La Escucha acogió al pequeñito Gabriel

  • La Catedral fue testigo de un místivo Vía Crucis de silencio penitencial

  • Cuando la noche comenzó a dar paso a la mañana se encerró la talla

Cuando el reloj de la Santa y Apostólica Iglesia Catedral de la Encarnación dio las cinco campanadas de las cinco de la madrugada, se hizo presente en el dintel de la puerta principal de templo capitular la devocional y fervorosa imagen del Santísimo Cristo de la Escucha, obra del insigne escultor Jesús de Perceval, portado por 36 hombres y mujeres dirigidos por el carismático cofrade Adolfo Pageo Benete y bajo la dirección espiritual del canónigo Juan Cano Torrecillas, quien relató con unción mística las catorce Estaciones del Vía Crucis con la excepción de la IV pronunciada en el Convento de Santo Domingo, Santuario de la Virgen del Mar, Patrona de Almería, por el dominico Prior Fray Antonio Bueno Espinar O.P., quien ha exhortado sobre el papel humano fundamental de María Santísima durante toda la Pasión, Muerte y Resurrección del Divino Redentor, al igual que hacen millones de madres ante sus hijos, poniendo como ejemplo de testimonio de máximo amor al prójimo, el caso reciente de carácter dramático ocurrido en Almería, en donde siempre la madre de pequeñito Gabriel mantuvo y mantiene el cordón umbilical de infinito amor al amado hijo, cuya alma goza de la plenitud eterna de la Beatísima Trinidad.

Las Estaciones del Vía Crucis fueron sucediéndose sin incidencia alguna con la cadencia penitencial propia en estos cortejos de la piedad popular, en los cuales convergen elementos singulares de nuestras procesiones almerienses como son el silencio, la austeridad y la sobriedad, solo roto por las palabras relatadas de las Estaciones y los cánticos espirituales propios de ese momento crucial de la vida en la Cruz del Hijo del Hombre y de Dios, pronunciado sus últimas Siete Palabras antes de expirar en la buena muerte.

El Vía Crucis con sus 14 estaciones fue dirigido por el Canónigo Juan Cano Torrecillas

Agradecer la asistencia durante todo el Vía Crucis de miembros del Cuerpo Nacional de Policía y del Cuerpo de la Policía Local de Almería, quienes cada Cuerpo atendiendo a sus cometidos de servicio público han dado un marcado carácter de seguridad por donde discurría el cortejo penitencial, ya que en la misma zona, otras personas volviendo las espaldas al Señor de la Vida y la Esperanza disfrutaban su laicista madrugá de forma diferente a la tradicional religiosidad popular.

La percepción cuantitativa de fieles presentes ha sido algo inferior al año anterior, considerando que la Agrupación de Hermandades y Cofradías podrían coadyuvar al Cabildo Catedral para que este genuino y místico Vía Crucis volviese a recuperar y contar con un mayor número de personas cofrades y fieles de las distintas parroquias de la indaliana capital. Otro elemento, que tiene que solventar quién proceda es el sonido, ya que sí bien hacen un esfuerzo quienes llevan los altavoces en dos "carrillos", se precisa la colocación durante todo el recorrido de amplificadores que permitan de forma nítida escuchar las Estaciones y sus reflexiones espirituales. Sería conveniente, que debido al número de personas que van descalzas, el recorrido fuese aseado previamente, especialmente la zona de la marcha, al existir en el pavimento gran número de vasos y cristales rotos.

Tras el paso por los Conventos de Clausura de las Madres Clarisas y Las Puras, finalizó el Vía Crucis a las 07:40 horas. A continuación, en el presbiterio del templo catedralicio se expuso la imagen cristífera para que pudiera ser besado por las personas asistentes y poder recibir postrados la indulgencia correspondiente y redimirnos del pecado, así como se les entregaba por miembros de la Hermandad una estampa con la imagen del Cristo y en cuyo reverso lleva una oración dirigida a la imagen, que cariñosamente se le llama en el argot cofrade almeriense "El Moreno", así como un clavel rojo de los que cubrían el monte del paso, y cuya última levantá a manos alzadas fue dedicada al "pescaíto" Gabriel, que recibió con el corazón contrito de dolor miles de silenciosos aplausos.

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