Almería

Las Salinas: Fin de obras en octubre y agua antes de verano en la Reserva

  • Los trabajos para recuperar el circuito de agua de mar que alimenta la albufera avanzan conforme el plan que  devolverá la icónica imagen del Cabo el próximo año

Impactante imagen de las salinas secas. Al fondo, una de las máquinas empleadas en su limpieza

Impactante imagen de las salinas secas. Al fondo, una de las máquinas empleadas en su limpieza / Javier Alonso

Muestra el aspecto de una extensa piel agrietada que clama el auxilio de hidratación urgente, tan impactante como alejado de aquel humedal icónico de Las Salinas de Cabo de Gata. Secas desde el verano, sin una gota de agua y sin las cientos de aves que habitualmente allí habitan o recalan para descansar en sus migraciones intercontinentales. La cuenta atrás para rescatar esta Reserva de la Biodiversidad la marcará la conclusión de las obras emprendidas para recuperar el canal que alimenta de agua a las lagunas. Los trabajos progresan conforme el cronograma marcado con vistas al próximo mes de octubre, cuando el agua del mar comenzará de nuevo a correr por las antiguas galerías, cavadas bajo la gran montaña que remata el paisaje, para volver a colmar las 440 hectáreas que, aproximadamente, conforman estas salinas. Aunque las obras estarán finalizas en octubre, se necesitarán meses para rellenar esta basta superficie y poder celebrar el retorno de los flamencos.

Su contemplación es la primera parada inevitable al llegar al Cabo. Allí, en el mirador o punto de observación donde esperan los escarabajos negros, se abre el extenso secarral en el que se ha convertido este ecosistema reconocido por la UNESCO desde que los temporales de lluvias de abril provocaran la obturación de la galería que nutre de agua del mar a la albufera.

No es una tubería al uso, actual, ni se encuentra en la zona marítima que discurre en paralelo a este humedal. Dejando atrás La Almadraba de Monteleva, los trabajos de la Unión Salinera (de la multinacional francesa Salims), conducen a La Fabriquilla. Al lado del bar de toda la vida, el de Antonio y Consuelo, hay un primer vallado que impide continuar el camino ya sin asfaltar, aunque permite seguir la ruta a pie de orilla en la que sigue habiendo bañistas tostándose al sol. Un segundo vallado cierra el acceso a la ‘zona cero’, que unas cuantas décadas atrás perdía su arena. En estas rocas, situadas en las faldas de la montaña, es donde se encuentran operando los expertos contratados.

La ‘zona cero’ de los trabajos en La Fabriquilla La ‘zona cero’ de los  trabajos en La  Fabriquilla

La ‘zona cero’ de los trabajos en La Fabriquilla / Javier Alonso

“Cualquiera que lea las informaciones, lo que le viene a la cabeza es una tubería, pero es una galería hecha a mano hace no se sabe cuánto tiempo en mitad de una montaña”, explican, recordando, de paso, el origen de las salinas y los vestigios romanos de Cabo de Gata.

El sistema salinero captura en este punto montañoso el agua del mar, que es ascendida por las antiguas conducciones para recorrer luego la distancia que separa La Fabriquilla de Las Salinas.

Al estar situados estos canales bajo la montaña, la escorrentía de la primavera arrastró piedras y otros elementos causando daños en estas galerías y cegando unos 400 metros, la mitad de su longitud.La causa de la desecación de la albufera no es solo la lluvia. La climatología no fue benévola con los zancudos y la ola de calor empeoró la situación. “Si esto hubiera pasado en enero y no antes del verano, aquí habría agua”, comenta un lugareño, que intenta observar a través del vallado lo que no se puede ver a simple vista en este espacio de obras: hay habilitados unos accesos, a modo de pequeñas cavidades, por las que los trabajadores acceden al interior de las galerías.

