El futuro de Aminatu

  • España hizo cuanto pudo para que la activista depusiera su actitud, Francia y EEUU fueron decisivos y nunca sabremos si el rey Juan Carlos ha telefoneado a Mohamed VI

La llamada definitiva fue la de Nicolas Sarkozy, pero no fue el único dirigente internacional que cooperó en la operación retorno de Aminatu Haidar a su país de origen, al Sahara que hoy se encuentra bajo dominio marroquí. París fue una de las capitales desde la que se trabajó para que Mohamed VI cediera en sus exigencias; la otra fue Washington. Además de Madrid, por supuesto.

No puede decirse lo mismo de Bruselas. Tanto Van Rompuy como la baronesa Ashton, que próximamente se hará cargo de la política exterior y de seguridad de la Unión Europea en sustitución de Javier Solana, expresaron su preocupación por la situación de Haidar y se mostraron dispuestos a cooperar en la medida de sus posibilidades. Pero para nadie es un secreto que el rey de Marruecos solo escucha a los gobernantes de Francia y Estados Unidos. En cuanto a la Unión Europea, le interesa formar parte de los países con trato prioritario, pero con una cumbre ya fijada, así como la firma de varios acuerdos comerciales, Mohamed VI era consciente de que el caso Haidar no iba a influir en sus relaciones con la Europa unida.

La llamada definitiva fue la de Nicolás Sarkozy, pero también Hillary Clinton habló con el monarca alauita. Y es más, algunas fuentes marroquíes bien informadas afirman que es posible incluso que el propio rey Juan Carlos haya telefoneado a Mohamed VI antes de que se provocara una polémica en España cuando se supo que Cayo Lara le había solicitado su intervención y el Gobierno salió al quite. Nadie confirma nada en Madrid, ni pueden hacerlo. De haberse producido esa llamada sería de tipo privado y por tanto no tiene por qué trascender; Mohamed VI y el rey Juan Carlos hablan con cierta frecuencia, y no necesariamente para tratar asuntos políticos. Es más: generalmente no hablan de asuntos políticos. Y si lo hicieran, nadie de sus respectivos equipos lo diría en el caso de que alguien de sus respectivos equipos supiera que se habían producido conversaciones entre los dos reyes.

Aunque Sarkozy intervino en las negociaciones y lo hizo a petición del Gobierno español, en los últimos días las noticias que se esperaban con más atención eran las que procedían de Washington, donde se encontraban los dos enviados de Mohamed VI que mantenían distintos encuentros con responsables del Departamento de Estado. Desde ahí se transmitía al embajador español, Jorge Dezcallar, buen conocedor de Marruecos, cómo "respiraban" los colaboradores de Mohamed VI, qué posiciones mantenían contra viento y marea y en qué pensaban que podrían ceder. Y Dezcallar transmitía la información a Madrid, al Ministerio de Asuntos Exteriores. E incluso es posible que trasladara también alguna información a don Juan Carlos -tampoco lo sabremos nunca-, pues el embajador mantiene una estrecha relación de confianza con el Rey desde mucho antes de ser director del CNI y dirigir durante más de dos años los servicios de inteligencia.

No hay que olvidar por otra parte que el ministro Moratinos cuenta con una importante red de contactos en Marruecos, no solamente de sus años de embajador de la Unión Europea en Oriente Próximo, lo que le permitió hablar con frecuencia con Mohamed VI y con su padre Hassan II, sino también porque antes de ocupar ese relevante cargo, y antes incluso de ser embajador en Israel, fue responsable del ministerio para los asuntos políticos relacionados con África y Oriente Próximo, y conoce a quienes han hecho y hacen política en esa zona, Marruecos incluido. A Moratinos, que también ha mantenido conversaciones telefónicas con Hillary Clinton, además del encuentro personal de Washington, pocos dirigentes hay en el mundo árabe que no le consideren amigo y le llamen "Curro", el nombre con el que le conocen en la diplomacia.

España hizo cuanto estuvo en su mano para intentar convencer a Aminatu Haidar de que depusiera su actitud, pero fue inútil. Le ofreció la residencia española, pasaporte español, documentación de refugiada … pero ella se negó a todo, quería su pasaporte marroquí, el que le retiraron cuando, de regreso de un viaje a Estados Unidos, al llegar al Aaiún se declaró saharaui.

Cuando todo parecía perdido, la intervención de Hillary Clinton -que la hubo, a pesar de sus declaraciones en las que advertía que se mantenía al margen- y de Nicolas Sarkozy, que se entrevistó en París con el ministro marroquí de Exteriores, desbloquearon la situación.

Mohamed VI no exigió demasiado al presidente francés: una salida que le permitiera presentarse con la cabeza alta ante la población. Eso significaba que ni los gobiernos de España ni de Francia podrían hacer ninguna referencia a la exigencia de los saharauis de que se celebre un referéndum sobre su derecho a ser un país independiente de Marruecos. En el caso de Francia no había peligro, tanto Sarkozy como su antecesor Chirac ya se han pronunciado a favor de las tesis de Marruecos; en cuanto a España, Zapatero hace tiempo que ha apostado por afianzar las relaciones con Marruecos a costa de renunciar a la defensa de los derechos del pueblo saharaui.

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