La cepa del palo

césar vargas

Cuatro años

Cuatro años echados a perder de desidias, mentiras, borrones y esconder la realidad

Ya es oficial: el 2017 tampoco pasará a formar parte de la historia de la UD Almería. El denigrante espectáculo ofrecido por los andaluces en Alcorcón fue un gran resumen de lo que ha dado de sí el año para un club que sigue sin levantar cabeza y, peor aún, sin asumir los garrafales errores que continúa cometiendo en todos sus ámbitos. El 2017 se salda con 44 partidos oficiales del Almería, de los cuales ganó 15, empató 7 y perdió 22. O lo que es lo mismo, venció uno de cada tres y sucumbió en uno de cada dos. Una odisea que podría haber sido mucho peor si Ramis no hubiera acumulado una racha triunfal que, a la postre, valió para salvar a los rojiblancos de la quema la pasada temporada. Este 2017 no ha servido para que el Almería mejorase su plantilla. Todo lo contrario. Tampoco para empezar un proyecto sólido en lo deportivo ni para frenar el alarmante absentismo en el estadio, siendo cada vez más los aficionados que, hartos, prefieren quedarse en casa antes que ir a ver un partido de su equipo. Pocos se identifican ya con un club que aburre hasta al más dicharachero. Ya ningún niño elige ser un futbolista del Almería cuando juega en el parque con sus amigos. Hace tiempo que nuestros ídolos se marcharon sin ningún recambio. 2014, 2015, 2016, 2017. Cuatro años de derrotas, de fracasos, de desidia, de desgana. Cuatro años de aquí no ha pasado nada. De borrón, cuenta nueva y borrón. Y más borrones. Cuatro años echados a perder. Cuatro años de mentiras, de esconder la realidad. Cuatro años con los que solo entran ganas de llorar, de hacerse de otro equipo o, más aún, de buscarse otro deporte. Cuatro años con un descenso a Segunda y tres coqueteos con Segunda B. Alcaraz dijo, tras el bochornoso encuentro ante el Alcorcón, que nos teníamos que preparar para un 2018 de sufrimiento. Lo que no sabe es que, para lo que ya no estamos preparados, es para volver a disfrutar con el fútbol. Nos pilla demasiado lejos. Cuatro años. Y se viene el quinto.

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