LaLiga 1|2|3

Desarbolados por bandas (3-2)

  • Machís y Pedro vuelven loca a la zaga unionista con desbordes y centros facilitando el 2-0

  • Gran reacción del Almería a balón parado para igualar

  • Despiste y derrota en el descuento

Marco Motta protesta, con Machís a su lado. Marco Motta protesta, con Machís a su lado.

Marco Motta protesta, con Machís a su lado. / Álex Cámara

Hubiera sido menos traumático caer por 2-0 como parecía escrito en el guion, pero palmar 3-2 en la última acción del descuento tras remontar con casta fue de una crueldad intolerable.

Hasta que Rubén Alcaraz alojó en la escuadra un libre directo en el minuto 63 para recortar distancias en el marcador todo hacía indicar que el Granada iba a imponer la lógica del mayor nivel técnico de su plantilla de forma aplastante, pero lo que acabó viéndose es un Almería que de la mano de Lucas parece haber recobrado el orgullo y el amor propio.

Con siete bajas, tres chavales del filial en el banquillo y otros dos sin ritmo de partido (Álamo y Nauzet) casi se obra el milagro en Los Cármenes a base de fe y de no bajar los brazos cuando todo parecía perdido. Y es que el Granada ejerció por momentos de apisonadora, percutiendo continuamente por las bandas con dos jugadores, Machís y Pedro (particularmente el venezolano) en estado de gracia, que desarbolaron una y otra vez a Motta y Nano, poco ayudados en las lides defensivas por Gaspar y Fidel (el canterano al menos lo intentó).

Sin Chico ni Saunier (eje de su zaga), Montoro ni Baena (eje de su media), Oltra dispuso un once bastante reconocible en el que se nota la mano del entrenador en los movimientos ofensivos, que todos tienen perfectamente interiorizados imponiendo un ritmo de juego alto y volcándolo todo por las bandas, con Peña y Espinosa canalizando el tráfico interior, Kunde como dique de contención y Joselu con la caña de pescar en punta.

La empresa no era nada sencilla y el Almería pasó los agobios esperados durante buena parte del encuentro, agazapándose atrás en los primeros compases en busca de que Pozo pudiera montar algún contragolpe mortífero que no llegaba o Gaspar ingeniase algo por su costado.

El Granada, mientras tanto, generaba un aluvión de llegadas por ambas bandas a las que, por lo común, Joselu no llegaba por el canto de un euro. Tanto fue el cántaro a la fuente que al final se rompía al borde del descanso con un centro medido de Machís que cabeceaba el lateral diestro Víctor Díaz irrumpiendo desde atrás sin marcador que lo siguiese.

Golpe de los llamados psicológicos que tuvo su continuidad al poco de la reanudación cuando el omnipresente Machís agarró la bola en tres cuartos, descoyuntó la cintura de Motta y se marchó en busca del balcón del área para sacar una rosca al ángulo de la portería de René, que bastante hizo con mirar la trayectoria.

Olía la tarde a goleada, pero el Almería, este Almería, no había dicho su última palabra y empezó a ofrecer cosas positivas que hace apenas unas semanas ni se podían vislumbrar: sacar partido de las acciones a balón parado. Un libre directo en la frontal le servía a Alcaraz para colocarla en la escuadra y recortar diferencias.

Restaba casi media hora y los unionistas volvían a meterse en la contienda asumiendo riesgos defensivos a costa de que el Granada pudiera sentenciar en cualquier contragolpe. Sin elaborar ni hilvanar mucho el juego lo cierto es que los visitantes empezaron a merodear más el área nazarí recurriendo de nuevo a las jugadas de estrategia. Una falta lateral botada por Nauzet al segundo palo era cabeceada por Motta al travesaño a falta de cinco minutos para el final.

Los quinientos almerienses que había en las gradas se llevaron las manos a la cabeza pensando que la ocasión la presentaban calva. Pero apenas cinco minutos después, ya en el descuento, una falta botada en largo por Alcaraz buscando de nuevo el segundo palo, le caía a Morcillo para empujarla y establecer el 2-2.

Dadas las circunstancias el punto sabía a gloria y empezaba a saborearse cuando el Granada aplicó la misma medicina. Falta en largo al segundo palo, donde prolonga Adrián Ramos al corazón del área y allí prolonga de nuevo Puertas para que Pedro remache a gol. Dos prolongaciones imperdonables dentro del área por bisoñez defensiva que costaban un punto de oro.

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