Salud y Bienestar

La UTA, un refugio donde sanar la anorexia o la bulimia

  • La Unidad de Trastornos de la Alimentación de Vithas Granada atiende como Hospital de Día a un grupo de un máximo de 14 pacientes de lunes a viernes de 9:00 a 18:00 hora

Cerca de un centenar de marionetas cuelgan en las paredes de una de las salas de la Unidad de Trastornos de la Alimentación (UTA) de Vithas Granada, verdaderas piezas de coleccionista para todos los gustos. Es un elemento sujeto a una leyenda mágica, comenta Silvia López, psicóloga de la unidad, “si tú construyes tu propia marioneta y la terminas, habrás superado la enfermedad”. Parece sencillo pero quienes padecen trastornos de la alimentación en todos sus tipos y subtipos (anorexia nerviosa, bulimia, trastorno por atracón, obesidad), es una tarea que de primeras resulta imposible, porque “a pesar de ser personas súper talentosas y creativas, su baja autoestima unida a otros aspectos le dificultan el camino”.

Este tipo de enfermedad considerada biopsicosocial, que padecen más las mujeres que los hombres, y en la que existe una vulnerabilidad biológica, unido a una personalidad en desarrollo,– “la mayoría empieza en la pubertad, aunque también la encontramos en edades más tempranas, incluso desde los 8 años”– personas sensibles que sientan que de alguna manera no encajan, autoestima baja, perfeccionistas, autoexigentes ...que normalmente detonan con una dieta. “El efecto psicológico de la dieta es brutal”, apunta López, ya que existen factores predisponentes –personalidad previa y vulnerabilidad biológica–, detonantes –como la dieta– y de mantenimiento – la propia inanición, cómo se maneje el tema en la familia, dinámicas que no ayudan– todo este cóctel, da lugar a los trastornos alimentarios.

La UTA de Vithas Granada, es un dispositivo de tratamiento en régimen de Hospital de Día para pacientes con trastornos de la conducta alimentaria. “Aquí recibimos pacientes que están graves, y que antes han intentado tratamientos ambulatorios”, explica Silvia López. Hasta 14 – 16 pacientes acuden y conviven en este centro, ubicado en la Avenida de las Fuerzas Armadas s/n (Granada), de lunes a viernes de 9:00 a 18:00 horas. Gran parte del trabajo se hace en grupo, aunque también se trabaja de modo individualizado, con las familias, parejas, es fundamental una intervención integral.

Esta modalidad es “muy interesante porque se compatibiliza un tratamiento intensivo, sin perder un referente de normalidad y relación con familia, amigos y estudios”, indica Silva López. Esta Unidad trabaja con un equipo multidisciplinar, donde cada una –porque son todas mujeres– tiene un área y función dentro del tratamiento de los pacientes. Así, la doctora Antonia Antúnez Cuesta, psiquiatra y directora de la unidad, revisa pautas, medicación cuando hace falta; Josefa del Río Cantero, médico nutricionista, controla las dietas y toda la alimentación; Alicia Fernández integradora social y Silvia López Ballesteros, psicóloga y coordinadora de la UTA, son las que más comparten con los pacientes.

Gran parte del trabajo terapéutico se hace en grupo. Las pacientes desayunan y comen en el centro, por lo que se hacen intervenciones nutricionales, ya que “la anorexia, por ejemplo, guarda muchos rituales a la hora de comer que aquí se trabaja en su modificación, bajo supervisión”, expone López.

Dentro de las actividades terapéuticas que realizan, se encuentran los talleres de escritura creativa, que han dado lugar a la revista Pan de Molde, que se edita con una periodicidad de una vez al año, con textos e imágenes de los pacientes, así como de los talleres de arte, que en muchas ocasiones terminan en iniciativas solidarias como la reciente donación de mascarillas realizas por las pacientes a favor de Aldeas Infantiles SOS en Granada. Todo es terapia, “hacer gestos solidarios es la panacea para la humanidad, ayudar a los otros es una medicina”, comenta López.

En este centro también se cuenta con voluntarios a través del programa desarrollado por la Fundación Vithas. A través de este, alumnos de la UGR y la UJA, acuden a formarse, y a compartir con las pacientes, experiencias de vida. “Es muy bonito, es una simbiosis, ellas ayudan y nosotras le ayudamos a ellas para conocer mejor estos trastornos”.

El centro, que es privado –aunque subvencionado por las compañías privadas de seguros, además de contar con un programa de financiación para quién lo necesite –, retomó su actividad en mayo tras la crisis sanitaria de la Covid-19, aunque ha trabajado durante el confinamiento a través de la realización de videollamadas a pacientes y familiares, para dar continuidad a su proceso de curación.

Color no le falta a la UTA, el color de cada una de las pacientes que han dejado su huella en los más de 20 años que esta unidad lleva funcionando, porque la UTA es “su pequeño refugio, en el que ellas encuentran calma y al que al principio no quieren venir, y del que, una vez superada su enfermedad, no quieren irse”.

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