Pueblo e Iglesia hacen de la antigua Casa de las Monjas una cantera de fe

  • Los vecinos, la parroquia, empresas del mármol y la Fundación Eduarda Justa convierten el inmueble abandonado en un centro de atención y formación para niños y jóvenes con necesidades especiales

La fe mueve montañas. Y sin duda la de Óscar Francisco Trujillo ha movido a todo un pueblo que ha logrado, con esfuerzo y dedicación, la rehabilitación de la antigua Casa de las Monjas del barrio de El Collado de Macael. Una edificación que fue abandonada hace 20 años y que hoy se ha convertido en un lugar "en el que dar respuesta a las necesidades de chavales del pueblo y sus familias".

Y es que, el que fuera el jardín de infancia para muchas generaciones de vecinos de Macael, es ahora un centro de atención y formación para jóvenes y niños con problemas o en riesgo de exclusión social de la comarca del Almanzora. Un nuevo proyecto parroquial para menores con dificultades de inserción, problemas con los estudios o con sus familias, en el que un grupo de 10 personas, de forma totalmente desinteresada, realiza actividades de ocio y tiempo libre, e imparte formación intelectual, moral y cristiana a los usuarios del centro.

Óscar Francisco Trujillo es el gran promotor de este proyecto. El joven párroco de Macael cuenta que "apenas lancé la idea el pueblo se sumó. Desde el primer momento todo el mundo quería colaborar. Y así ha sido". Desde pintar, amueblar, decorar la casa con cortinas, la limpieza así como su posterior cuidado y mantenimiento... ha sido posible gracias a la inestimable colaboración de los feligreses de la comunidad parroquial de Santa María del Rosario, a distintas empresas de la comarca del mármol, a la Fundación Eduarda Justo y como no al Obispado de Almería. Hace apenas dos semanas tuvo lugar la inauguración oficial de la casa.

Un acto oficiado por el obispo almeriense, Adolfo González Montes, y en el estuvieron presentes el alcalde de Macael, Raúl Martínez, el presidente de la Fundación Eduarda Justo, Eduardo Martínez-Cosentino, así como el sacerdote, Óscar Francisco Trujillo. La emoción era latente en las palabras de todos ellos.

El obispo celebró la alegría de poder contar con un espacio para la protección de la infancia. "Una casa para hacer personas, en un mundo difícil ante el bombardeo de imágenes negativas, donde el hombre aparece deshumanizado". "Un verdadero y gran reto para los voluntarios". El alcalde de Macael, agradeció especialmente al sacerdote la labor que está realizando con los jóvenes "el padre Oscar es una bocanada de aire fresco para nuestro pueblo y un faro de luz para muchos jóvenes".

Por su parte, el presidente de la Fundación Eduarda Justo, recordó a su madre Eduarda Justo quién "estaría muy contenta y orgullosa de esta nueva apuesta duradera y accesible para los niños y los jóvenes de Macael y de la comarca". Arropado por un buen número de monaguillos llegó el turno del precursor de la idea, Óscar Francisco Trujillo. El cura llenó de halagos a la patrona, la Virgen del Rosario, a sus feligreses y a Macael, al que definió como "un pueblo con el corazón grande". Para el padre Óscar, es una gran suerte estar en este lugar.

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