Nueva York, un trocito de Alhama

  • Centenares de alhameños que buscaron su sueño americano en las primeras décadas del XX crearon en Brooklyn el Grupo Salmerón

La ferviente curiosidad de una niña de Alhama de Almería de conocer de dónde provenían aquellos trajes tan pomposos con los que jugaba de pequeña en casa de una amiga la llevó, décadas después, a recuperar parte de la historia de su municipio, de aquellos hombres y mujeres que emigraron hastiados por la pobreza a Estados Unidos en las primeras décadas del siglo XX y que nunca tuvieron un merecido reconocimiento por su labor, para muchos desconocida, para sostener a su pueblo natal desde la distancia y a su vez crear su particular Alhama de Nueva York.

Una historia, la que rescató hace algunos años la historiadora alhameña María Carmen Amate en su libro 'El Grupo Salmerón en Brooklyn. Alhameños en Nueva York' editado por el Instituto de Estudios Almerienses, que ha servido como fuente de inspiración a María Dueñas, que visitó hace unas semanas la capital, para presentar su nuevo libro 'Las hijas del capitán', en la que la autora rinde homenaje a la colonia española que residió en Nueva York durante las primeras décadas del siglo XX y en el que tal y como confesó durante la presentación los alhameños del Grupo Salmerón "tendrán un pequeño guiño". Su novela sale a la venta este 12 de bril.

Otro homenaje para centenares de vecinos de Alhama de Almería y de otras localidades de la comarca del Medio Andarax que, empujados por la grave crisis económica provocada por la I Guerra Mundial que terminó por hundir los dos pilares en los que se sustentaban la economía de la provincia, la agricultura con la conocida uva de Ohanes y la minería, se vieron obligados a hacer las maletas y cruzar el charco. Una dramática situación que afectó a cientos de familias que se vieron abocadas a emprender una nueva vida fuera de España. ¿Y por qué a Estados Unidos? María del Carmen Amate señala que "allí existían unas filiales de casas uveras almerienses regentadas por personas de Alhama que alentaron a familiares, amigos y vecinos a que emigraran a la ciudad ante la gran abundancia de puestos de trabajo".

Una llamada que se convirtió en el particular sueño americano para muchos alhameños que emigraron prácticamente sin medios económicos "con el objetivo de regresar a Alhama en el futuro tras hacer fortuna, pero muchos terminaran quedándose", apunta.

Según los censos de población de la época, la emigración supuso un duro golpe a Alhama y a los pueblos del Andarax. Valga como ejemplo que Alhama tenía en 1910 a 6.008 vecinos y en 1930 pasó a contar con 3.816, casi la mitad.

Esa búsqueda del sueño americano obligó a aquellas familias a vender gran parte de sus bienes porque como relata Amate el billete de barco costaba en torno a 1.500 pesetas. Los primeros alhameños, sobre todo hombres jóvenes, partieron sobre el año 1917 y lo hicieron en buena parte desde los puertos de Málaga y Cádiz para desembarcar en el puerto de Nueva York al cabo de, más o menos, tres semanas de viaje.

El estallido de la Guerra Civil en 1936 provocó que muchos alhameños decidiesen afincarse de manera definitiva en tierras americanas. ¿Y qué hicieron? "Se arraigaron aún más en aquel país y aquella provisionalidad de espíritu de volver, desaparece. Se adaptan al nuevo país que lo acogió con los brazos abiertos y allí se quedaron y reposan el sueño eterno", confiesa Amate.

En la investigación de la historiadora alhameña se recogen testimonios de los hijos de los primeros emigrantes y generaciones posteriores como es el caso de Virtudes Arcos y Enriqueta Gálvez con las que pudo realizar mental y visualmente la aventura americana de sus paisanos al poder vivir en primera persona muchas de sus memorias tras viajar a Nueva York y compartir con ellas los momentos que se plasman en su obra.

La primera nació en Alhama en 1933 y con tan solo un año viajó a Estados Unidos para reunirse con su padre que residía allí desde el año 1920. La segunda, nació en Brooklyn cuando la Segunda República en España acababa de cumplir su segundo aniversario. Dos alhameñas que como muchas otras terminaron formando parte de una asociación para apoyar al bando republicano desde la distancia que llevaría el nombre del más ilustre alhameño: Nicolás Salmerón.

Pero el Grupo Salmerón fue mucho más que eso. Además de servir como apoyo económico a sus familias de Alhama (con el envío de paquetes con ropa, comida y dinero), y logístico (consiguieron recaudar fondos para adquirir y enviar una ambulancia con todos los avances tecnológicos de la época), fue también punto de encuentro fundamental social y cultural. "Allí recibían las cartas provenientes de sus familiares y se ponían al día con todo lo que sucedía en Alhama: quién había fallecido, quién se había casado, la situación política, etc", señala Amate.

Una manera de estar en Alhama desde la distancia que les permitió flanquear las duras barreras que suponían para todos ellos, en primer lugar el idioma, y en segundo la forma de vida, diametralmente opuesta a la que tenían en su pueblo natal. "En su gran mayoría eran mano de obra poco cualificada y tuvieron que aceptar trabajos muy duros poco deseados por la población americana. La mayoría de los hombres del Grupo Salmerón desarrollaron su actividad laboral en fábricas de hielo, de azúcar, compañías de gas, lecherías, construcción, pero sobre todo en hoteles, cafeterías y restaurantes", apunta la historiadora.

En el caso de las mujeres, que en su mayoría emigraron más tarde, desarrollaron trabajos de costura y en fábricas de confección de ropa. "Una de las mujeres de Alhabia que hablaba algo de inglés, obtenía el trabajo de una fábrica de vestidos", señala Amate.

Si algo caracterizaba a todos ellos, era ese sentimiento de gran familia que llevó a muchos a compartir pisos ya que todos vivían en el mismo barrio. Eso permitió a los primeros emigrantes convertirse en un grupo cohesionado que fue punto de referencia, primero, y centro de acogida, después, de familiares y amigos que decidieron emprender el viaje a EEUU.

El Grupo Salmerón cerró su sede en el 123 de la 5ª Avenida de Brooklin en Nueva York en el año 1961 tras 25 años. "No fue fácil para nosotros cerrar el Grupo Salmerón, pero su misión ya había acabado", afirma Enriqueta.

El paulatino ascenso social de las nuevas generaciones de alhameños, la mayoría ya con estudios universitarios, y el traslado de las familias desde Brooklyn a las casas de campo que fueron adquieriendo en Long Island, terminaron por clausurar el pequeño rincón de Alhama en Nueva York. El que hay en sus corazones, aún pervive con fuerza.

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