La industria de la uva vuelve al Puerto medio siglo después

  • Barrileros, arqueros y exportadores volvieron a reunirse en el Puerto que a comienzos de siglo se convirtió en punto de partida del producto al resto del mundo · La actividad se ha celebrado a propuesta del Museo de la Uva de Terque

Mucho antes de que aparecieran los invernaderos en el campo almeriense, la agricultura de la provincia estaba centrada en la uva. El producto llegó, con unas comunicaciones mucho más reducidas, más lejos de lo que llegan en la actualidad las frutas y hortalizas almerienes. El barco fue durante décadas el medio utilizado para que la fruta llegara hasta Canadá, Nueva York, Estocolmo, Londres, Liverpool o Brasil, según recuerdan quienes entregaron su juventud a una industria que movía buena parte del empleo de temporalidad de la provincia. Además, cada destino gustaba de un producto distinto. Alemania pedía uvas doradas, por lo que se empaquetaban las últimas de la cosecha, mientras que en China se querían verdes.

Cerca de un 90% de los hombres en edad laboral de la localidad de Terque participaron en alguna de las labores vinculadas a la recogida de la uva, según recoge el alcalde de la localidad, Baldomero Cadenas. De hecho, la localidad cuenta con el último vestigio de la producción a través del Museo de la Uva, en el que se recuerda una tradición que todavía late en el recuerdo de miles de personas que han visto y vivido de la uva y que tuvieron que cambiar de profesión a partir de los años 50, según recuerda el alcalde de Terque. Fue en esa década cuando la producción cambió, primero en los envases, dejando el barril por cajas y, posteriormente, también en los sistemas de comunicación, con la llegada de los camiones frigoríficos. Pese a la evolución de la industria, no sobrevivió la década de los 90.

Pese a ello, resalta Cadenas los caminos abiertos para el intercambio comercial de la provincia con el extranjero. Aún incipiente, el comercio conseguido en esa época era inusual, "y los agentes comerciales eran normalmente familiares directos de los exportadores que vivían o se trasladaban a los puertos de entrega para ultimar los negocios. Mucho antes, en la provincia, el cuidado por parte de los trabajadores era el que primaba para conseguir un producto de calidad. Barriles de pino gallego y arcos de castaño o almecino eran las claves para conseguir unos barriles resistentes para las largas semanas de viaje. Por otra parte, una uva podrida podía corromper todo el barril, por lo que las recogedoras, con gran habilidad con la tijera, tenían mucho cuidado de que no entrara ninguna en mal estado. Un barril, once kilogramos y medio, distribuidos en tres capas de uvas, lo recuerdan como si fuera ayer las hermanas virgitanas Ana e Isabel Salmerón, quienes en la industria vinculada a este producto también conocieron a sus respectivos maridos.

El sector era uno de los mejor pagados, reconocen muchos de los que hoy día se convierten en parte de la memoria reciente de la provincia y de sus actividades productivas. Así, un barrilero cobraba más del doble de lo que podía ganar en la época un agricultor, un aliciente que para muchos hizo que se especializaran desde jóvenes.

Por su parte, desde Alhama, Gabriel Picón, como arriero, afirma que el último año en el que cosechó uva recogió 54.000 kilogramos en parras de 16 años de edad, y prefirió no estar presente cuando las arrancaron.

No se atemorizan los antiguos trabajadores de la uva de los cambios sociales y laborales de la actualidad, puesto que ellos también sufrieron en primera persona los cambios que les llevó a nuevos sectores que les permitía mejorar su calidad de vida, desde la albañilería a la agricultura.

El Puerto de Almería se convirtió así en punto de encuentro de personas de Berja, Beires, Terque o Alhama, todos con la misma motivación, dar a conocer algo que forma parte del pasado y queno debe olvidarse, parte de la memoria histórica, según reconoce la diputada provincial de Cultura, Caridad Herrerías, quien quiso partipar en las actividades y en representación de la institución de la que depende el Museo de la Uva. "Se trata de un referente económico que deberíamos trasladar a la actualidad para que no se olvide", mantiene la diputada, quien subraya el importante poso que dejó la actividad en la cultura de la provincia.

Fuera de vitrinas o estanterías, fueron los profesionales de la uva los que no dudaron en dar a conocer las técnicas que utilizaban. La fabricación de barriles, el acarreo o el embarque, ayer volvieron a ser una realidad en el Puerto de Almería, englobado dentro de la programación de su centenario. La recreación se convierte en una medida que pretende contribuir "al rescate de una tradición", según recuerda la presidenta de la Autoridad Portuaria, Trinidad Cabeo, quien quiso conocer todos los pormenores de la actividad.

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