“No es una mera cuestión de entrar y sacar piedras y todo aquello que esté cerrando el circuito de agua. Es –indican– un trabajo de minería”, en el que se emplean medios manuales y mecánicos. Comenzó el 1 de agosto (dos meses después de que se diera la voz de alerta sobre la desecación de la albufera, cuestión muy criticada por los grupos ecologistas), con el objetivo de recuperar el bombeo de agua del mar a lo largo del mes de octubre .

Lo ha manifestado el consejero de Desarrollo Sostenible, Medio Ambiente y Economía Azul (y anterior alcalde de Almería), Ramón Fernández-Pacheco, en recientes declaraciones a los medios de comunicación y lo confirman fuentes consultadas por este periódico próximas a las obras. Según las mismas, los trabajos avanzan al ritmo correcto y la Unión Salinera espera poder recuperar el agua del mar en el plazo comprometido con la Junta de Andalucía y, por qué no, también con la sociedad almeriense, muy pendiente de la evolución de esta joya del parque natural.

Así se espera poder informar el mes que viene de la finalización de estas tareas, lo que no significa que Las Salinas ofrezcan tan pronto la estampa acostumbrada de paisaje único. Como antes se apuntaba son más de 400 hectáreas de parque terrestre y marino, por lo que es imposible su llenado inmediato, sino que de forma progresiva Almería irá recuperando el humedal de Cabo de Gata, haciendo la naturaleza el resto.

La pregunta del millón que le sigue a la conclusión de las obras es cuándo habrá agua en las salinas. Aunque ha corrido el rumor de que ya había vuelto, o estaba empezando a brotar (el origen puede ser la balsa que aún conserva agua y donde días atrás podían verse algunos pocos flamencos), lo cierto es que será un proceso lento y que se adentrará en 2023. Las mismas fuentes consultadas aseguran que el parque natural recuperará la imagen icónica de esta Reserva antes del próximo verano.

La activación de los motores que impulsan el agua del mar también hará circular a pequeños peces, moluscos y micro organismos, que sirven de alimento a la gran cantidad de especies de aves que aquí se alojan, en su mayoría (un 70%, aproximadamente), de forma temporal, dado que se trata de un punto estratégico en la ruta África-Europa de migraciones y es esencial también, como apuntan las investigaciones, para la hibernación de muchas aves.

Entre las migratorias hay, o había hasta este año, cigüeñas y garzas, aunque el protagonismo siempre se lo han llevado los flamencos rosas. A estos divos de Cabo de Gata no les ha quedado más remedio que buscarse las ‘migas’ en otros lugares de Almería. Muchos de ellos se han desplazado al poniente almeriense, encontrando acomodo, según informan, en las salinas de Roquetas de Mar (Punta Entinas). Otros, han emprendido vuelo en solitario. De hecho, dos ejemplares desorientados han sido rescatados en la barriada mojaquera de Sopalmo y en Carboneras.

Mientras que las aves se han buscado literalmente la vida en otros lugares, en el secarral de Las Salinas sigue habiendo actividad, extrañamente humana. De forma paralela a los trabajos para desobstruir el canal de agua en La Fabriquilla, pueden verse algunos trabajadores recorriendo la parte central del humedal y también máquinas, algo impensable teniendo encuentra las medidas y reglas de conservación que rigen en la albufera, acotada en toda su extensión para impedir el paso de personas.

La vivida es una situación inédita. Nunca, o al menos que se recuerde, estas charcas han estado en su totalidad y totalmente secas. Así que de la crisis a la oportunidad. La Unión Salinera está aprovechando para realizar una limpieza de las salinas, que van a ganar en profundidad.

El agua de mar es rica en componentes. En las lagunas se van depositando y conformando capas solidificadas, que están siendo retiradas y de las que se extrae gypsum. Es yeso natural, sulfato de calcio, que se emplea en los fertilizantes agrícolas y también es muy utilizado en las obras.

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En esta imagen puede observarse el resultado de las tareas de limpieza / Javier Alonso

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