El Juli. Matador de toros "En mi toreo hay una conversación íntima de dos seres que tienen que llegar a un acuerdo"

  • El diestro madrileño, que acaparó los premios al triunfador y mejor faena el año pasado en la Feria de Abril, abre la temporada en el cartel del Domingo de Resurrección

El Juli, en la entrevista. El Juli, en la entrevista.

El Juli, en la entrevista. / Juan Carlos Muñoz

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Con su mirada, serena y concentrada, El Juli abarca y domina el gigantesco hall del hotel Vincci. En sus respuestas, concisas, nos relata desde su primer capotazo, “una llamada a la tauromaquia” en su niñez hasta la excelsa faena con el indulto de Orgullito que supuso su quinta Puerta del Príncipe el año pasado.

–Julián, atravesada la frontera de dos décadas como matador, ¿qué ha sido lo más difícil y duro para llegar a la cima?

–El toro marca mucho la dificultad. Todo es difícil y fácil, dependiendo de las condiciones que tengas. Para mí lo más difícil es evolucionar en tus carencias y tener capacidad de ahondar en las virtudes y no conformarse con lo que eres.

–La primera vez que se puso delante de una res fue en su primera comunión, con ocho años ¿qué sintió para decidir ese mismo día que quería ingresar en la Escuela de Tauromaquia de Madrid?

–No quiero que suene a cursi. Aquel capotazo fue una llamada a la tauromaquia. Ese mismo día decidí que quería ser torero y les pido a mis padres que como regalo de comunión me lleven a la Escuela taurina.

"Mi primer capotazo, en mi primera comunión, fue una llamada a la tauromaquia"

–¿Qué queda, como torero, de aquel niño prodigio que cautivaba a los profesionales?

–La base, lo más hondo y profundo de lo que soy. Con el paso del tiempo busco sensaciones que tenía de niño, la naturalidad, el atrevimiento, la inocencia. La técnica te va limitando un poquito esos rasgos.

–Aquí, en Sevilla, armó un lío monumental en El Vizir...

–Era un niño y para mí fue como si fuera a torear en La Maestranza. Era como vivir un gran mundo en un pequeño mundo. Recuerdo perfectamente aquel viaje y la repercusión que tuvo y, sobre todo, un recuerdo especial del maestro Chaves Flores, con el cariño que me sacó a hombros y el reconocimiento de todos los profesionales, que es lo que más alimenta a uno.

–Arrasa como novillero y como matador queda líder en 1999, 2000 y 2002 ¿Disfrutaba toreando tanto como ahora?

–Se disfruta de ciertas cosas, pero te sientes víctima, entre comillas, de tu propio éxito. Tuve la capacidad de responder con coraje, con ambición, con fuerza, con honestidad. Me he sentido más feliz cuando he marcado el rumbo de mi trayectoria.

"De las muchas faenas destaco dos: la de ‘Cantapájaros’ en Las Ventas y la de ‘Orgullito’ en La Maestranza"

–¿Cuándo llega el cambio de inflexión?

–En la corrida de los seis toros de Fuente Ymbro en Las Ventas en 2003. Fue un día trascendental. El tiempo ha dado la razón a quienes supieron valorar aquella actuación. Con el paso del tiempo se ha visto que fue decisivo para mí.

–De todas las faenas que ha hecho en su vida, ¿cuál es la que más le ha llenado?

–(Me observa con atención antes de hablar). Es muy difícil contestar. Son tantas... Algunas me han llenado muchísimo por lo que he sentido delante del toro. Otras por la repercusión. Hay dos faenas:la que hice a Cantapájaros en Madrid –23 de mayo de 2007 en Las Ventas–. Sentí mi proyecto hacia una tauromaquia más honda. Yla otra, el indulto de Orgullito en Sevilla –martes 16 de abril de 2018 en La Maestranza–. Ambas las conseguí por la vía de la tauromaquia que busco.

–¿Y qué es lo que busca ahora?

–Un toreo más profundo, más hondo, más curvo, más sometido. Esa es mi tauromaquia.

"No hay un torero mejor que los demás... Mis pilares son Ponce, José Tomás y de los antiguos Paco Ojeda"

–¿La de un lidiador completo?

–Sí. La de un torero que entiende que el toro tiene que ir detrás de la muleta y no el torero aprovechar la embestida del toro.

–¿Cómo vive esa relación con el toro en el ruedo?

–Como una conversación íntima entre dos seres que tienen que llegar a un acuerdo. Intento que el toro saque lo que no enseña.

–¿Continúa devorando vídeos, como cuando era niño?

–(Categórico) Sí, veo muchos. Interiorizas mucho la tauromaquia. La tauromaquia es un sentimiento.

–¿Qué toreros le interesan más en esta etapa?

–Todos. Yo no soy de los que cree que hay un torero mejor que los demás.

–¿No tiene unos pilares?

–Ponce y José Tomás, con el que tuve competencia directa. Y de los antiguos, Paco Ojeda.

–¿Qué le impone más: el toro, el público, el escenario...?

–Depende mucho de las circunstancias. Cuando el toro sale complicado impone. En Madrid y Sevilla el miedo escénico, en muchos momentos de mi carrera, me ha pesado mucho.

"Mis plazas son La México y en España Sevilla y Madrid, con la que mantengo una relación amor-odio"

–¿Cuál es su plaza predilecta?

–Siento una vinculación especial con La México. De las españolas la que más me ha dado ha sido Sevilla. Y hay una relación amor-odio con Madrid, que es vital.

–¿Y en ganaderías?

–Victoriano del Río y Garcigrande. Son las dos que han marcado mi trayectoria y mi situación actual. También hay otras muchas que me han hecho crecer.

–¿Qué es el miedo?

–Algo que cuando te ataca es muy difícil de superar. Sacas un instinto defensivo que es totalmente lo contrario al arte de torear.

–¿Y el valor?

–La capacidad de superar ese miedo y la capacidad de entregarse hasta el final; sin reservas.

–¿El fracaso?

–Es una situación extrema dura de la que más se puede aprender y para mí ha sido vital para la superación. El fracaso es algo a lo que tengo mucho que agradecer.

–¿Y el triunfo?

–Algo que sucede como consecuencia de muchos factores y que para mí no da la felicidad, pero calma.

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