Ni Flores

Pablo Martínez -Salanova Peralta

Paso de todo

Aquí se espera de un futbolista una profesionalidad acorde con sus emolumentos

Lo habitual cuando un equipo de fútbol no obtiene buenos resultados es que los aficionados no estén contentos. Pero el seguidor común suele estar con el equipo a las duras y a las maduras. Aun así, la paciencia de la gente cuando no ve nada más que a los jugadores arrastrarse por el campo tiene un límite, y es entonces cuando claman al grito de "mercenarios". Que en principio no tiene por qué tener una connotación negativa. Porque, vamos a ver, aquí todos trabajamos por dinero. El caso es que el término tiene también la acepción de que se puede realizar un trabajo por el único objetivo de recibir una retribución económica sin que te importe nada más. Y eso en el mundo del fútbol no se tolera. Aquí se espera del futbolista, para empezar, una profesionalidad que, conforme a sus emolumentos, no debería ser cuestionable. El tema de sentir los colores ya es otro cantar, y pierde el tiempo el aficionado en reclamarle tal sentimiento. Además, siendo los jugadores trabajadores por cuenta ajena en una empresa privada, poca legitimación para exigirles nada podrían tener, si nos ponemos técnicos.

Pero hay quien sí tiene potestad para exigir y poner en su sitio a aquellos que tras una derrota abultada se van de cumpleaños al Premium. Y ese no es otro que el presidente del club. El jefe. El mandamás. Que este señor se deja muchos millones en nóminas para ver cómo luego sus muchachos juegan al trote cochinero.

El presidente del Olympiacos ha decidido mandar de vacaciones a los jugadores del primer equipo y los ha puesto bonicos. "Sólo pensáis en las bonitas casas en las que vivís y en los coches". Así, el equipo griego terminará la temporada con los jugadores del filial. Y el presidente del Sporting de Portugal ha suspendido a 19, tachándolos de "niños mimados". Suerte tienen en estos clubes de contar con unos dirigentes que se preocupan por el equipo. El problema viene cuando tanto los de abajo, como los de arriba pasan de todo, ¿verdad, don Alfonso?

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