• Lleva en la circunvalación de la Plaza desde 1957

  • Es la tercera generación familiar, al heredar el negocio de su suegro en 1989

Almería y sus personajes I Antonio del Águila Alonso (afilador) “A finales de mayo cierra el portal del último afilador de Almería”

Antonio del Águila en su cuchillería ‘La Tijera’, en la circunvalación de la Plaza, con 65 años de historia. Antonio del Águila en su cuchillería ‘La Tijera’, en la circunvalación de la Plaza, con 65 años de historia.

Antonio del Águila en su cuchillería ‘La Tijera’, en la circunvalación de la Plaza, con 65 años de historia.

(JL Bretones)

Escrito por

José Luis Laynez Bretones

Todas las ciudades tienen en la circunvalación del mercado comercios entrañables, antiguos, que han pasado de padres a hijos. Pero la mayoría están a punto de perderse. Es el caso del último afilador de Almería.

–Pues te queda un mes de vida... laboral, por supuesto.

–¡Ja, ja,ja! Si, ya me jubilo a finales de mayo y se cierra el portal este de afilador, el último que se dedica a esto exclusivamente en Almería. Desde 1957 en que un melillenselo abrió, siempre ha funcionado. Él se lo traspasó a mi suegro en 1975 y yo lo heredé al jubilarse él, en 1989.

–Él ya conocía el oficio.

–Pues sí, trabajaba en ‘Cuchillería Álvarez’, en Rambla Alfareros En aquellos años eran negocios rentables porque la gente no tiraba nada y traía a afilar todo lo que tuviera filo. Recuerda que incluso había afiladores que iban por la calle con bicis o motos y aquella musiquilla tan pegadiza para que la gente saliera... y hasta tenían cola en la calle.

"Lo que más se afila son cuchillos y tijeras aunque hoy día mucha gente los tira y compra otros de mala calidad”

–Pero llegaron los ‘todo a cien’.

–Hicieron mucho daño ya que la mayoría de los productos que vendían eran de calidad deficiente. Antes, la gente traía para afilar cubiertos de plata que pasaban de padres a hijos o tijeras de buen metal que nunca se rompían y daba pena tirarlos. Luego ya dejaron de afilar y compraban otros nuevos que no les duraban más de una año. Es la economía de usar, no reciclar y tirar.

–¡Anda que los precios no son económicos!

–Un afilador no se hace rico, desde luego. Ahí tienes un cartel con los precios de 2021. Afilar un cuchillo cuesta 1’50 euros; tijeras, 2 euros; hachas o piquetas, 3 euros. En cuanto a las máquinas, 8 euros las cuchillas, 9 los cabezales y 10 la máquina completa. ¡En pleno siglo XXI!

–Dime algo que afilaras antes y ya no te traen.

–Pues en general, últiles de matanza, que ya no se hacen en la ciudad y apenas en los pueblos; y de labranza, por el mismo motivo. Cuando se abrió este negocio, hace 65 años, Almería era ciudad agrícola y ganadera pero hoy día ya no es así, esos útiles son piezas de museo, no se usan ya.

"Antes se afilaban muchos los enseres de matanza y los útiles de labranza; pero ya han desaparecido”

–¿Lo que más te traen hoy día?

–Cubiertos de buena calidad, tijeras y enseres de jardinería, que esos no se tiran porque cuestan más caros. Dan mucho trabajo porque hay que desmontarlos y generalmente vienen en muy mal estado de conservación; pero las máquinas pueden con todo, afilan lo que le echen.

–¿Y que va a ser de estas ruedas que veo por ahí dentro?

–Un mes le quedan que estar aquí donde, como ves, apenas caben. Se las va a llevar el del kiosco de la plaza para ampliar su negocio de hacer llaves.

–Tendrás muchas anécdotas en tus 32 años de trabajo aquí...

–No es un trabajo que se preste a que sucedan cosas raras. Recuerdo un hombre mayor que vino a por sus tijeras que las trajo hechas polvo y cuando se las di tan limpias y afiladas decía que esas no eran, que él quería las suyas. Le mostré la marca de esmalte que tenían y me dijo que eso se lo habría puesto yo.

Antonio, en sus primeros años de afilador. Antonio, en sus primeros años de afilador.

Antonio, en sus primeros años de afilador.

–¿Qué te pasó con la mujer que se llevó los cuchillos?

– Vino a recogerlos, se los llevó y a la semana viene otra vez a por ellos. Yo le dije que ya se los había llevado pero ella, erre que erre, que no. Como no eran de gran valor, le di otros que tenía a la venta y se fue. Y a los 2 ó 3 días vino de nuevo deshaciéndose en disculpas y me dijo que los había encontrado que me pagaba los que se llevó que ya los había usado.

–Alguna cosa que te hayan traído para ‘desafilarla’...

–Eso me ha pasado con catanas y espadas de competeción, para los entrenamientos. Me las traen para que les quite el filo.

–Hasta miniaturas te traen...

–Pues sí, hace poco me trajeron unas tijeras y unos cuchillo del tamaño de una moneda.

–¡¡¡El ‘afilaor’!!!

–Casi se acabó oír ese sonsonete, en lo que a mí se refiere.

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