Medio siglo de ciencia viva en Doñana

  • El espacio protegido cumple 50 años con una llamada de atención a sus recursos hídricos, el cambio climático y la pérdida de biodiversidad.

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Doñana es ciencia viva y 50 años después de su creación como espacio protegido afronta retos clave para su supervivencia: la disponibilidad de recursos, la escasez de agua, el cambio climático y la pérdida de biodiversidad, entre otros. Tras medio siglo de mimos, Doñana es hoy una maestra científica con un nivel de conservación espectacular, a pesar de que la huella humana ha moldeado lo que es y podría convertirse, paradójicamente, en su mayor amenaza. El director del Parque Nacional, Juan Pedro Castellanos, sostiene que su evolución durante todo este tiempo ha quedado marcada por los continuos cambios que ha sufrido su entorno. "De 67.000 hectáreas ha ido avanzando hasta las 110.000 hectáreas". Aquí es donde radica la preocupación de sus gestores para el futuro: la escasez de agua y su explotación para actividades socioeconómicas, actuaciones que, en definitiva, vienen a quebrar el equilibrio natural del parque.

Para Juan José Negro, director de la Estación Biológica (EBD-CSIC), "el problema de Doñana es la escasez de recarga hídrica, con una demanda mayor de agua que la que se precipita y acumula de forma natural por parte de sectores como la agricultura o, en verano, por los miles de turistas que residen a escasos kilómetros del parque". La historia de Doñana como se conoce en la actualidad es reciente. La Reserva Biológica, creada en 1964 gracias a José Antonio Valverde, biólogo, naturalista y ecólogo, dio pie un año más tarde a la creación de la Estación Biológica de Doñana con el objetivo de proporcionar un refugio a las especies en peligro de extinción (entre ellas el lince ibérico o el águila imperial) y que las aves migratorias tuvieran un lugar seguro donde pasar el invierno. En un principio la actividad científica de la EBD-CSIC se centró en el ámbito de Doñana, pero su abanico de actuación se abrió a otros escenarios, tanto dentro como fuera de España. Hoy, una legión de científicos trabaja en cinco líneas de investigación que giran en torno a su mayor valor -la biodiversidad- y con las que pretenden explicar aspectos como el modelo de relación entre las plantas y la fauna del Parque o los procesos evolutivos por los que la vida se diversificó en la multitud de características que se observan en los organismos actuales.

El cambio climático o las especies exóticas son bloques prioritarios en la agenda científica de la EBD-CSIC. En ecología, de síntesis y de humedales, los expertos analizarán los mecanismos que influyen en la organización de la biodiversidad y cómo ésta se trastoca después de sufrir perturbaciones por la mano humana. En cuanto a Doñana como un mar científico, su humedal es un componente central de la investigación: ecología de aves acuáticas, anfibios, reptiles e invertebrados acuáticos. Tales cuidados han dado sus frutos: los continuos esfuerzos por la recuperación de endemismos como el lince y el águila imperial constituyen una realidad. Para el caso de lince, la secuenciación de su genoma es el objetivo principal de uno de los Proyectos Cero de la Fundación General CSIC. A través del Proyecto Lynxgenomics, en donde participan un total de diez grupos de investigación españoles perteneciente a ocho instituciones y más de 30 científicos, se busca aportar un recurso para el conocimiento de la especie y su conservación y recopilar información que podría perderse en un futuro próximo si la especie llegara a extinguirse.

En cuanto al águila imperial, su programa de reintroducción desde 2002 en Cádiz ha supuesto que por primera vez en cincuenta años su población sea autosuficiente, mientras que para el águila pescadora -extinguida durante 70 años- los esfuerzos científicos por su recuperación han sido notables, con numerosas parejas sobrevolando ya los cielos del Parque.

Miguel Ferrer, biólogo y delegado del CSIC en Andalucía, confiesa que en estos últimos años "hemos aprendido a gestionar y recuperar diversidad biológica, volviendo a traer a nuestra península especies que habíamos extinguido de ella en el pasado siglo, consiguiendo además que la mayor parte de las especies amenazadas en España estén mejor o mucho mejor que hace 50 años. Ahora, el desafío para el próximo medio siglo es aplicar ese conocimiento no solo en parques naturales, también y sobre todo, en el resto del territorio: los parques humanos".

Para Emilio Lora-Tamayo, presidente del CSIC, es difícil predecir el futuro a largo plazo de Doñana, aunque se podría dibujar un perfil sobre su realidad actual. "Doñana es un centro excelente de investigación abierto y liderando la colaboración internacional, con proyectos como el LifeWatch, y con unas perspectivas extraordinarias de cara al próximo Horizonte 2020". Lora-Tamayo se siente "orgulloso" de la trayectoria siempre ascendente que este espacio ha sufrido en el último medio siglo, hecho que refuerza su reconocimiento europeo como Centro Científico Tecnológico Singular. Para Negro, "la EBD-CSIC se ha convertido en un centro internacional de referencia en la investigación dedicada a la ecología y el medio ambiente". "Es una gran maestra que recibe anualmente más de 80 investigadores de diversos centros nacionales e internacionales", asegura. Hoy, Doñana luce el distintivo Severo Ochoa, que concede el Ministerio de Economía, tras el examen de un comité científico internacional en el que han participado 70 investigadores líderes en sus ámbitos y procedentes de 12 países diferentes.

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