OBITUARIO

Hasta siempre, José Ramón

  • Ha fallecido en Vera José Ramón Sogorb, conocido como 'El Alicantino'

Bar de José Ramón el Alicantino en Vera Bar de José Ramón el Alicantino en Vera

Bar de José Ramón el Alicantino en Vera / Diario de Almería

La muerte de José Ramón "El Alicantino" (José Ramón Sogorb Salas) me conmueve. Porque con su adiós se nos va una parte de nuestra historia de Vera. Un hombre bueno; con talento e ingenio, pero fundamentalmente bueno, sin maldad, y no es frase complaciente. Es la realidad, la definición más exacta de su vida, dado que nuestro José Ramón -el José Ramón de toda Vera sin distinciones- no tuvo maldad para nadie en ninguna situación. Y eso, que no es tan fácil de decir y aplicar a la persona, viene en su caso de la postura más noble, limpia y sincera que cabe en el ser humano. A José Ramón le vamos  a tener siempre entre nosotros por su ejemplo continuado de ética y moral, conceptos estos nada fáciles de conjugar en los trabajos que desempeñó, siempre de cara al público, fundamentalmente como tabernero y estanquero. Porque fue la taberna, también llamada tienda, de José Ramón "El Alicantino" una especie de abacería o colmao de ultramarinos, tabaco y bebidas en la que la oportunidad del trasiego de las ventas dejaba espacio y permitía tiempo para tertulias y reuniones donde se cultivaba la amistad como sentimiento perfecto de convivencia entre todas las clases sociales. "El vino. ¡ay, el vino! -solía decir con sorna y gracejo-, nos iguala a todos". Y tenía razón, puesto que allí no cabía mayor respeto, confianza y noble amistad entre contertulios de la más variopinta condición. 
Eran muchos de la muy alta alcurnia, como notarios y bancarios, profesores y médicos, funcionarios y estudiantes que ya empezábamos a merecer para estos casos en tiempo de vacaciones universitarias, y hasta el estrato social hipotéticamente más bajo -dicho sin menosprecio- de albañiles, obreros, pastores y gente del campo, incluso desocupados, acudíamos a unas horas muy características según los casos y tareas de cada uno, a las cañas y vinos de José Ramón, y a las ricas, riquísimas tapas de Ramona, su mujer -ojo, aquella cocina, de gloria in excelsis deo-, mientras entre don fulano y fulanico no había distancias. Y es que José Ramón y sus hábiles consejos, acomodados inexcusablemente a todos los puntos de vista, hacía doctrina de servicio a todos, limando asperezas si surgían entre tesis encontradas, para llenar vasos y cumplir así todas las expectativas. 
Admirable José Ramón. Su amor, entrega y honradez fueron la más hermosa trilogía de su trabajo. Todas sus actuaciones fueron una demostración constante de inteligencia y bondad, de absoluta franqueza y verdad sin falsas interpretaciones, haciendo siempre posible la convivencia. Un hombre agradable y elocuente, de trato fácil y sencillo. A su lado nunca hubo pena. 
Fueron él y su inseparable Ramona amigos de mis padres. Una amistad con carácter de bendición,  Y su cercana vecindad en la calle Mayor, además del afecto heredado, me brindó un trato especial de familiaridad en el aprendizaje que tuve de él. Ejemplar la moral y la rectitud de este tabernero, José Ramón, querido del alma, que forjó sus valores en la mejor Universidad,  la de la vida como suele decirse. Y qué bien aplicada su filosofía e ideario en su mejor patrimonio, sus hijos, Ramón, Pepa, Antonio y José Ramón, que ahora lloran su adiós con desconsuelo. Pero nos queda su recuerdo, su ejemplo, que nos reconforta, su herencia de alegría de espíritu. No sé si habrá catecismo o libro de conducta que recoja tantas y tan buenas enseñanzas como las que nos inculcó. Gracias, José Ramón. Y hasta siempre.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios