La Campaña 2020 Cádiz Segundo año consecutivo de chasco en la vendimia de Cádiz

  • En un año lleno de incertidumbres a campaña se cerró con una cosecha de unos 53,4 millones de kilos de uva, lo que significa que la producción final de las viñas del Marco de Jerez está un 7% por debajo de la alcanzada en 2019

Vendimia en el marco de Jerez. Vendimia en el marco de Jerez.

Vendimia en el marco de Jerez. / D. A.

Aceptables previsiones de inicio y, como el año pasado, chasco final. Finalizó durante el mes de septiembre la vendimia en la provincia de Cádiz y por segundo año consecutivo la producción de uva para vinificación fue escasa, peor incluso que la pasada campaña. Un punto y final a una campaña más que complicada en la que viticultores y bodegas pueden respirar tranquilos con el cierre de la vendimia, tras un año de muchos sobresaltos y grandes incertidumbres, amén de la amenaza del coronavirus. La campaña se da por cerrada con una cosecha de unos 53,4 millones de kilos de uva, lo que significa que la producción final de las viñas del Marco de Jerez está un 7% por debajo de la alcanzada en 2019.

En palabras de César Saldaña, director del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Jerez-Xeres-Sherry, “llueve sobre mojado”, pues ya son dos cosechas muy bajas de forma consecutiva, lo que no deja de ser una “mala noticia desde el punto de vista de la producción y en un año en el que los viticultores han tenido que invertir más en la viña por las condiciones meteorológicas adversas”. De hecho, prácticamente todos los días había que revisar las previsiones y lo que inicialmente apuntaba a un aumento del 10% o más, finalmente se ha convertido en una caída del 7%, con grandes variaciones entre uno y otro registro según avanzaba la campaña.

En efecto, las previsiones de la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible en el inicio de la vendimia eran más halagüeñas de lo que finalmente sucedió. En su informe inicial, el Observatorio de Precios y Mercados auguraba en torno a 62 millones de kilos de uva, “algo superior a los 57 millones cosechados el año pasado, pero aún por debajo de la media”. La previsión fue demasiado optimista y finalmente la cantidad ha ascendido a 53,4 millones.

Lo que inicialmente apuntaba a un aumento del 10% o más, finalmente se ha convertido en una caída del 7%

Ha sido una campaña con grandes dificultades desde el punto de vista sanitario. Las abundantes lluvias primaverales lograron cortar el ciclo de sequía que se arrastraba, pero las temperaturas elevadas favorecieron las condiciones de humedad y calor idóneas para la proliferación de enfermedades. Por ello, los viticultores tuvieron que echar el resto en esforzarse para controlar las plagas de oidio y mildiu en los primeros momentos, y posteriormente las del mosquito verde y la polilla del racimo (muy agresiva en su tercera generación ahora presente en las viñas). Esto, junto a la lucha contra la proliferación de las malas hierbas, disparó los costes de producción de la viña en la zona, aunque permitió conseguir una uva de buena calidad.

Tras un mes de julio muy caluroso, la suavidad de agosto impidió de un lado frenar las enfermedades de la vid, en concreto el mildiu y la pudrición (botrytis), y generó gran tensión de otra parte por la falta de grado, ya que la vendimia se cierra con unos escasos 11,15 baumé, apenas 0,65º por encima del mínimo exigido en la Denominación de Origen –la media de 10,78º en Sanlúcar está casi en el borde–.

Los problemas sanitarios han sido determinantes en el descenso de producción, que tiene reflejo en un parco rendimiento del viñedo, por debajo de los 8.000 kilos/hectárea, situación que no se daba en el Marco de Jerez desde principios de la década anterior, en concreto desde 2012, año con una cosecha extraordinariamente baja que ni siquiera llegó a los 47 millones de kilos de uva a causa de la sequía.El descenso de producción y el escaso rendimiento contrastan con el ligero aumento de la superficie de viñedo inscrita esta campaña, ligeramente por encima de las 7.000 hectáreas frente a las 6.838 del último año, si bien este dato puede variar una vez se conozcan los datos finales de salidas de viña, que determinarán si alguna viña se ha quedado sin vendimiar.

Una vendimia difícil que pone el colofón a un año agrícola complicado, en un momento además muy especial por la incidencia de la pandemia sobre las ventas de los vinos de Jerez, pero la escasa producción final, aunque pésima para los castigados bolsillos de los viticultores, al menos no contribuye a un mayor desequilibrio entre la oferta y la demanda.

Con los bajos rendimientos, toda la producción podría calificarse para la elaboración de vinos y vinagres de Jerez, pero ante las menores necesidades de reposición de las existencias por parte de las bodegas, dada la caída de ventas a consecuencia de los efectos económicos y sociales de la crisis sanitaria de la COVID-19, una parte se podrá destinar ya sea como calificado o como descalificado para el envinado de botas para ‘Sherry Casks’, mientras que en otros usos, como el de vinos blancos de la Tierra de Cádiz, es previsible que finalmente haya descalificado voluntario.

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