Diputación pone en valor el legado de tres grandes arquitectos almerienses

  • El IEA celebra un ciclo de conferencias que analizará la impronta de Trinidad Cuartara, Guillermo Langle y Antonio Góngora

La Diputación de Almería presentó ayer un Ciclo de Conferencias, impulsado por el IEA, que tendrá como protagonistas a tres de los arquitectos clave para el legado histórico y patrimonial de la provincia: Trinidad Cuartara, Guillermo Langle y Antonio Góngora.

El diputado de Cultura, Antonio J. Rodríguez, puso de manifiesto la importancia de las jornadas a nivel arquitectónico y patrimonial. "No se puede hablar de arquitectura en la provincia sin mencionar la impronta que dejaron estos tres maestros en la fisionomía de algunos de los enclaves más visitados de la ciudad como el Mercado de Abastos, la Casa de las Mariposas, el Teatro Apolo o la Plaza de Toros".

El responsable del IEA, Francisco Alonso, explicó que "con este Ciclo de Conferencias arrancan las más de 40 actividades divulgativas que el IEA celebrará este año y qué mejor manera de hacerlo con tres personas tan importantes para la arquitectura de la provincia".

Por último, el coordinador de las jornadas José Francisco García, detalló el programa del Ciclo que arrancará este jueves, 22 de marzo en la Casa de las Mariposas dedicado a analizar la vida y la obra de Trinidad Cuartara Cassinello.

Trinidad Cuartara (1847-1912), Guillermo Langle (1895-1981) y Antonio Góngora (1911-2010) son los protagonistas de este primer ciclo de conferencias sobre los héroes y pioneros de la arquitectura almeriense. Casi en solitario, fueron los protagonistas del trazado, la construcción y reconstrucción de una capital de provincias alejada de los centros culturales y de poder.

Compaginaron su actividad profesional con cargos institucionales como la de arquitecto municipal de la ciudad, del Instituto Nacional de la Vivienda o del Ministerio de Hacienda.

Pertenecieron a tres épocas bien distintas: la floreciente situación económica de finales del XIX motivada por las explotaciones mineras y exportaciones de la uva, la incertidumbre y el desencanto durante el periodo de entreguerras -y la guerra civil- y, finalmente, la reconstrucción de un país durante la larga posguerra hasta los albores del desarrollismo. Es decir, desde el historicismo académico, pasando por las vanguardias y el racionalismo del movimiento moderno hasta la arquitectura vertical despojada de los años 1960.

Desarrollaron su trabajo tanto en la escala urbana, mediante el trazado de los ensanches de la nueva ciudad surgida tras el derribo de sus murallas en 1855, como en la escala doméstica, construyendo proyectos de viviendas obreras y burguesas, de promoción pública o privada; y barrios como la ciudad jardín, donde la naturaleza se incorporaba a lo doméstico o el barrio de pescadores de El Zapillo.

Fueron los autores también de edificios públicos que se han convertido en los símbolos urbanos más reconocibles de la ciudad de Almería: como la Casa de las Mariposas, el Mercado de Abastos, la Estación de autobuses, la Plaza de toros, el Teatro Apolo, el edificio de la Asociación de Asistencia social, el cementerio de San José o el edificio de los sindicatos.

También proyectaron y construyeron la red de refugios subterráneos, la Ermita de Torre-García, el Pingurucho de los Coloraos, el kiosko de la música de la plaza del educador, el Hotel Costasol o la remodelación del Cuartel de la Misericordia.

La historia de la arquitectura y el urbanismo de Almería no se puede entender sin la presencia social y la obra de estos tres arquitectos a los que el Instituto de Estudios Almerienses rinde su merecido homenaje.

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