La bacteria que te hace más fuerte vive en tu intestino: un hallazgo entre Almería y Granada

Un estudio con participación de la Universidad de Almería y la Universidad de Granada detecta que la bacteria intestinal Roseburia inulinivorans se asocia con mayor masa muscular y hasta un 29% más de fuerza en adultos mayores

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Ilustración del intestino humano con la bacteria Roseburia, asociada en un estudio con mayor fuerza muscular.
Ilustración del intestino humano con la bacteria Roseburia, asociada en un estudio con mayor fuerza muscular. / DDA

Un equipo de investigadores de la Universidad de Almería y la Universidad de Granada, en colaboración con el Leiden University Medical Center de Países Bajos, ha identificado una bacteria intestinal asociada con músculos más fuertes y mejor condición física. El hallazgo refuerza la idea de que existe una conexión directa entre la microbiota intestinal y el rendimiento muscular.

El trabajo sitúa en el centro al género bacteriano Roseburia, presente en el intestino humano, cuya abundancia se relaciona con mayor masa muscular y mejores indicadores de fuerza. Los científicos plantean que determinados microorganismos intestinales podrían influir en la capacidad física a través de procesos metabólicos que afectan al músculo.

Según explica el catedrático de la Universidad de Granada Jonatan Ruiz, investigador del Instituto Mixto Universitario Deporte y Salud (iMUDS), los resultados respaldan la existencia de un eje biológico intestino-músculo en el que ciertas bacterias intestinales modulan positivamente el metabolismo muscular y la fuerza.

La investigación también ha detectado que esta bacteria es menos abundante en personas mayores que en adultos jóvenes, un dato que coincide con la etapa de la vida en la que se produce una pérdida progresiva de masa muscular.

En este contexto, el investigador de la Universidad de Almería Borja Martínez Téllez apunta que el descubrimiento abre la puerta a nuevas estrategias de salud. “Existe la posibilidad de que esta bacteria pueda utilizarse en el futuro como probiótico para ayudar a preservar la fuerza muscular durante el envejecimiento”, explica.

Bacterias intestinales y rendimiento muscular

Para analizar la relación entre microbiota intestinal y condición física, el equipo científico estudió muestras de heces de 90 adultos jóvenes sanos, con edades entre 18 y 25 años, y de 33 adultos mayores, de 65 años o más.

Los participantes realizaron distintas pruebas físicas destinadas a medir su fuerza y su capacidad cardiorrespiratoria. Entre ellas se incluyeron pruebas de prensión manual, evaluaciones de fuerza en las piernas y en el tren superior, además de mediciones del consumo máximo de oxígeno, un indicador clave del rendimiento cardiovascular.

Entre los numerosos grupos bacterianos detectados en el análisis microbiológico, destacó especialmente Roseburia inulinivorans, cuya presencia se asoció con mejores indicadores de condición física.

En el caso de los adultos mayores, aquellos que presentaban esta bacteria mostraron un 29% más de fuerza de prensión manual en comparación con quienes no la tenían. En los adultos jóvenes, una mayor abundancia de la misma se relacionó tanto con una mayor fuerza como con mejor capacidad cardiorrespiratoria.

El estudio también analizó otras especies del mismo género. Roseburia intestinalis mostró relación con la fuerza de piernas y del tren superior en adultos jóvenes, mientras que R. faecis y R. hominis no presentaron asociaciones claras con los indicadores físicos analizados.

La conexión entre intestino y músculo

Para comprobar si esta bacteria puede influir directamente en el funcionamiento del músculo, los investigadores realizaron experimentos con ratones de laboratorio.

Tras reducir temporalmente la microbiota intestinal de los animales mediante antibióticos, los científicos introdujeron cepas humanas de la bacteria una vez por semana durante ocho semanas.

Los ratones que recibieron la bacteria mostraron un aumento aproximado del 30% en la fuerza de agarre de las extremidades anteriores en comparación con los animales que no la recibieron.

Los análisis posteriores también revelaron cambios en la estructura muscular. Los animales desarrollaron fibras musculares de mayor tamaño y una mayor proporción de fibras tipo II, las responsables de movimientos rápidos y potentes, en el músculo sóleo de la pantorrilla.

Estos cambios estructurales se acompañaron además de modificaciones metabólicas en proteínas y enzimas relacionadas con la producción de energía muscular.

Los investigadores subrayan que el estudio presenta algunas limitaciones. En los experimentos con ratones, las bacterias humanas introducidas no colonizaron permanentemente el intestino y no se analizaron en detalle ciertos mecanismos biológicos, como las vías inflamatorias o la señalización neuromuscular.

Por ello, el equipo científico considera necesario realizar investigaciones a largo plazo para determinar si los cambios en los niveles de Roseburia inulinivorans pueden causar directamente mejoras en la función muscular o si su presencia es simplemente una consecuencia de un organismo más activo.

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