El montañero de las muletas

  • José Antonio López ha hollado las cumbres andaluzas más altas con el 65% de minusvalía en las piernas debido a la poliomielitis

  • Fue el montañero del año en 2017

José Antonio López Salvador (1967, Instinción, Almería) no se ha regodeado nunca en su pena y ha tenido argumentos sobrados para lamentarse. La vida le propinó su primer sopapo con apenas seis meses cuando contrajo la poliomielitis.

El duro trance no fue el final sino el principio de su otra vida y le ha forjado un espíritu indomable y vitalista. Rebelde con causa, ha derribado no pocas barreras y ha superado tantos retos como veces se ha caído y se ha puesto en pie. Ejemplo de superación y maestro de vida, su indestructible voluntad le ha llevado a hollar las cumbres más altas de Andalucía y del Estado, en la compañía de sus inseparables muletas y de sus incondicionales amigos, pese a arrastrar una minusvalía del 65 por ciento en su tren inferior.

Su filosofía es que los caminos de la vida se hacen con el corazón y no con las piernas

Casado y sin hijos, José Antonio López es hijo de la fatalidad, pero también de la grandeza. Seis meses después de ver la luz, ya daba lecciones de sufrimiento. "La poliomielitis impactó mucho en España en la década de los años 60. Yo fui de los últimos que la contrajo. Cuando llegó la vacuna, sufría bronquitis y no me la pudieron poner, y mi organismo se debilitó. Tengo afectadas las dos piernas, una al 100% y la otra al 60%, y tengo el 65% de minusvalía total", relata.

La maldita enfermedad le abocó a un interminable peregrinaje de médicos y hospitales. "Los médicos que me vieron en Granada llegaron a pronosticar que no volvería nunca a andar por mi propio pie y que me vería obligado a moverme en silla de ruedas". En Madrid, Barcelona o Granada, llegó a pasar por el quirófano hasta en ¡13 ocasiones!

Se acercó a la montaña de forma progresiva y no olvida su iniciática ascensión. "Fue con un amigo de Instinción. Hicimos el Cerro Montoro, el más alto del pueblo, con 1.375 metros. Partimos de la cota 800 y nos tiramos todo el día andando con una cantimplora. Dormimos en un cortijo abandonado. Tenía 17 ó 18 años. Cuando regresé estaba repleto de energía, cansado pero muy feliz, lo viví con mucha intensidad".

López Salvador vive en un reto continuo. Pero, con todo, nunca ha sido un inconsciente. "Sé dónde están mis límites porque pongo en riesgo a los demás. Por encima de cierta altitud uno no depende de sí mismo y yo, a veces, dependo de los demás. Si me meto en neveros o rocas me tienen que ayudar", subraya. "Procuro no ponerme en riesgo, pero he tenido cientos de caídas. En casi todas las rutas suelo tener una caída. Pero no sé si tengo un hábito innato, pero el caso es que no me suelo hacer daño. Nunca he sufrido un accidente que me haya imposibilitado", destapa.

"Uno tiene que hacer lo que ama y le gusta. Los caminos de la vida no se hacen con las piernas, sino con el corazón. La montaña más inaccesible no es tan alta cuando te acercas a ella", asegura. Su trayectoria cuenta con ascensiones al Mulhacén (3.478 mts); el Pico Alcazaba, la sexta cumbre más alta ( 3.371 mts); el Picón de Jerez (3.100) en Sierra Nevada o el Chullo, la cima de Almería, con 2.611 metros.

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