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Una década del cierre del bar Los Claveles, siempre en el paladar

  • El 25 de marzo de 2009 fue el día en el que cerró sus puertas con diez años de existencia

Una década del cierre del bar Los Cláveles, siempre en el paladar. Una década del cierre del bar Los Cláveles, siempre en el paladar.

Una década del cierre del bar Los Cláveles, siempre en el paladar.

Los Claveles ha sido sin género de duda uno de los bares más entrañables de Almería durante varias décadas y que cerró definitivamente sus puertas al público el 25 de marzo de 2009 después de casi cien años de vida en la Puerta de Purchena en los bajos del edificio de la Casa de Las Mariposas. Hoy se cumplen diez años. Los Claveles, bajo la dirección de su último propietario, Antonio Heras Rodriguez, continuó la línea establecida por todos sus antecesores desde que en el año 1905 abriera sus puertas. Su jibia a la plancha ya forma parte de la historia. Única e irrepetible, su sabor sigue siendo un referente de la gastronomía almeriense. Tendrán que pasar muchos años para que el encanto de la jibia de Los Claveles vuelva de nuevo a nuestros paladares.

El pequeño escenario de Los Claveles que desde las once de la mañana removía los jugos gástricos de los transeúntes, llegó a su término después que el propietario llegase a un acuerdo con el comprador de todo el edificio que finalmente quedó en manos de la entidad de Cajamar. Hace más de siglo y medio donde está el emblemático edificio de la Casa de las Mariposas se encontraba la posada Los Álamos y al justo lado el bar La Victoria hasta que en el año 1920 cambio su nombre por Los Claveles.

Este local fue pionero en recuperar la jibia para su consumo ya que en aquellos años los pescadores no la consideraban como una captura de idoneidad comercial. Unos días antes de que Antonio Heras cerrase definitivamente sus puertas tras tirar las ultimas cañas a clientes y amigos, repartió los treinta claveles y rompía la guitarra que desde el fondo presidia el pequeño local, cumpliendo así el deseo del cliente que muchos años antes regaló este instrumento a la familia de Antonio, quien con apenas doce o trece años ya estaba detrás del mostrador. No hay que olvidar al entrañable Antonio Orta-tío de Heras Rodríguez- quien en los años cincuenta y sesenta fue el auténtico motor del auge que este bar enclavado en pleno corazón de la capital y convertido en todo un referente de la hostelería almeriense.

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