Almería

Gibraltar Español: la calle más reivindicativa

  • ● La calzada, paralela al Paseo Marítimo, era el centro neurálgico de “Villa García” antes de la Guerra ● Almería es la única capital que tiene en su callejero un nombre así

Gibraltar Español: la calle más reivindicativa

Gibraltar Español: la calle más reivindicativa / D.A. (Almería)

Jnto con la “Marina”, la “Selección de Fútbol 2010” y el “Soldado”, la calle Gibraltar es una de las cuatro de la capital almeriense que ostentan, a buen grado, el apellido de “español” en su nomenclatura. Si las primeras homenajean a la Armada, a los campeones del mundo y al Ejército, sin duda la calle “Gibraltar Español” es la más reivindicativa del callejero local. No hay otra capital que se haya atrevido a denominar de esta forma a una vía pública, aunque sí seis o siete municipios más pequeños del resto del país.

La calzada data de principios del XX, cuando se construyeron varias viviendas en esa zona urbana del litoral y por allí atravesaba la “Boquera Honda” que desaguaba vertidos de la vega. Aunque descascarillada, aún se conserva una casa de 1925, en la esquina con García Cañas con un buzón oxidado que evoca a sus antiguos moradores. El nombre primitivo de la calle era “Villa García”, tomando la denominación de toda una zona costera junto al balneario de San Miguel. Más tarde se le cambió el nombre al de “Gibraltar” y hacia 1967 se modificó, poco antes del cierre de la verja del Peñón, para convertirla en “Gibraltar Español”.

Paisano en triciclo por la calle Paisano en triciclo por la calle

Paisano en triciclo por la calle / D.A. (Almería)

En sus orígenes, los primeros residentes padecieron la mala costumbre del incivismo ciudadano y el descuido de la administración en el mantenimiento viario. Montañas de estiércol depositados en las puertas de las casas (1927); escasez de iluminación (1929), aguas fecales formando no ya charcos sino auténticas lagunas (1930), inexistencia de fuentes públicas de suministro de agua y alcantarillado (1932) y la suciedad del polvo del mineral de hierro embarcado por la Compañía Andaluza de Minas. El carabinero que prestaba su servicio, Isabelo Rincón Puente, poco podía hacer sino regañar a los infractores. El periodista y director de “La Independencia” Fructuoso Pérez –fusilado el 15 de agosto de 1936 y desde 2019 declarado mártir- solía pasear en los años veinte por Villa García y se quejaba amargamente de “los malos caminos que conducen a esta playa abierta” y abogaba para que se adecentara “para que llegue el día que sirva para atraer a nuestra ciudad a una gran población flotante durante la estación estival”.

Vecinos históricos

Uno de los primeros moradores fue Antonio Hernández Clemente. Éste residió allí hasta el 7 de febrero de 1944, día en el que murió con 78 años. Antes de la Guerra Civil ya tenían propiedades el ingeniero José Fornieles Ulibarri, Eusebia Ruano Borbalán, el arquitecto José Perals Loisa, Toribio Álvarez Rodríguez, Pedro Plaza Ortega y la familia Segura Villanueva. La mayoría, en esa época, eran casas de planta baja, pequeñas y con humedad. Además, sufrieron grietas, desperfectos y hendiduras por las bombas que lanzaron varios aviones a las diez de la noche del 23 de mayo de 1937. Aunque los artefactos cayeron al mar, la onda expansiva resquebrajó paredes y rompió cristales. Precisamente el chalet y almacén de Francisco y Mariano Romero Calvo sirvió de refugio ciudadano cuando los ataques aéreos.

Durante cierto tiempo, en la calle estuvo un bar llamado “El Peñón… de Manolo” y la sede de un partido que promulgaba la independencia de Almería

Elisa González Vera habitó con su esposo Joaquín Espinosa Querol en esa calle. Murió con 66 años el 3 de septiembre de 1970 y fue velada en el número 13 antes de oficiarse el funeral en la iglesia de San Antonio de Ciudad Jardín. Durante once años seguidos, los familiares pagaron esquelas en los periódicos convocando a amigos y familiares a misas por su alma. Allí cerca, en el número 1 que correspondía a la finca “Villa García”, habitó hasta los 70 años Joaquín Fernández Berenguel y su esposa Ángeles Berenguel Andújar, matrimonio que se casó en septiembre de 1935 y tuvo cuatro hijos. El 12 de mayo de 1972 ésta quedó viuda. También vivieron Antonio Miranda Ríos, Carmen Pardo Urrutia o Enrique Salas Real.

