Primera tarde de ilusiones frustradas y sobresaltos

  • El ambiente en los tendidos no se vio correspondido con lo visto en la plaza

Han pasado varios años desde la última vez que estuve en el coso taurino de la Avenida de Vílchez. La novillada que abrió el ciclo de este año supuso un feliz reencuentro con la Fiesta, así, en mayúscula; reencuentro con muchos amigos con quienes también comparto la afición - más bien diría yo pasión- por el fútbol; con el extraordinario ambiente y colorido que en muy pocas plazas de toros se vive y se ve; con otros muchos almerienses que esperan muchos meses allí donde sus ocupaciones profesionales les han llevado con el momento de regresar a nuestra tierra y disfrutar de familia, amigos y tradiciones.

No fue este primer encierro el que esperabamos todos. Las ilusiones que el mejicano El Payo, y nuestro paisano Alejandro Carmona tenían puestas se vieron frustradas por la cogida del primero y las dificultades que encontró el segundo. Desde Vera habían llegado sus padres, hermanos y muchos amigos y vecinos que no pudieron regresar con el triunfo de Alejandro. Tras la primera cogida llegó otra a Tendero que a punto estuvo de dejar el espectáculo en un encierro de Carmona con seis novillos. En los tendidos, los voluntarios de Cruz Roja también tuvieron que trabajar para atender un golpe de calor sufrido por una persona mayor. Pese a estas ilusiones frustradas y a los continuos sobresaltos con lo visto sobre el ruedo y en los tendidos, el público disfrutó en esta primera tarde que tuve el placer de compartir con el doctor Antonio Romero, Rosa -que puso unas exquisitas almendras fritas durante la merienda-, Manuel Pérez Vílchez y toda su familia; a nuestro lado, María del Mar, esposa e hija del maestro Ruiz Manuel; y un poco más abajo Juan Leal y José Antonio Miras. La Fiesta nos ha vuelto a unir.

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