Almería

Molinos de viento en Almería. ¡En la madre que parió al poniente!

  • El autor evoca otros tiempos donde los molinos de viento decoraban los paisajes de la provincia

Paisaje con un molino de viento

Paisaje con un molino de viento / José Luis Ruz Márquez

Recuerdo una conferencia de Julio Caro Baroja en 1980 en el palacio de Benacazón de Toledo. Interesado por el tema, la brujería, me senté en la segunda fila para escucharle mejor, pero el confort, el calorcito, hicieron mella en mi voluntad y pronto empezaron las cabezadas, las dormidas... hasta que las palmas me devolvieron a la vida. En el vestíbulo me acerqué a felicitar al conferenciante:

-Me ha gustado mucho la conferencia...

-Pues será lo poco que usted ha oído..

Avergonzado, ni por asomo le podía decir: si no fuera usted tan monocorde, tan cantananas hablando… me recordaba a la duquesa de Alba, que hablaba sin mover el labio de arriba, dibujando con su discurso una línea recta, sin altibajos… que era don Julio difícil de oír pero fácil de escuchar, al contrario de otros que dicen bien cosas aburridas él decía mal muchas cosas interesantes. Culpé de mis cabezadas al temario de oposición y me despedí llevándome el saludo que mandaba para Jesús de Perceval al que por cierto le debía yo, con otras muchísimas cosas, el privilegio de haber conocido al sobrino célebre de don Pío Baroja.

Tenía don Julio pasión por la antropología, en sus libros describía, comentaba y dibujaba, muy bien por cierto, casas, aperos, utensilios, máquinas e ingenios y entre éstos, como no, los molinos de viento. Se ocupó de los molinos cartageneros con mucha más generosidad que con los de Almería; le hice la observación y dijo que los conocía bien, andaba en su estudio y los sabía primos de los de Murcia… y yo pensé: ¿Primos nada más? Más se tocan, al menos dos veces hermanos, por molinos y por murcianos,  que comparten tradición y velas con Grecia, Italia, Baleares… Molinos levantinos y mediterráneos que eran de viento, porque de los otros, los de agua, aunque los había, las más de las veces no la tenían y el viento en cambio sobraba. Fue siempre la nuestra, tierra acogedora para el molino, abuelo de la molineta, de los molinillos de colores y de los molinazos que empequeñecen nuestros paisajes... Pionero de las energías renovables era sin darse ni un punto de pote, con esa sencillez con la que se hacen siempre las cosas grandes.

Apostados en lomas y cerros o en las bocas de las ramblas, cazadores eran a la espera de los vientos como si de tórtolas se tratara, animaron, con blanco revoloteo, nuestro paisaje provincial. Y en la misma ciudad, como tuve ocasión de ver hará cuarenta años, en un grabado del siglo XVIII de la Virgen del Mar, desaparecido del Archivo Municipal, donde era custodiado, ya ven con qué celo... Era un ingenio que para atrapar viento se había encaramado a una defensa de la ciudad formando un híbrido: el molino-torre o la torre-molino del Obispo, sobre la penúltima muralla (...) “a la orilla del mar a la izquierda del camino que cae a la rambla de la puerta del Sol” -más o menos sobre Martinez Campos, esquina al Parque- y allí estuvo hasta que siendo ya propiedad de don José Esquina fue demolido con otros restos de fortificaciones de la ciudad en 1855.

En la barriada de Los Molinos de Viento había uno propio de don Gaspar Núñez en 1849, año en que por iniciativa de este señor se levantó otro en aquel llano, pero no fue a este al que debe el nombre su pluralización, que por entonces ya la tenía, según confirmaba la existencia documental de otros molinos allí instalados no sabemos si por la idoneidad de los vientos o por su inmediatez a El Diezmo, la fortaleza del siglo XVI que aún se  conserva, maltratada y en abandono como si Almería tuviera miles, y en la que se custodiaban los granos que habrían de  masticar las piedras molineras, las volaeras, sacadas de El Quemadero extramuros de la capital y las basas, que eran de El Viso, en tierras de Níjar.

De aquellos dos molinos solo queda el que el tiempo ha dejado de muestra, el de los Díaz, así llamado desde hace cincuenta años, cuando los carniceros de este apellido, lo remozaron para adorno del restaurante que allí montaron, siendo rearmado con aspas planas, no con las velas que le corresponden por su condición mediterránea. Y es que nos ha calado tanto Cervantes que no podemos decir molino sin dibujar mentalmente el manchego… ¡Será este el único mal que El Quijote ha hecho!

El cabo de Gata, el campo nijareño, es la tierra especialmente molinera de nuestra provincia con más de treinta y tantos ingenios: el pueblo de Níjar; Boca de los Frailes, del que sólo queda la obra se techó para otros usos; Pozo de los Frailes, al que llegué a ver con máquina en 1985; Albaricoques; San José; Mónsul, restaurado pero sin máquina; Genoveses, Fernán Pérez, Escullos; Aguamarga, Tierra Colorá, Las Negras…

En 1957 una orden paralizó para siempre todas las piedras de los molinos particulares de España. Sin uso, cayeron pronto en el abandono y quedaron los más de ellos desanimados, sin la máquina corazón que los movió un su día, y otros en ruinas, cuando no desaparecidos o hechos topónimo que es a lo que suele reducirse, tarde o temprano, la obras de del hombre: en Almería Molino Cepero, hoy un mero topónimo, calle de la Almedina, con una plaza en alto que a mi se me antoja emplazamiento molinero. Roquetas en la escritura de una subasta pública de 1875 se habla de una huerta sita en el camino de Dalía y “pago del Molino de Viento" del que no queda ni rastro.

Hoy son las muestras no muy lejanas de nuestra arqueología industrial. Su movimiento, sólo evocado, lo produce el viento de la imaginación nuestra. El chapitel, que así se llama el tejado giratorio del molino con la larga guía de madera fijada al suelo nos permite saber qué vio en su última molienda e imaginar una ventolera de Almería y en ella al molinero tratando de encarar las velas al viento, unas veces al terral o al solano y otras al tramontana, jaloque, granaíno y lebeche y las más de las veces bregando exhausto con los del Este y del Oeste, ciscándose unas veces en la madre que parió al levante…y otras ¡En la madre que parió al poniente!

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