Sociedad

La música, la danza y las actividades con perros pueden retrasar los síntomas del Alzheimer

  • Las terapias no farmacológicas pueden posponer hasta un año el ingreso en centros. 

Una enferma de alzheimer asocia palabras e imágenes. Una enferma de alzheimer  asocia palabras e imágenes.

Una enferma de alzheimer asocia palabras e imágenes. / EFE

La aplicación de terapias no farmacológicas (música, danza o perros) en pacientes de alzheimer retrasa el ingreso en centros al menos un año, según ha constatado el Centro de Referencia Estatal de esta patología, cuando se cumplen 10 años de su apertura y está a un 50 % de su capacidad por falta de recursos.

Ubicado en Salamanca, este centro (CRE) se ha convertido en una especie de laboratorio del alzheimer -enfermedad degenerativa cerebral de la que se celebra el Día Mundial este viernes 21 de septiembre-, generando conocimiento a través de investigaciones con terapias sin fármacos, tanto en pacientes como en familiares.

Gracias a ellas, en estos diez años se ha logrado la ralentización de los síntomas en los pacientes y "retrasar al menos un año su institucionalización, en el cien por cien de los casos", asegura la directora María Isabel González Ingelmo, durante una visita de periodistas al centro, dependiente del Imserso.

Inaugurado en octubre de 2008, dispone de 112 plazas residenciales y 24 de día por las que ya han pasado alrededor de 800 personas con alzheimer. En estos momentos su capacidad está al 50 por ciento por falta de recursos.

Aproximadamente 1,2 millones de personas tienen alzheimer en España, aunque las asociaciones hablan de casi 5.000.000 de afectados contando a las familias. Unos familiares y cuidadores en los que también el CRE ha centrado su atención durante esta década, para reconocerles como afectados por la enfermedad. Prueba de ese interés es el estudio que se ha realizado con cuidadores mayores de 65 años para determinar su déficit cognitivo, influenciado por la depresión, la ansiedad, la falta de motivación y el sentimiento de culpa.

Tanto los usuarios (así se les denomina en el centro), como sus familiares participan de forma voluntaria en las terapias no farmacológicas, también conocidas como intervenciones psicosociales, cuyo uso se ha extendido ante la ausencia de medicamentos eficaces. En general, los terapeutas trabajan con la reminiscencia, es decir, con los recuerdos e imágenes del pasado con el objetivo de mejorar la calidad de vida.

Dentro del programa que se desarrolla en este centro se encuentra la danza creativa terapéutica, una actividad que puede realizar cualquier usuario y que persigue la integración cuerpo-mente del individuo. Los pacientes se activan, la depresión y la tensión se rebajan y se produce una comunicación con el terapeuta.

En 2012 se comenzó a desarrollar una línea de investigación sobre la intervención asistida con perros, que puede ser individual o en grupo, y en la que se trabajan el plano físico, social, emocional y cognitivo. Salir a pasear con el animal o darle de comer son algunas de las actividades que ayudan a mejorar la motivación y atención, ejercitar la psicomotricidad o disminuir la ansiedad.

La utilización de la música como vehículo para lograr la comunicación y para conectar con los recuerdos o sensaciones es otra de las líneas de trabajo. Una sala sensorial de material fluorescente como masillas de diferentes densidades, columnas de burbujas que pueden cambiar de color, una cama de agua, la foca-robot PARO o el robot-gato, con el que se trabaja desde principios de verano, también se utiliza para estimular a los usuarios.

El centro acoge a personas de toda España, aunque las plazas de día, reservadas a las que se encuentran en un estadio leve-moderado, las ocupan vecinos de Salamanca o alrededores. Las plazas residenciales son para los afectados en fase moderada, que se incluyen en un programa de retraso de la institucionalización, y para los que tienen demencias avanzadas, con los que se trabaja a nivel funcional. Antes de ingresar, todos los pacientes son sometidos a una evaluación para comprobar su estado y el primer paso es ajustarles la medicación.

Desde el centro se trabaja en lograr un diagnóstico temprano y, para ello, se está elaborando una guía dirigida a los médicos de atención primaria. Una detección precoz permite informar bien al paciente sobre las fases de la enfermedad y de la posibilidad de que haga testamento vital para manifestar su voluntad de no ser sometido a determinadas prácticas cuando ya no esté en condiciones de decidir por sí mismo.

Según la directora del CRE, muchas personas pueden no querer ser alimentadas artificialmente por una sonda endoscópica si sufren afagia (incapacidad de deglutir) o no recibir medicación en el momento en que tengan alucinaciones o delirios. El objetivo es "dejar que el paciente se vaya apagando tranquilamente. Eso es una muerte digna", concluye.

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