Univ. de Almería

¿Qué bacterias y hongos participan en la producción del compost?

Investigadores de la UAL responsables del estudio trabajan en el laboratorio. Investigadores de la UAL responsables del estudio trabajan en el laboratorio.

Investigadores de la UAL responsables del estudio trabajan en el laboratorio. / D. A. (Almería)

El grupo de investigación ‘Desarrollo de técnicas microbiológicas para la mejora de suelos de interés agrícola’ de la Universidad de Almería ha identificado el conjunto de bacterias y hongos que degradan la materia orgánica para su conversión en compost. Este paso facilita la búsqueda de indicadores que evalúen los diferentes procesos de compostaje a escala industrial y, de esta forma, predecir la idoneidad del producto para su comercialización.

El material que se puede convertir en compost muestra una enorme variabilidad. Abarca desde restos vegetales hasta residuos sólidos urbanos, lodos procedentes de la depuración de aguas residuales, o cualquier otro residuo orgánico de la industria agroalimentaria. “Los avances en metagenómica –obtener el ADN de la globalidad de microorganismos de una comunidad–, permiten constatar la complejidad de predecir la calidad de ese abono; los tipos de microbios pueden ser casi exclusivos de cada proceso, por lo que el análisis genético indica cuáles son los implicados en cada uno de ellos”, señala la investigadora de la Universidad de Almería, Francisca Suárez, coautora del estudio ‘Uncovering new indicators to predict stability, maturity and biodiversity of compost on an industrial scale’, publicado en la revista Bioresource Technology.

El trabajo publicado se basa en el estudio de 15 procesos de compostaje a escala industrial, teniendo en cuenta la diversidad de las materias primas originales. Aunque los expertos analizaron múltiples parámetros de naturaleza físico-química y biológica relacionados con el ciclo del carbono y el nitrógeno, destaca en este trabajo, el análisis metagenómico de los productos obtenidos a partir de los procesos evaluados, así como la búsqueda de diversos indicadores de biodiversidad.

Los investigadores afirman que, probablemente, menos del 2% de los microorganismos que habitan una pila de compost son cultivables –es decir, que se comprueba su presencia en laboratorio-, lo que dificulta el conocimiento de cuáles son y cómo estos agentes están implicados en el proceso. “Hay muchos más microorganismos en una pila de compost que los detectables en laboratorio y, mediante los estudios metagenómicos, que secuencian todo el material genético que existe en un sustrato, los conocemos, aunque sin saber todavía con detalle qué papel juega cada uno de ellos en el proceso”, afirma la experta de la UAL.

Aunque la norma es la falta de homogeneidad de los procesos de compostaje a escala industrial, las investigaciones realizadas por el grupo almeriense constatan que se obtienen productos que cumplen con los estándares requeridos. Este hecho deriva de la capacidad de adaptación de los distintos grupos de microorganismos. “Actores distintos (microorganismos y residuos orgánicos) y rutas distintas (metabolismo y factores ambientales), pueden dar lugar a compost que cumplen con los estándares de calidad, pues hongos y bacterias se van adaptando a las condiciones que se encuentran para, a la postre, alcanzar el mismo objetivo”, informa la científica para explicar ese resultado común desde puntos de partida tan divergentes.

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