Alhama, la cuna del baile del Andarax

  • Pasan 20 años desde que Rosario María Martínez Amate fundara la Asociación Cultural Amigos de la Danza

Dicen que nadie es profeta en su tierra. Un dicho popular que cada día pierde más sentido si se atiende a casos como el del tenista Rafa Nadal o al reciente Tour conseguido por el de Móstoles, Alberto Contador, recibido en su pueblo con honores de rey. Algo parecido le está sucediendo a la alhameña y catedrática de Flamencología Rosa María Martínez Amate. Hace veinte años, cuando su pueblo era "un desierto cultural" se empecinó en dar rienda suelta a todo el arte y la pasión por el flamenco que llevaba dentro y fundar la Asociación Cultural Amigos de la Danza para como ella misma puntualiza "acercar la danza y lo que ésta conlleva de desarrollo en diferentes apreciaciones y contenidos de carácter musical como de expresión corporal a la realidad cultural de nuestro municipio". Hoy, cuando echa la vista hacia atrás, se da cuenta de la impronta y las raíces que hay ya asentadas en este pueblo del Andarax. Y es que más de 600 personas de todas las edades han pasado por sus aulas. "Algunas de ellas entraron con 3 ó 4 años y aún siguen bailando conmigo tras dos décadas".

Todo este bagaje cultural que ha permitido a varias generaciones de alhameños conocer más de cerca el flamenco y otros tipos de baile durante veinte años no ha pasado desapercibida para el Ayuntamiento de Alhama y la Diputación que rindieron homenaje a Rosa María y a una inmensa mayoría de sus bailarinas a finales del mes de julio durante las tradiciones fiestas de verano de la localidad alhameña apoyando un espectáculo de baile y danza. "Participaron más de cien personas en un emotivo homenaje en el que estuvimos muy arropados por todo el pueblo", afirma.

Desde clases de ballet, a clásico español, pasando por el flamenco, las sevillanas o los bailes de salón, Amigos de la Danza se ha convertido en un punto de referencia cultural para Alhama "que también ha permitido recuperar en muchos sentidos nuestra raíces andaluces y ahora, durante las fiestas de verano, es muy normal ver a la gente vestida con trajes de gitana y arrancarse a bailar en cuanto suenan unas sevillanas", apunta la directora de la asociación.

Todos estos años de taconeos y movimientos fugaces a ritmo de guitarra española también han permitido la eclosión de un grupo profesional de baile, Aljama, que ha actuado en el extranjero (Marruecos o Bélgica) o en diferentes puntos de la geografía española llevando y proyectando la cultura de Alhama más allá de su término municipal. "El grupo está compuesto por 14 bailarinas, todas ellas mayores de edad, que llevan conmigo bailando más de 15 años. Ahora tienen 22 ó 23 pero mantienen intacta su ilusión por bailar y aprender", señala.

Una trayectoria que se ha visto respaldada en este último año con los talleres de danza que se están impartiendo a través de la novedosa Universidad Popular puesta en marcha por el Ayuntamiento y que "ha permitido a gente mayor de 50 y 60 años y que no tenía pensamientos de bailar disfrutar haciéndolo". Y es que actualmente dentro de esta institución educacional participan activamente tres grupos de adultos que superan las 60 personas que compatibilizan sus horas de aprendizaje con actividades paralelas en las que no faltan espectáculos de baile. Un ejemplo más de la importante implicación cultural que con la que cuenta actualmente el municipio y en el que la Asociación Cultural Amigos de la Danza tiene parte de culpa.

Y para el futuro, Rosa María se muestra poco escéptica. "En Alhama hay una gran tradición por la cultura. La semilla ha comenzado a germinar y yo veo ahora a mucha gente feliz bailando, transmitiendo sentimientos a través de sus movimientos. Veo mis gestos reflejados en ellos y eso me llena de felicidad. Por eso, Alhama nunca dejará de bailar", concluye.

Rosa María tenía muy claro desde pequeña que quería bailar. Comenzó a estudiar Danza con 12 años en la capital. A los 14, entró como interna al Conservatorio para la carrera de Danza Española, que terminó años más tarde en Granada ya que en los años 90 el Conservatorio de Almería aún no era de grado Superior. Fue en tierras granadinas donde terminó de cuajar su amor y pasión por el flamenco. Cursó la Cátedra de Flamencóloga en la Universidad de Granada a la vez que compatibilizó los estudios de Magisterio por Ciencias Sociales. Su afán por crecer profesionalmente la llevó a Madrid donde compartió clases de baile en la escuela de Amor de Dios con estrellas consagradas.

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