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Juan Aguilera y la relación con los toros a sus 92 años

  • De todas sus vivencias y anotaciones personales ha llegado a realizar en cuatro volúmenes, que recogen de forma amanuense la Historia de la Plaza de Toros de la avenida de Vílchez, desde su inauguración

Juan Aguilera y la relación con los toros a sus 92 años. Juan Aguilera y la relación con los toros a sus 92 años.

Juan Aguilera y la relación con los toros a sus 92 años.

Estimados y apreciados lectores del Diario de Almería. Nos encontramos calurosamente en el llamado “ecuador” de la indaliana y mediterránea Feria y Fiestas en honor a la Virgen del Mar, Patrona coronada y Alcaldesa perpetua de nuestra amada y querida Almería en la Costa del Sol de toda la vida.Tras consultar con la dirección del periódico y su autorización correspondiente, quiero en las próxima líneas hacer un sucinto homenaje a una persona, un adolescente de la posguerra incivil de 1936, que desde que tengo uso de razón, el mundo de los Toros ha sido clave en su impronta personal, en todo su entorno familiar, profesional y de ocio productivo, y digo ocio productivo, porque siempre ha dedicado sus horas de asueto a trabajar en otras tareas con exceso de celo e ímpetu. Me estoy refiriendo a Juan Aguilera Ruiz, Profesor Mercantil y jubilado de la entidad Caja Rural.

Mi primera noción junto a él, aparte de jugar con su gorra de plato de la Milicia Universitaria era acompañarle en mi niñez a las corridas o novilladas de toros, festejos que en muchas ocasiones se celebraban en las plazas de los pueblos con carros juntos y otros vehículos de tracción mecánica o animal, y más adelante se pusieron de moda las portátiles, incluso una sola vez, estuve en una plaza echa en la playa entre carros y otros materiales para que no se escapase el novillo o becerro. Era sorprendente, como en medio del llamado “coso taurino” quedaba la bella fuente del pueblo, que en ocasiones la res se “refrescaba” y se debía de hacer el toreo en torno a la misma. Esto se puede visualizar a través del NO-DO y otros documentales anteriores. Un detalle en Juan Aguilera es que su asistencia a las corridas de toros siempre las ha hecho como se decía antes, “bien vestido”, con chaqueta y corbata, sí el lugar así lo requería.

La segunda imagen era acompañarle en un coche Simca 1000 con altavoces anunciando las corridas de toros de las que él organizaba junto a la peña taurina que fundó “Juanito Gimeno” q.e.p.d., y el estar junto a este torero “El pequeño David del Toreo” en los hostales o fondas de los pueblos en los que intervenía, por cierto con gran éxito taurino. Cuando tuve uso de razón, al ver las fotografías de mi bautizo, vi que me bautizaron con el capote de pasear de este torero almeriense, el cual estuvo presente en dicho acto litúrgico en la capilla del baptisterio de la iglesia de Santiago Apóstol y cuyo cura más tarde se secularizó. Torero del cual vi personalmente tomar la alternativa dos veces, una como “Juanito Jimeno” y otra como “Juan José de Almería”, quedándome en la memoria esta última por su cercanía. Cuando adquirió el vehículo Seat 124 en 1973 lo primero en colocarle en el cristal delantero fue un capote verde de torear y en el salpicadero el tradicional San Cristóbal. Aunque no fumaba, también llevábamos atrás diez cajetillas de cerillas unidas con un plástico y en cada una de ellas los nombres y fotos de los toreros de la época: Jaime Ostos, Gregorio Sánchez, Antonio Ordoñez, El Viti, Paco Camino,…

La casa de Juan Aguilera Ruiz es un auténtico museo taurino, llegando a tal extremo, que un cuadro fotograma en blanco y negro de un hombre, aparentemente mayor, pensamos mi madre y yo, que era uno de mis bisabuelos paternos, cuando a quien se exponía en grandes dimensiones era a Juan Belmonte “El Pasmo de Triana”. Para mí, el hecho más emotivo narrado, es que estuvo presente en la fatídica tarde de agosto en la que murió corneado el mito del toreo “Manolete”. En sus más de noventa años ha vivido intensamente las ferias taurinas, especialmente, las de Sevilla, Granada y Valencia, y, por supuesto, las del Coso Taurino de la Avenida de Vílchez, y en concatenación con las del resto de plazas construidas de la provincia como Berja, Vera, Vélez Rubio, Laujar y la más moderna construida de Roquetas de Mar.

