"Mi traje de verano es mi familia"

Tras el cierre de la temporada de Mejor lo hablamos, el debate de Canal Sur que conduce semanalmente, Mariló Montero ha cambiado las calles de Sevilla, la ciudad donde reside, por las playas de Sanlúcar, destino turístico que frecuenta desde que comenzó su relación con Carlos Herrera, hace ya casi dos décadas. Un lugar donde, sin dejar de ejercer sus múltiples obligaciones, puede bajar el frenético ritmo del resto del año. Desde allí recibe a los lectores de este periódico para hacernos sentir igual que en nuestra propia casa.

-¿A qué actividades se dedica ahora? ¿Cómo es un día en la vida de Mariló Montero durante las vacaciones?

-Una combinación de jardín, casa y paseos por la playa para contemplar desde ahí el atardecer. Al tener piscina, organizamos reuniones con amigos sin alejarnos de la espiritualidad que transmite el mar.

-Creo que, además, sus niños acaban de regresar de estudiar fuera, ¿verdad?

-Sí. Los dos han pasado en el Reino Unido estos dos últimos cursos y, por fin, el próximo invierno nos beneficiaremos todos de su vuelta. Tienen catorce y dieciséis años y, de momento, ninguno quiere seguir nuestros pasos. De hecho, una vez, durante un encuentro íntimo con directivos, le preguntaron al mayor si quería ser como su padre y contestó que no. "Eso sería como Cruyff y su hijo", dijo. Aunque la herencia profesional sea buena, es algo que termina eclipsando. Las personas merecen brillar por sí mismas y, los nombres propios, suelen pesar.

-Si echamos la vista atrás, a esa actual adolescencia de sus hijos, ¿cuáles son, en su caso, sus recuerdos veraniegos?

-En el río. Con los pies protegidos, como mucho, con unas sandalias. Me encantaba sentir el roce de las rocas al andar sobre ellas. He sido muy feliz bañándome en las orillas de los ríos durante una época muy familiar, sin relojes, ni arena. Con frutas que refrescaban mi sed. Luego evolucionas y tienes que escribir y trabajar, viajar con maletas cargadas de libros.

-Colabora en publicaciones como ésta nuestra con artículos semanales pero todavía no se ha atrevido con una novela… ¿Por qué?

-Porque necesitaría otra forma de vida para hacerlo. Todos llevamos mucho adelante: niños, documentarte para un programa, hacer deporte, atender a la gente… Me falta tiempo y no es el momento y, en todo caso, sería algo didáctico enfocado a los hijos.

-Ha referido varias ocasiones la acogida de invitados en su hogar… ¿Se considera buena anfitriona?

-Eso lo tendrían que confirmar o no los demás aunque, si el nivel por el que se mide eso es lo contentos que se marchan quienes han estado contigo y lo dichosa que a ti te hace haber compartido ese ratito con ellos, creo que el objetivo se consigue. Carlos es un magnífico cocinero. Motiva a los demás a participar y termina siendo algo muy divertido.

-¿Y usted? ¿De qué se ocupa?

-Cocinar, por norma, no lo hago. Me produce tensión (risas). Comer, mucho, pero prefiero que se encarguen otros. Lo mío es más crear el ambiente. La música, los aromas, la decoración de la mesa, la iluminación… Luego, como lo más prosaico, que después de la guerra que se libra entre fogones, todo esté limpio y recogido para que no queden pruebas de la batalla.

-Y para acompañar todo esto de lo que charlamos, ¿por qué vestuario se suele decantar? ¿De qué forma le gusta ir vestida en época estival?

-Los zapatos nunca faltan, aunque vaya más relajada y también utilice biquinis y chanclas. Eso sí, para los toros o algún compromiso, no me bajo de los tacones ni con el calor (risas). De todos modos, mi traje de verano es mi familia.

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