuera”.

Ya pueden salir a pasear por zonas al aire libre. Ya pueden salir a pasear por zonas al aire libre.

Ya pueden salir a pasear por zonas al aire libre. / Diario de Almería

Desde hace unas semanas al menos pueden salir a pasear al parque y quedar con hasta diez personas, siempre que sea en un espacio al aire libre. Además han autorizado realizar ciertos deportes, con una distancia mínima de dos metros entre los participantes y de noche. “En cuanto leí que iba a entrar en vigor esa norma me busqué un profesor de tenis y estoy dando clases; es una forma de poder salir de casa y hacer algo”, reconoce.

Pobreza e inseguridad

La situación en el país es cada vez más insostenible. Miguel ha notado que “ha aumentado mucho la pobreza y con ello la inseguridad y la delincuencia”. Antes de la pandemia nunca había visto robos en su barrio, que es “una de las zonas más seguras de Buenos Aires”. Ahora, no hay día que no vea atracos cuando sale a hacer la compra. “Me da miedo hasta sacar el teléfono móvil del bolsillo. El otro día, aquí mismo, frente a la embajada de Estados Unidos vi como acorralaban a una persona para robarle; es lo que llaman robo piraña”, confiesa con preocupación.

Yes que Argentina es el segundo país del mundo con mayor miseria, por detrás de Venezuela, según un estudio de Bloomberg publicado en agosto que evalúa el desempleo e inflación. Por eso los amigos de Miguel quieren emigrar: “Los jóvenes argentinos desean irse del país; sueñan con ir a España o a otros países cercanos que están mucho mejor, como Uruguay”.

Como consecuencia de estos meses de encierro, el peso argentino ha perdido mucho valor. “Es un país que tiene que importar muchísimas cosas y todo lo que viene de fuera ha subido mucho de precio”, explica Miguel. Al menos los alimentos se mantienen más o menos igual, ya que el Gobierno ha tenido que poner límite en el precio de muchos de ellos.

“Aquí la tecnología es mucho más cara que en España. Además, ni siquiera existe Amazon. Puedo intentar comprar algo a través de España, pero se va a quedar en la frontera”, lamenta.

Propaganda del Ingreso Familiar de Emergencia en una boca de metro de Buenos Aires. Propaganda del Ingreso Familiar de Emergencia en una boca de metro de Buenos Aires.

Propaganda del Ingreso Familiar de Emergencia en una boca de metro de Buenos Aires. / Diario de Almería

Por suerte, Miguel tiene un buen puesto de trabajo en Carrefour y no tiene los problemas que sí ve en sus amigos, por ejemplo. “El Gobierno argentino ha establecido un Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) de 10.000 pesos al mes. Eso equivale a unos 100 euros. Un alquiler medio cuesta entre 15.000 o 20.000 pesos”.

Las calles de Buenos Aires están empapeladas con carteles propagandísticos de este IFE en los que el gobierno de Alberto Fernández publicita que ya ha llegado a casi nueve millones de familias. La situación para muchas de ellas es insostenible y las restricciones a comercios como restaurantes no terminan de suprimirse más de seis meses después.

“Lo primero que abrieron fueron las tiendas de barrio, pero muchísimos negocios han tenido que cerrar para siempre. A cada paso ves los carteles de cierre en los escaparates”.

Durante estos 184 días de cuarentena, Miguel ha estado solo. Compartía casa con una chica francesa, pero el inicio del confinamiento le pilló de crucero por la Antártida y no pudo regresar a Buenos Aires. “Le cerraron el puerto en Uruguay, vinieron a Argentina y tampoco les dejaban desembarcar, de ahí se fueron a Brasil y finalmente cogió un avión y se fue a Francia. Me despedí de ella para dos semanas y ya van seis meses”, explica.

La vuelta a Garrucha

A este garruchero le queda aún más de medio año de contrato en Buenos Aires. Pero su deseo es poder visitar Garrucha esta Navidad. Los billetes los tiene comprados, pero no tiene mucha confianza en que pueda usarlos. “No puedo salir ahora mismo de Argentina, porque aunque sea español y tenga contrato aquí, podría tener muchos problemas para volver a entrar al país”, cuenta.

A sus 27 años, Miguel Pérez Vives ha pasado gran parte de su vida en el extranjero. Pero nunca había vivido una situación como la que le ha tocado ahora en Argentina. Si nada cambia, hasta agosto de 2021 no podrá volver a ver a su familia, es decir, dos años después de salir de Garrucha rumbo a Buenos Aires. Por el momento se tiene que conformar con hablar con ellos por teléfono y verse por vídeconferencia. Darse un abrazo aún queda lejos. Tiene que conformarse con los saludos con el codo con sus amigos argentinos y, eso sí, siempre en lugares al aire libre.

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