Muerte en CasablancaPrimer almeriense víctima del terrorismo islamista

  • El empresario Francisco Abad fue víctima de la cadena de atentados que sacudió el norte de Marruecos. Su funeral, celebrado en la iglesia de San Pedro, fue una manifestación de duelo de la sociedad almeriense

EL pasado mes de mayo, se cumplieron seis años de la trágica muerte de Francisco Abad Lazo, el primer almeriense fallecido victima de un atentado islámico fuera de nuestro país. Su memoria sigue viva en el recuerdo de los almerienses.

Fue el 16 de mayo de 2003. A las diez y media de la noche cinco violentas explosiones casi al unísono, sacudieron la ciudad marroquí de Casablanca. Un grupo de catorce extremistas islámicos en una acción perfectamente diseñada y sincronizada sembraron de horror y muerte la capital marroquí dejando tras el atentado un balance aterrador. Cuarenta y cuatro muertos, entre ellos los propios terroristas suicidas y casi un centenar de heridos de diferentes pronósticos. Entre las cuatro victimas españolas, el industrial almeriense Francisco Abad Lazo circunstancialmente en aquella ciudad por motivos de trabajo.

En el ataque a la Casa de España, tres terroristas suicidas penetraron en el recinto tras degollar al vigilante del establecimiento y minutos más tarde, dos de ellos hicieron estallar en el restaurante del centro los artefactos que llevaban adosados a su cuerpo, mientras un tercero hizo explotar el suyo en el patio de la Cámara Española de Comercio.

En el atentado más de veinte personas murieron en el acto victimas del fanatismo integral. Los asesinos, siguiendo los rituales yihadista se inmolaron junto a sus victimas. Los otros tres atentados fueron cometidos utilizando para ello coches bomba y se produjeron en el centro financiero de la ciudad, cerca de la Medina Antigua concretamente en los alrededores del Hotel Safir, situado en la parte árabe de la ciudad, el consulado de Bélgica, la Alianza israelí y un cementerio judío, según informaron en aquellas fechas fuentes oficiales.

Rabat atribuyó los ataques a una célula terrorista de catorce personas de las que trece fallecieron y una pudo ser detenida. En total, durante las primeras cuarenta y ocho horas, la Policía marroquí efectuó más de una treintena de arrestados. En el momento del atentado se encontraban en el local entre 100 y 150 personas, la mayoría de nacionalidad marroquí y entre los muertos hubo dos policías marroquíes y un agente de seguridad que trabajaba en el centro.

La tremenda noticia del atentado llegó rápidamente hasta Almería unida al nombre de Francisco Abad Lazo una persona muy conocida y apreciada en la capital por su actividad como agente comercial desarrollada durante toda su vida profesional en nuestra ciudad, si bien en aquellas fechas por motivos laborales Francisco Abad se encontraba en Casablanca, aunque cada dos o tres semanas regresaba a Almería para pasar unos días de descanso junto a sus familiares y amigos.

El féretro con el cuerpo del empresario almeriense Francisco Abad Lazo, de 64 años de edad llegó la madrugada del día 20 de mayo a Almería. Centenares de personas asistieron al sepelio para testimoniar su dolor y pesar a los familiares. Entre las numerosas muestras de pésame, la familia de Francisco Abad Lazo recibió las condolencias de Sus Majestades los Reyes de España y del Ministro de Administraciones Públicas, alcalde de la ciudad, Presidente de la Diputación y resto de autoridades locales y provinciales. Su muerte fue muy sentida.

En enero de 2004 el Consejo de Ministros del gobierno español presidido entonces por José María Aznar tuvo a bien concederle la Gran Cruz de la Real Orden de Reconocimiento Civil a las Victimas del terrorismo al empresario almeriense.

Durante la investigación que llevaron a cabo, las autoridades marroquíes atribuyeron la autoría de la masacre a diversos grupos islámicos y la responsabilidad de la organización de esos ataques a Assirat Al-Mustaquim y a la Salafia Jihadia; dos organizaciones poco conocidas por los especialistas mundiales en terrorismo.

Se habló de que por lo menos dos kamikazes residían en Egipto y en los Emiratos y habrían llegado a Marruecos por avión procedentes de Londres y Bruselas. El 5 de junio, el Washington Post informó que los atentados habían sido preparados desde hacía varios meses y que la orden de ejecución la había dado el propio Abu Mussab Zarquaui. Dos semanas más tarde, Al Qaeda reivindicó los atentados mediante la grabación en vídeo de un hombre enmascarado que anunció nuevas operaciones suicidas.

Distintos medios internacionales afirmaron que los ataques fueron financiados por "un grupo de marroquíes residentes en Gran Bretaña, Suecia y Dinamarca". Ello permite vincular la operación con las redes del terrorismo internacional, y, en especial, con la nebulosa Al Qaeda de Osama Bin Laden.

La identidad de los kamikazes y su origen social, profusamente difundidas por la prensa marroquí, choca totalmente con esta teoría del complot. Procedentes de las villas miseria más pobres de Casablanca, los supuestos terroristas eran un vendedor ambulante, un soldador, un vendedor de pescado e incluso un conductor de carros. Un perfil que no encaja con la tesis de los «agentes infiltrados» mantenidos desde el extranjero. La inexperiencia de las personas escogidas excluye igualmente que hayan podido efectuar esos ataques con una precisión tan minuciosa, ya que las explosiones ocurrieron, como en Madrid, con una diferencia horaria inferior a 15 minutos.

Una hipótesis sostuvo qué las bombas colocadas en el hotel Farah-Maghreb y en el Círculo de la Alianza Israelita explotaron antes de que los terroristas salieran del edificio lo que explicaría por qué las informaciones sobre los explosivos y sus dispositivos de detonación son tan contradictorias. En definitiva, que hoy no se sabe aún qué tipo de explosivo se utilizó, quién ensambló los artefactos y cómo fueron programadas para detonar, con minutos de intervalo fijo de cinco minutos y por qué la mayoría de las bombas estallaron fuera de los objetivos que pretendían destruir. Lo único realmente cierto, es que entre las numerosas victimas inocentes de la cruel matanza, un ciudadano almeriense perdió la vida por la barbarie de los terrorsitas.

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