Salud

Los trastornos alimentarios son cada vez más frecuentes entre los chicos

  • Los especialistas confirman que los riesgos relacionados con la nutrición y la propia imagen afectan a más varones jóvenes · A pesar de ello, los ingresos hospitalarios por esta causa son anecdóticos

Cada vez es mayor el porcentaje de adolescentes que presentan conductas de riesgo de padecer un trastorno alimentario. Algunos trabajos de investigación realizados desde Sevilla indican que la tendencia entre ellos ha aumentado y entre las chicas se estabiliza e incluso empieza a disminuir. Son apreciaciones transmitidas por Ignacio Jáuregui, del Área de Nutrición y Bromatología de la Facultad de Ciencias Experimentales de la Universidad Pablo de Olavide, en Sevilla. El experto, en colaboración con la Vocalía de Alimentación del Colegio Oficial de Farmacéuticos y el Instituto de Ciencias de la Conducta, ambas de la misma ciudad, ha publicado este años dos trabajos de investigación sobre el tema. Según explica Jáuregui es importante trabajar más para confirmar esta tendencia y así poder prevenir los posibles trastornos fruto de esa conducta de riesgo de un modo más efectivo.

Socialmente, la preocupación por el peso ideal, conservar la línea y someter el criterio a algunos patrones de la moda, estaba más asociada a las chicas adolescentes. Según explica Ignacio Jáuregui, la presión por tener buena imagen, por conseguir un cuerpo escultural, también llega a los adolescentes. "Ahora los varones muestra también conductas de riesgo, como la preocupación constante por la propia imagen, la preocupación por la dieta, el ejercicio físico adelgazante, saltarse comidas a lo largo del día o el uso de purgativos". Parece obvio que en los últimos diez años, la depilación, el interés por mantener una llamativa musculatura (la tableta de chocolate abdominal), son inquietudes estéticas que están muchos más presentes. Respecto a las chicas, "quizás sea pronto para afirmar que ella mantienen menos conductas de riesgo, pero aparentemente el porcentaje no crece".

Desde lo sociocultural, parece difícil frenar inercias que alcanza a gran parte de la sociedad global. "Resulta complejo frenar esa presión social hacia determinados modelos estéticos. La presión es grande y en muchos casos se pasa del ejercicio saludable a sucumbir en el gimnasio". De todas formas, una cuestión es el aumento de las conductas de riesgo y otra el crecimiento, desde el punto de vista epidemiológico, de estos trastornos. "La mayoría de los chicos y chicas que muestran estas actitudes no llegan a enfermar; el problema está en que mantenidas en el tiempo pueden llevar, al cabo de meses o incluso años, a padecer un trastorno". También es normal que los plazos de tiempo desde que el cuadro clínico existe hasta que se pide ayuda sean muy amplios, incluso de varios lustros.

Para todos estos casos los profesionales implicados en la atención a estos jóvenes suelen pedir trabajos coordinados en el que psicológico, psiquiatras, nutricionistas y endocrinos trabajen conjuntamente en un abordaje compartido. Las terapias suelen ser a largo plazo. Según explica Jáuregui es una minoría la que acaba requiriendo un ingreso hospitalario, muy por debajo del 10% del total de los diagnosticados, y generalmente se trata de casos que han alcanzado un estado de extrema desnutrición o por la existencia de complicaciones añadidas, como por ejemplo un intento de suicidio. Ahora las familias vienen antes a consultar, existe una mayor conciencia de estos problemas que hace diez años y las terapias abordan a la familia y amigos.

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