Semana Santa

Noche de Poder donde se movieron masas

  • Todos los fieles que acompañaron a la imagen del Gran Poder a lo largo de su trayecto vivieron momentos muy intensos en algunos de sus puntos

El Cristo del Gran Poder cruzando la Rambla de la capital. El Cristo del Gran Poder cruzando la Rambla de la capital.

El Cristo del Gran Poder cruzando la Rambla de la capital.

La luna creciente se mostraba sobre el horizonte, acompañada por un cielo completamente oscuro de color marengo. De fondo, un suave manto de estrellas, anunciaba en las primeras horas del Lunes Santo, un día tan bueno como el que se vivió en la jornada anterior. Amanecía así pues una mañana algo diferente, con una sol radiante y algunas nubes bajas. Que para los ojos de un buen marinero, no hacían presagiar ningún tipo de inclemencia meteorológica. De ésta y otras maneras se hacían a la idea en el barrio del Zapillo, al sur de la capital, a las orillas de nuestro mediterráneo. Zona a extramuros del casco antiguo, donde esperaba con ansia y anhelo, a la imagen devota de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder.

Todos los vecinos fuero saliendo de sus viviendas bastante antes de la hora a la que se tenia programada la salida. Pues para muchos de ellos es muy importante acompañarlo durante todo su itinerario. Justamente cuando pasaban poco más de las siete y cuarto de la tarde, las puertas de la iglesia parroquial de San Pío X se abrieron. Para empezar a dejar ver los primeras túnicas negás y cinturones de esparto. Poco a poco fueron saliendo, hasta que finalmente lo hizo la talla del paso del señor, de estilo renacentista. Obra de Antonio Ibáñez Vallés. Ordenado a la voz de su capataz Manuel Sánchez, conocido como ‘el tachuelas’ y auxiliado por Manuel José Sánchez. Una salida que presenta algunas dificultades por la estrechez y la altura de la propia puerta del templo. Donde los costaleros deben de tener muy presente la voz de quien les guía. Muchas personas seguían a ésta hermandad y quien no podía bajar a las calles, se asomaba a sus balcones.

Gusta mucho esta procesión por la seriedad que transmite a todas aquellos cofrades que se reúnen en estación de penitencia, acompañando al señor portando su cruz, sobre un monte de claveles rojos. No solo por la huella que deja en la retina de todo el pueblo. También por la impresión que causa cuando las luces se apagan a la altura de carrera oficial, para solamente dejar ver tenuamente su rostro, con la rodilla semiflexionada en su tercera caída. Talla acuñada por Navarro Arteaga con un grandísimo detalle y parecido al original hispalense. Teniendo que ser puntualmente modificada en algunos pequeños detalles antes de su terminación, para que no fuera una copia exacta.

El paso llegando al centro de la ciudad. El paso llegando al centro de la ciudad.

El paso llegando al centro de la ciudad. / Javi Alonso

Ya cuando las ultimas luces del ocaso se apagaron, la noche irrumpió antes de que la hermandad llegara a la plaza Emilio Pérez para tomar el paseo de Almería. Carrera oficial de nuestra capital que se encontraba completamente llena, dando la impresión de bastante mas acogimiento por la estrechez producida éste año. Pero quizás aún mas personas por metro cuadrado se aglutinaban en la revirá con la calle Navarro Rodrigo. Todas ellas mirando a la mitad de ella. Lugar donde la Peña del Morato, organiza diversos puntos de cante a lo largo de nuestra semana llena de pasión. Como cada año repiten en este mismo punto muchos saeteros. En ésta ocasión las voces de Ana Mar, Rocío Zamora, Montse Pérez o Antonio, El Niño de las Cuevas, se hicieron sonar. Con un énfasis en cada una de las notas que pronunciaban con sus cuerdas vocales. En una calle donde no cabía ni un solo alfiler. Pues todo el mundo se encontraba allí agolpado, creando un mar de cabezas, para no perderse ninguno esos cantes. De ese estilo musical que expresan las penas más profundas del alma.

Al preciso instante de la finalización, el trono continuó su trayecto siendo escoltado en su trasera por muchos fieles haciendo promesa caminando descalzos. Algunas de las cuales también llevaban sus ojos tapados expresando un profundo sentimiento de devoción y fidelidad a la imagen. El calor de su barrio nuevamente se hizo notar cuando ya llegaba la hermandad sacramental por la calle Jaúl, Vinaroz y Villaricos. Avenidas que se encontraban completamente abarrotadas en una ya casi madrugada cuando los relojes casi apuntaban a la media noche. Una ocasión perfecta para los objetivos de los fotógrafos , el intentar captar unas bellas instantáneas. Como fueron algunos miembros de la asociación de fotógrafos cofrades almerienses. Intentando inmortalizar el momento del humo de los incensarios movido por una suave brisa marina. En una noche cerrada , donde la luz de la luna se dejaba ver en alguna ocasión entre las nubes .

Y es de ésta manera como se ponía fin a una noche más. Para que con premura y puntualidad la recogida se produjera al inicio de la madrugada en torno a las una menos veinte. Prestos todos los hermanos para el comienzo de un nuevo ciclo.

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