Ropa tendida en un balcón Ropa tendida en un balcón

Ropa tendida en un balcón / D.A. (Almería)

Joaquín del Águila Cortés, a mitad del XX, ya regentaba un comercio tradicional de ultramarinos, frutas y hortalizas. Las amas de casa de la zona compraban allí los avíos para el puchero, pero también los veraneantes, transeúntes y barqueros de Villa García. El jefe de los servicios provinciales de abastecimientos y transportes, Lorenzo Gallardo, le autorizó en 1950 a aprovisionar de víveres a ese tipo de clientes. No era la primera vez que Del Águila abastecía de materia prima a los vecinos, ya que, en 1937, en plena Guerra Civil, fue habilitado para vender azúcar. Juan Pedro del Águila Ventura heredó de su padre la venta minorista de frutas y legumbres en el número 18, donde residía con su esposa Manuela López del Águila, que falleció en enero de 1975 con 74 años, y sus tres hijos.

Sin duda, uno de los vecinos más conocidos fue el relojero y joyero Deogracias Pérez Pérez (1888 -11/11/1976) y su esposa Josefa Plaza Ortega que, al principio de la calle, levantaron “Villa Pepita"; un fabuloso chalet que, ya en propiedad de la familia Cano, se convirtió hace poco en una un residencial de lujo.

Ramón Abad Montiel era otro tendero que en 1938 vendía productos de primera necesidad y fue el único autorizado de todo el distrito séptimo para expender arroz. Luego llevaron sus domicilios fiscales el carnicero Francisco Berenguel Mayor, el electricista Manuel del Pino Ortega, los mecánicos de bicicletas Joaquín Ventura Ventura e Isabel López Najas y el matrimonio dedicado al mundo de las máquinas de escribir. Por su casa, en la esquina de García Cañas, pasaron innumerables alumnos –como los hermanos Laynez Bretones- que aprovechaban el verano para aprender el arte de la mecanografía.

El periodista Fructuoso Pérez –fusilado en 1936- solía pasear en los años veinte por Villa García y se quejaba amargamente de “los malos caminos que conducen a esta playa abierta”

Resulta anecdótico que llamándose la calle como se llama en la esquina de Quesada abriera un bar con el nombre del “El Peñón… de Manolo”, aunque su dueño se llamaba Francisco Gil García, un gran aficionado al atletismo. Pero más curioso es que en “Gibraltar Español” abriera su sede del partido Unión Regionalista Almeriense (URAL) de cuya única ambición política era separar Almería del resto de Andalucía. Obtuvo 1.520 votos en las elecciones de 2000. También tiene su domicilio social el Colegio de Agentes Comerciales.

La calle Gibraltar Español es larga y, en su día, fue muy recta. Su casi medio kilómetro de longitud es un laberinto de entrantes y salientes de edificios, plazas y cocheras. Recodos diseñados con el lápiz de la parcelación sufragada. Aquellas casitas marineras alineadas en tercera línea de playa han sido suplidas por bloques de edificios donde residen cientos de personas: “Doncella”, “Alameda”, “Murcia III” … Apenas sobreviven un inmueble de 1936 y dos o tres de los años sesenta. Allí queda, casi con un símbolo, un chalet con jardín de jazmines en la esquina de la calle Cartagena, construido en 1960. Por no quedar apenas quedan dos rótulos con el nombre de la calzada, que han perdurado a los hurtos del resto de placas, arrancadas y desaparecidas como si fueran un “souvenir” simbólico.

Puede que sea por su reivindicativo nombre, pero en la calle almeriense encontramos un poquito de otros rincones del resto de España. En la colindante plaza Elena Pezzi hay esposos árboles con distintas sintonías de verdes que recuerdan la frondosidad de los bosques gallegos y cántabros. La inmensa mole de la esquina de Cartagena, construida en 1992 con 31 viviendas y 82 aparcamientos, evoca el desarrollismo que pobló las grandes urbes de enjambres de pisos levantados en un palmo de terreno. Cuando pasas la oficina de Correos, el asfalto se estrecha y rememora El Realejo granadino o la calle del Agua de Sevilla. Luego, en la depauperada esquina con Quesada el cercano bloque de “La Gata Negra” es como un mini rollito de primavera comparado con los barrios chinos de “El Eixample” barcelonés o “La Palanca” de Bilbao. Está la trasera del INEM, que alude a esta nación del paro y desempleo juvenil y una entidad bancaria que, como la Costa del Sol, tenía el marchamo de Almería y nos lo arrebataron. Y claro, en toda la calle inconfundiblemente huele a mar, a algas, a salitre, a arena mojada. Como el Gibraltar español.

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