El arte de la viñeta

Negro como ala de cuervo

  • Dibujante tenaz, Charles Addams transplantó lo macabro y gótico a la cotidianeidad de un grupo de personajes monstruosos 'middleclass' en el cómic 'La familia Addams'

Probablemente sea una de las comparaciones más sobadas de la literatura mundial, pero quienes hemos visto un cuervo revoloteando a pocos centímetros de nuestra nariz sabemos que no hay negrura como la del negro impoluto de su plumaje. Ni siquiera el cosmos tiene el negror de los cuervos bien alimentados. Y además está esa excelsa tradición romántica y cementérica que lo tuvo como mascota privilegiada. Está el cuervo de Edgar Allan Poe, aquella ave que al huir de la tormenta llevaba la tormenta al alma del poeta, y están los cuervos que se abatían sobre unos escolares en el irónico Apocalipsis filmado por Alfred Hitchcock. Por eso es lícito comparar el humor de Charles Addams con ese matiz del negro; no debe despreciarse el tópico cuando toca verdades incontestables. De hecho, Poe (ignoro si Hitchcock) fue una presencia recurrente en el trabajo de Addams: en una viñeta suya vemos al poeta de Boston, hallado ya el melancólico estribillo de su poema más célebre (Nevermore, Nevermore, Nevermore), dudando si ponerlo en boca de un cerdito, un alce o una tortuga. Es sólo una muestra del humor inteligente y negro, negro como ala de cuervo, de este dibujante norteamericano.

Charles Addams (Westfield, Nueva Jersey, 1912-Nueva York, 1988) empezó a coger soltura con los lápices copiando sus tiras preferidas; entre ellas, las de la mítica serie Krazy Kat. Era un mal estudiante, cuenta la leyenda -y quizás antes estaba bien ser así-, pero un dibujante tenaz, y con apenas veinte años consiguió colocar unos primeros trabajos en el semanario The New Yorker. Cuando pasó a formar parte de la nómina de colaboradores habituales de dicha revista, se entregó en cuerpo y alma a ella; en las décadas siguientes, publicó más de 1300 viñetas en sus páginas (sólo haría esporádicas incursiones en otras publicaciones). En España tenemos una amplia muestra de su quehacer en el volumen La familia Addams y otras viñetas de humor negro (Valdemar), que pone en primera línea a aquella familia de monstruosa middle-class, los personajes más populares de Addams, ¡lo que son las cosas!, no tanto por sus dibujos, que no alcanzan el medio centenar, sino por la serie de televisión y los largometrajes que inspiraron.

La primera viñeta de la familia Addams (que sólo adquirió este nombre en su traspaso a la pequeña pantalla) está fechada el 6 de agosto de 1938 y muestra a Morticia (que aún no era Morticia) y a un primer boceto del criado Lurch (que aún no era Lurch) escuchando sin convicción a un vendedor de aspiradoras. En esta pequeña obra encontramos los signos distintivos del autor: un dibujo elaborado, puntilloso en el detalle, y una irreprimible inclinación por transplantar lo macabro a una cotidianeidad bien vestida de negrura -de un negro como ala de cuervo, por ejemplo-, sin la º del gótico puro, aunque con las uñas capaces. Charles Addams podía ser brutal en grado sumo sin incurrir en el mal gusto de otros cultores del humor negro; me viene a mientes esa viñeta que muestra a la novia devorando al muñeco que representa al novio en la tarta de bodas, o esa otra en que un sacerdote entra por error en la celda de un detenido por una simple infracción de tráfico, o esa otra en que un hombre advierte educadamente a unos gángsters que por las vías en donde están atando a su víctima no pasa un tren desde hace años... Ejemplos de una comicidad cruel que presentan el mundo bajo un prisma no falso, sino hiperbólico.

Si el verso fue anterior al poema, la viñeta ocupa un mismo lugar primigenio respecto a la tira cómica, la historieta, el tebeo, la novela gráfica y todo lo que vendrá después, si es que viene. Charles Addams fue un maestro de esta forma esencial, lo que se llamó «one-liner» (o sea, una única viñeta acompañada de un texto breve, brevísimo, apenas una línea de diálogo), un maestro del humor, no ya estadounidense, sino mundial. Su encanto permanece intacto. El lector hodierno sigue deleitándose con esa mirada atenta al lado en sombra de la sociedad y apreciando la alta estima en que Addams tuvo la inteligencia del público.

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