De todas sus vivencias y anotaciones personales ha llegado a realizar en cuatro volúmenes, más otro de Vélez Rubio, que recogen de forma amanuense la Historia de la Plaza de Toros de la Avenida de Vílchez, desde su inauguración y hasta el año 1992, las corridas de toros, novilladas y festejos taurinos celebrados, en cuyas redacciones literarias no faltan el más mínimo detalle de cómo se desarrolló el festejo por parte de los toreros y toros, y del propio público y aficionados asistentes, así como de fotografías y alguna pintura que testimonian lo manifestado, ya que siempre que podía le acompañaba su máquina fotográfica de carrete, a parte de la merienda siempre ponderada, no con gula, fuesen los toros en la capital o fuera de ella y el abanico ante el siempre mortificante calor. Otra anécdota, junto a las referenciadas, que siempre ha llevado tres o cuatro puros – Juan Aguilera es coleccionador de vitolas de los puros- , por sí el matador o novillero hacía una buena faena y daba la vuelta al ruedo con o sin orejas, echarle uno para testimoniarle su buen hacer y prestancia durante los diversos tercios que integran la lidia del toro, así como el pañuelo blanco a relucir bien doblado para pedir la oreja, orejas o rabo. Cortar rabos en escasas ocasiones lo he visto con él, así como el condenar a banderillas negras por mansedumbre a los toros. Nunca vi cortar una pata, cosa que me parece deleznable en el pensamiento actual. También lo he visto, cuando era más joven, decir con “suaves” palabras heterodoxas a los toreros, ganaderos y presidencia su incorrecta mala praxis profesional, incluso, cuando una almohadilla que lanzaban con toda fuerza desde atrás impactándole en la cabeza. A los taquilleros siempre les dice que le corten de la entrada el más mínimo trozo y sí puede ser, que la dejasen intacta para la colección, así como el dinerillo en pesetas que le daba a una señora de pocos recursos que hacía aparcacoches en la misma circular de la plaza de toros almeriense.

Estos libros han sido muy trabajados, muchas horas en la recopilación de datos, no existía Internet ni ordenadores, había que escribir a mano en folios A4 con bolígrafo “bic” de color negro, como a él le gusta escribir. Su entusiasmo y efusión por “el arte de Cúchares” le viene de su buen padre Juan Aguilera Sánchez, “El Aceitero”, al tener en la plaza de San Sebastián el negocio mercantil, quien fue otro gran aficionado, el cual le transmitió la pasión por el mundo de los toros, al igual, que él se lo ha transmitido a su hijo Juan Aguilera Martínez y en momentos determinados siempre ha acudido con nietas; estando seguro que su nieta María del Mar seguirá este testigo metafórico de cuando se corte “la coleta”, y que en un momento dado, cuando se creó la Escuela Taurina quiso ingresar, quitándole ese “gusanillo” por no ser un segmento de la cultura popular y tradicional de España en donde la mujer sea aceptada de forma generalizada en pleno siglo XXI como torero, a pesar de las excepciones que ha habido y las hay.

Las presentaciones de sus libros se han llevado a cabo en un lugar tan emblemático como es el Patio de Luces de la Diputación Provincial de Almería y, uno de ellos, en el Salón de Caja Rural-Cajamar en la Plaza de Barcelona, con gran asistencia de público, de gentes que vibran con cada “olé”, con cada pasodoble, con cada ovación en las fragancias del albero y el silencio de negro ruan en el momento de la suerte máxima.

Todo ello se descubre en las ciento de páginas que integran los libros, los éxitos, la gloria de muchos, pero también el desencanto de muchos otros que quedaron en el rescoldo de las tibiezas, aunque de igual forma contribuyeron a la fiesta, a la Fiesta Nacional con mayúscula en su engrandecimiento, sobre todo, en estos momentos de grandes tribulaciones en torno a cultura goyesca y lorquiana.

No puedo dejar de mencionar, que sí Juan Aguilera Ruiz ha podido compatibilizar su vida profesional con esta afición, hasta los tuétanos del corazón, el alma y la razón, incluso en estos momentos asistido de su bastón como trípode, ha sido gracias a su esposa Dolores Martínez Oña, ya que en un ámbito como este, las esposas y las hijas siempre han sido las grandes pacientes. Ahora es diferente en el paradigma que nos encontramos y el rol igualitario a nivel de derecho y hecho de ambos géneros.

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