Un enclave único entre muchas peculiaridades

CON más de quinientos años de historia, Serón, un pueblo de poco más de 2.000 habitantes, mantiene el fervor religioso que le aportan sus Hermandades y sus casi 1.000 hermanos. Algunas de estas Hermandades comenzaron a surgir en torno a los siglos XVI y XVII, por lo que la tradición se plasma en todos y cada uno de los pasos que desfilan.

Uno de los aspectos que resume la implicación del pueblo con su Semana Santa es la labor que desarrollan los vecinos con su hermandad. El trabajo desinteresado de los habitantes se demuestra en el embellecimiento y preparación de los pasos. Lo que da buena muestra del fervor popular que existe en torno a la Semana Santa.

Durante estos días de pasión nace un sentimiento irracional. Se mezcla tradición, fe y cultura seronense. Sensaciones que hacen que sus gentes no conozcan otras semanas santas que no sean las de esta localidad.

Época de recogimiento y fervor, la Semana Santa tiene múltiples facetas y celebraciones milenarias dentro de la geografía española. Todas ellas guardan, como común denominador, la pasión de comunidades enteras que rinden, con intenso fervor y sincera humildad, pleitesía al calvario padecido por Cristo.

La Semana Santa de Serón podría ser "una más" de estas celebraciones, si no fuera por una serie de peculiaridades y simbologías que la hacen única. La propia ubicación del pueblo, el paisaje, así como sus empinadas y angostas calles son ya una peculiaridad que la dota de un escenario incomparable para revivir la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.

El sentimiento y tradición priman en los desfiles. Jueves Santo, Procesión de la Amargura, donde Madre e Hijo se encuentran al llegar a la Plaza de Arriba. Viernes Santo, la subida al Calvario, dónde la Verónica limpia el rostro de Jesús y acompaña a la Virgen en su dolor. La Procesión del Santo Entierro, donde el recogimiento se hace silencio. Y en todas ellas, las mismas Hermandades, en señal de unión y fraternidad.

Pero sin duda, el acontecimiento más singular y multitudinario de la Semana Santa de Serón tiene lugar el Domingo de Resurrección, cuando, en la Plaza de Arriba, junto a la ermita de la Patrona, se representa el episodio de la Resurrección inspirada en los Evangelios sinópticos.

Una vez se produce el encuentro entre la Virgen y el apóstol San Juan, éste se dirige hasta el sepulcro, y asomándose a él, comprueba que Cristo ya no yace en su interior. Es en este momento cuando se sobrecoge el corazón de todos, tanto seronenses como visitantes, que, expectantes a la vez que nerviosos, ven como San Juan, a hombros de sus costaleros, corre hasta llegar al encuentro con la Virgen para gritar a pleno pulmón: "María, María, tu hijo ha resucitado".

En ese mismo instante un estruendo de aplausos, campanas y cohetes anuncian la buena nueva, una lluvia de pétalos de flores caen sobre las tres imágenes, que "bailan" al alegre son de la música. Y la Virgen, tras encontrarse con su Hijo Resucitado, se desprende de su luto.

Esta singular tradición, según testimonios verbales de los más ancianos del municipio, ya se realizaba en los años 20 del siglo pasado. Y aunque los avatares de Guerra Civil y de la Segunda Guerra Mundial provocaron temporalmente la desaparición de las tradiciones cofrades, esta fue recuperada en cuanto se reanudaron los desfiles procesionales.

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