Cuentos del Diario

Se acercan las Navidades

Se acercan las Navidades Se acercan las Navidades

Se acercan las Navidades

Resulta curioso, cuanto más vacía se encuentra nuestra vida, mayor peso presenta su carga. Comenzamos a arrastrar ese lastre invisible del cambio, que desocupó los bolsillos de nuestra historia. Se desvanecieron los encuentros, los abrazos, las rutinas y todos los momentos compartidos, y quedó la nada jugando sola con el estado de ánimo de las personas. Y, como cada año, el invierno regresa con parte de ese cambio, cuando la tarde muere y anochece demasiado pronto transformándose la luz y las costumbres, pero en esta ocasión la metamorfosis del devenir diario con la llegada de la nueva estación, se acompaña de quien no fue invitado.

En este ahora impuesto, las extraordinarias circunstancias que vivimos han distorsionado nuestra visión del discurrir natural de las estaciones. La caída de la tarde se convierte en el resignado cierre de los bares; y los que tomaban un café vespertino o aquellos que, tras una comida de trabajo, alargaban su reunión en la sobremesa, se ven arrebatados de sus costumbres sociales. En este aciago presente, cuando el mundo se derrumba, sin que nadie se caiga aparentemente, reparamos en la importancia y valor de esas cafeterías y tabernas, donde degustamos suculentas tapas, entornos que propician aquellas tertulias tan necesarias que nacen entre unos y otros y que contribuyen a crear  una buena terapia social. Sin embargo, la convivencia entre desconocidos se esfuma ahora a las seis de la tarde y el tiempo, como gran protagonista de esta crónica, da el relevo a dos realidades: la del día y la de una adelantada noche.  La primera, transcurre como siempre aunque adornada con distancias, con rostros casi cubiertos y otras medidas protocolarias, hasta que se va acercando ese apagón social que marca el reloj  y se escuchan los pasos de la gente alicaída por las calles de regreso al encierro, preocupados, desolados, con aceras vacías y coches de policía, que dibujan con su presencia una mirada inflexible advirtiendo sobre el obligado recogimiento.

Transcurre el tiempo y me percato de lo complicado que resulta acostumbrarse a esta situación…Ojalá que en el futuro podamos olvidar lo que está sucediendo en estos meses de infierno. Ojalá, que no se convierta en dinámica habitual el decaimiento moral que sufrimos, y que nuestras futuras generaciones no tengan que convivir con realidades tan amargas como las que nos acontecen.  A pesar de todo, debemos ser positivos y recordar que el ser humano es maravilloso y tiene unas habilidades de adaptación al medio increíbles, es lo que denominamos instinto de supervivencia.

Entendemos que los retos y los desafíos que la estrategia de vacunación va a suponer para nuestro sistema sanitario son numerosos, ya que las vacunas están de camino y resulta necesario conseguir el máximo rango de cobertura, sobre la base del conocimiento del antídoto. Por ello, debemos seguir trabajando en la línea de la responsabilidad social y actuar con empatía y comprensión, respetando las opiniones y posicionamientos de cada persona, ante la desconfianza del fármaco. No es tiempo de crear conflictos sino de luchar juntos por normalizar el futuro y empezar a recuperar las preciadas pertenencias de esos bolsillos medio vacíos de nuestras vidas. Aunque la Navidad que se aproxima, no será como la de otros años,  hay que tratar de inyectarle una dosis de ilusión y optimismo para salvar estas fechas tan especiales. Por ello, debemos vivir estas fiestas con la mayor felicidad que nos sea posible, conviviendo con esta imprevista realidad y con las situaciones particulares que nos ha tocado vivir. Ahora menos que nunca podemos olvidarnos de la existencia de un nexo en común que tenemos todos: lo llaman esperanza y nos une de tal forma que nos hace creer que el destino nos depara momentos maravillosos y nos impulsa a conseguir los sueños pendientes, esos que, a pesar de las circunstancias, tal vez se hagan realidad.

Somos conscientes de que vivimos tiempos difíciles, nos encontramos en pleno proceso de transformación, el mundo está cambiando y nada será igual

Somos conscientes de que vivimos tiempos difíciles, nos encontramos en pleno proceso de transformación, el mundo está cambiando y nada será igual, pero eso no debe impedirnos realizar aquellas cosas que más nos gustan y compartir con nuestros seres queridos, siempre desde el sentido común y el autocontrol.

Divisamos con anhelo una puerta que se abre, una salida que nos hace percibir luz al final del túnel. Mientras tanto, en este presente invernal, con el frío del norte o del sur, contemplamos cómo se acerca la Navidad; llega el momento de recibirla con nuestras mejores galas, con el corazón por bandera, donde pequeños y mayores sientan el abrazo invisible de sus seres queridos. El encierro que vivieron nuestros menores, la distancia con los más ancianos o enfermos, las pérdidas humanas, todo el tiempo vivido de manera diferente a nuestros deseos, y, en general, todo aquello que quedó pendiente de compartir debe recordarnos que con fe y esperanza un tren llamado Navidad puede transformar las quimeras en realidad.

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