Las víctimas del crimen de Almonte opusieron resistencia a su atacante, que actuó solo

  • Las huellas y las manchas de sangre analizadas por la Guardia Civil determinan que la agresión fue reiterativa y en varias estancias

Los estudios de las huellas y machas de sangre encontradas en la vivienda de Almonte en la que fueron asesinados Miguel Ángel Domínguez y su hija María, realizados por la Policía Judicial de la Guardia Civil, determinan que las víctimas opusieron resistencia al ataque de su atacante, sobre todo por parte del padre. También que hubo ensañamiento del agresor y que éste actuó en solitario.

Ayer se celebró una nueva sesión del juicio en la Audiencia Provincial de Huelva. En total comparecieron seis agentes del Instituto Armado (algunos por viodeoconferencia). Describieron una a una las estancias de la vivienda y detallaron las huellas y manchas localizadas: marcas de pisadas y manchas de sangre halladas en el suelo, paredes y otras zonas de la casa. Según uno de los agentes, los rastros de sangre denotan que las dos víctimas intentaron defenderse de la agresión que acabó con sus vidas y que hubo forcejeos. Las manchas se localizaron principalmente en el pasillo, el dormitorio principal, en el de la menor y los dos baños, tanto por proyección como por transferencia, roce o gravitación.

En cuanto a las huellas en el suelo el agente explicó que por esas estancias se reiteran dos tipos compatibles, una de ellas con la pisada de una zapatilla deportiva y la otra con la del calzado de una menor. Las primeras corresponderían al asesino y las segundas a la niña. El análisis de las marcas sitúa al autor de los hechos y a la niña tanto en la cocina como en ambos dormitorios, en el pasillo y en los dos baños, si bien no determinan si se produjo una persecución.

En el dormitorio de la niña el estudio determina que ella y el asesino entraron en la habitación pero sólo salió de la misma el autor del crimen. También se encontró una gran mancha de sangre junto al armario, donde fue encontrado el cuerpo de la menor, y otra en la cama donde debió estar la niña sangrando en abundancia, ya que traspasó la colcha y alcanzó hasta el colchón.

Según expuso el agente, en lo que se refiere al padre, las marcas halladas en el pasillo del dormitorio evidencian que hubo una lucha y oposición al ataque, además de desplazamiento, principalmente por las manchas proyectadas a la pared de sangre arterial. No obstante, por estos restos tampoco se puede determinar dónde comenzó el ataque, aunque sí que concluyó en la habitación, donde se encontró la gran mancha de sangre, que indica que fue el lugar en el que se desangró. También se detectaron manchas de sangre en el patio y la terraza, en concreto en un azulejo y en una pérgola.

Asimismo, declaró un instructor del Equipo de Detección y Localización de Restos Biológicos de la Guardia Civil cuyo perro detectó la presencia de sangre humana en el coche de Medina. El agente señaló que la inspección del coche por parte del animal fue más de un año después del crimen pero explicó que este tiempo no es obstáculo para el animal, capaz de detectar dichos restos de manera fiable hasta cinco años después de un determinado hecho e incluso aunque se haya limpiado en varias ocasiones.

Se realizaron dos inspecciones. En la primera el perro abarcó varios vehículos, parándose únicamente en el coche del acusado y realizando un marcaje de presencia de restos biológicos, concretamente sangre, en la parte trasera derecha exterior del mismo, coincidente con el maletero y en el interior del mismo por esa zona.

La segunda inspección se centró solo en el coche del acusado y con unas condiciones de humedad diferentes al primer día, marcando el animal el mismo punto y reaccionando de la misma manera a restos de sangre, por el comportamiento que tuvo el animal.

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