ANÁLISIS

Abocados a una nueva recesión

  • Si no se acometen las reformas necesarias y no se mejora la productividad el mundo entrará en otra crisis y la última década de crecimiento mediocre nos parecerá el paraíso perdido

Abocados a una nueva recesión Abocados a una nueva recesión

Abocados a una nueva recesión

Es sorprendente y misterioso que la recuperación económica se afiance y los mercados financieros persistan en la exuberancia irracional a pesar de la degradación política y la creciente e indiscriminada amenaza del terrorismo, confirmada tras el último terrible ataque terrorista en Barcelona y Cambrils. Son las contradicciones de lo que se ha dado en llamar la nueva normalidad. Según los últimos datos de Eurostat, Europa afianza su crecimiento, liderada por Holanda y España, con crecimientos del PIB del 3,80% y del 3,10%, seguidos por Alemania, Francia y Portugal que superan el 2%. Europa se fortalece a pesar del Brexit, de la falta de liderazgo europeo, de las dudas sobre la meta final de la integración europea, de la creciente ola de populismo, del desmoronamiento de los partidos tradicionales y de la amenaza del terrorismo. El caso más sorprendente es el de España, que lidera el crecimiento de Europa, inmersa en una peligrosa transición política, con un Gobierno en minoría enfermo de corrupción e incapaz de continuar con las reformas estructurales, con desconfianza de los ciudadanos en las instituciones, deterioro de los partidos tradicionales, deriva de la izquierda hacia el populismo, y, por si fuera poco, con la inminente amenaza del referéndum de independencia de Cataluña.

Ante este enigma, cabe preguntarse si la economía se ha hecho inmune a las políticas de los gobiernos y a los atentados terroristas, y si esto forma parte de lo que se han dado en llamar la nueva normalidad. O quizás es que los ciudadanos y las empresas, aunque no creen en sus políticos siguen confiando en sus instituciones, como freno y tamiz de los errores de sus políticos. Esta es la esperanza de los ciudadanos sensatos de Estados Unidos. No cabe duda que la interrelación entre economía y política se agrava cuando los ciudadanos acaban desconfiando de sus instituciones y de la independencia de los poderes. Cuando se deteriora la calidad, eficiencia e independencia de las instituciones y poderes, y se pierde la confianza de los ciudadanos, el caos económico y social está asegurado. El caso de Venezuela es emblemático.

Lecciones de la crisis

Como hipótesis alternativa, se puede pensar que la clave del misterio es la incapacidad de los políticos y los mercados para percibir los riesgos que nos acechan. La exuberancia de los mercados financieros no está justificada por la nueva normalidad, caracterizada por un debilitamiento del potencial del crecimiento mundial, una débil productividad y un modelo de crecimiento que se sostiene artificialmente alimentado por la extraordinaria liquidez inyectada por los Bancos Centrales.

No hemos aprendido las lecciones de la crisis. Al final de esta década pérdida continuamos con el mismo modelo de crecimiento, sostenido por el dinero barato y la creciente deuda. Es un modelo obsoleto y drogodependiente de la liquidez aportada por los bancos centrales y los bajos tipos de interés. Salvo con algunas contadas excepciones, las reformas orientadas a corregir los fallos estructurales del modelo de crecimiento que originó la crisis no se han acometido por los gobiernos. Los mercados y los políticos siguen cometiendo el mismo error de percepción: ni supieron anticipar la crisis ni tampoco se percatan que sin reformas estructurales, y sólo con liquidez, se está generando una nueva recesión.

Los bancos centrales dan tiempo a los gobernantes, pero no pueden solucionar los problemas estructurales. El problema de los gobiernos es que están cayendo en una trampa. No solamente están evitando las reformas por su alto coste político, sino que, además, la abundancia de liquidez y los bajos tipos de interés están agudizando su apetito por el gasto público improductivo y la deuda pública creciente. En el mes de junio, la deuda pública española alcanzaba el récord del 100,03% del PIB. Gobiernos y políticos siguen sin hacer sus deberes. ¿Es un fallo de percepción e incomprensión, o de irresponsabilidad ante sus ciudadanos al anteponer los intereses de su partido a los de la nación?

Una nueva recesión

Si en los dos próximos años no se acometen las reformas estructurales pendientes, mediante reformas fiscales orientadas al crecimiento, contención de la deuda pública, flexibilidad de los mercados, inversión en educación y capital humano y nuevas tecnologías digitales y mejora de las infraestructuras, los países desarrollados están abocados a una nueva crisis financiera.

La década perdida de la nueva normalidad, la del mediocre crecimiento y creación de empleo con crecientes desigualdades, nos parecerá el paraíso perdido, ya que la nueva crisis será más profunda y perdurable y desigual. Si los políticos no comprenden esto, estamos perdidos. Un modelo de crecimiento con fallos estructurales no se puede sostener eternamente apoyado por la liquidez de los bancos centrales. Esta hipótesis la vamos a comprobar en breve, cuando a partir de 2018, el Banco Central Europeo deje de inyectar liquidez mediante compra de deuda pública e inicie la subida de los tipos de interés. España será de las más afectadas, por su alto endeudamiento público y privado. Aunque se espera que la retirada sea gradual, impactará sobre el crédito, y la subida de los tipos de interés afectará a la sostenibilidad de la deuda pública, al consumo de las familias, a la inversión de los empresarios, al crecimiento y a la creación de empleo. Si para entonces las reformas estructurales no se han acometido, y el endeudamiento público y privado no se ha reducido a niveles sostenibles, y, además, no hemos generado la mejora de la productividad necesaria para compensar la retirada de la muleta monetaria, estaremos abocados a una nueva recesión.

El tiempo apremia. El BCE lo viene advirtiendo desde hace tiempo: él solo no puede solucionar el problema. Se necesita la implicación de los gobiernos y la oposición en la corrección de los fallos estructurales del modelo de crecimiento, y esto hay que hacerlo a pesar del alto coste político que tendrá. En España, si el Gobierno y la oposición no actúan de una manera responsable, cuando el oxígeno de la liquidez se reduzca, moriremos asfixiados por la deuda y la baja competitividad. Evitarlo es la responsabilidad histórica que ha recaído sobre nuestro Gobierno y nuestros políticos. Lo pueden y lo deben hacer.

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