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UD Almería

Alfonso García lo tendría claro

  • Lamentable partido, a la altura de los años que se coqueteaba con el descenso, que deja a Guti sin crédito

  • La inactitud del equipo invita a pensar que los jugadores quieren un cambio

Imagen del final del partido. Imagen del final del partido.

Imagen del final del partido. / Carlos Gil

El de ayer era uno de esos partidos que a Alfonso García le hinchaba la yugular. El gesto se le iba torciendo conforme veía cómo sus jugadores le desquiciaban, merced a su apatía y su poca sangre. En el mismo momento en el que el colegiado señalaba el final del partido, la espada de Damocles caía. Una pseudoreunión con algunos de sus directivos más afines, entre los que no faltaban Ricardo Martínez y Luis Guillén, a los que Alfonso le exponía que había una derrama del maltrecho presupuesto para finiquitar al entrenador y buscar uno nuevo.

Los nuevos directivos también parecen rápidos para disparar, pero las cosas de palacio ya se saben que van despacio. Por lo menos ocurrió con Pedro Emanuel. El equipo no iba en caída libre como hasta ahora y no tenía el vestuario revuelto. Sin embargo, las órdenes llegaron desde Arabia Saudí muchas horas después de que acabara el 0-0 en Oviedo, que mantenía segundo al Almería en la tabla. Habían pasado catorce jornadas con el portugués, como ahora con Guti, y sorprendía la decisión porque el equipo estaba mucho mejor ahora. Le costaba más atacar, es cierto, pero defendía mejor y sólo tenía dos derrotas en su haber.

En las últimas cuatro jornadas, Guti acumula cuatro. Además del mal juego y de unos resultados que si mantienen al Almería en ascenso directo es por falta de méritos de los perseguidores, el ambiente en el equipo está enrarecido. Hay códigos de un vestuario que si uno sabe leer, puede intuir que se necesita un bisturí para extirpar lo que ha comenzado a pudrirse.

La foto que el viernes el club se esforzó en trasmitir por las redes sociales, cuando el entrenamiento era a puerta cerrada, es el mejor ejemplo. Forzar unión, complicidad y piña, a estas alturas de la película, es engañar. El vestuario no es el que empezó la temporada. No sólo porque salieran jugadores importantes en el mercado invernal a los que se echa mucho de menos, sino que priman los petrodólares pagados a los representantes que los méritos demostrados en estas siete jornadas ligueras. De hecho, el Almería sigue viviendo del gran comienzo con Pedro Emanuel, que apostó por el bloque de la temporada pasada. Fueron los mejores partidos, los que crearon una ilusión por el ascenso, que aunque sigue estando vivo, lleva muchas jornadas el equipo haciendo méritos para dejarlo escapar.

Gol de Villalba. Gol de Villalba.

Gol de Villalba.

Ésas fueron las palabras de Guti en Soria de hace tres semanas. Entonces sonaron fuertes porque el Almería empató en Los Pajaritos y mereció ganar. El técnico había percibido que sus jugadores necesitaban un tirón de orejas desde hacía varias jornadas, se ganaba por inercia, no por merecimientos. Un vestuario fuerte, comandado por futbolistas expertos que saben recibir los mensajes a tiempo, captan la indirecta, bajan la indirecta y a trabajar. Sin embargo, con la salida entre otros de René y Owona, y las siete llegadas invernales, todo se traduce en un tira y afloja, que está desangrando a base de derrotas al equipo.

Para visitar Huesca, cambios sin ton ni son en el once y una falta de actitud tremenda sobre el terreno de juego. Un equipo que quiere ascender, como mínimo tiene que demostrar amor propio. La mujer del César no sólo debe de serlo, sino también parecerlo. Y el Almería ayer fue una simple plebeya entregada a un negro destino. Desde el pitido inicial se vio a unos jugadores que parecían pedir por favor a los directivos que se acabe esta etapa para volver a correr.

El gol de Darwin sirve para empatar el golaverage, un mal menor

Tácticamente el equipo no existe. Hubo lagunas (bueno, las ha habido en trece de las últimas catorce jornadas, salvando la segunda parte ante el Mirandés) principalmente en la medular y, sobre todo, en una defensa que concede como si fueran Hermanitas de la Caridad. Cuando esto ocurre, la testiculina sirve para ocultar los problemas. Pero si uno salta al césped con la marca de la alhomada de la siesta plasmada en la cara, ocurre que el rival te gana sólo por insistencia.

Ni viendo cómo Okazaki y Rico ponían el 2-0 y el 3-1 en el marcador, por la falta de contudencia y nociones defensivas rojiblanco, ni lo que es más sangrante, cuando Villalba y Darwin acortaban distancias en el marcador, el equipo corrió y presionó al rival.

Un punto sobre los últimos doce posibles y con un calendario que da miedo por delante

Quién sí sintió el aliento de los jugadores en el cogote fue el árbitro, por las protestas por un penalti sobre Costas. Pudo ser o no, los árbitros son los que juzgan, pero lo cierto es que fue el mismo que se le pitó a favor al Numancia, precisamente cometido por el gallego. Esa acción no puede ocultar que el equipo sigue en caída libre, por muchas fotos y mensajes que pongan los jugadores en las redes. Sin que hubiera dado tiempo a redactar esta crónica, Alfonso García ya había incrementado la cola del paro.

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