"En menos de un año en Perú he celebrado más bautismos que en mis últimos quince en Almería"
Después de 24 años de sacerdocio en la provincia, Antonio Manuel Hernández, se marchó a Piura (Perú): "La misión nos invita a tener una perspectiva más católica, yo hago presente a Almería en Perú todos los días, la Iglesia diocesana se hace más presente allí”
“La ayuda que nos envía Manos Unidas es para salvar vidas”
Tras 24 años de sacerdocio en Almería, Antonio Manuel Hernández Belmonte decidió ser misionero en Piura (Perú). Es uno de los cerca de 6.000 sacerdotes españoles desplazados a Hispanoamérica. De padres gasolineros, con una vida religiosa y caritativa muy arraigada, desde niño sentía una fuerte atracción por la vocación misionera. Su oportunidad llegó el año pasado y aterrizó en Piura, en la costa peruana, una población muy joven: un tercio de la población tiene menos de 25 años. Allí está junto a otro sacerdote palentino atendiendo una parroquia inmensa de 100.000 habitantes, con 17 capillas, y acompañando especialmente a los jóvenes.
“Ser joven en Piura no es sencillo”, explica Hernández Belmonte. Las dificultades económicas empujan a estos chavales a trabajar desde muy pronto, estar en deuda con toda su familia para poder estudiar… Además, la realidad del abandono del padre es muy común en las familias, lo que atormenta a los chicos, que no paran de plantearse “por qué me ha dejado, por qué no nos ayuda, por qué no nos quiere”. En cuanto a las niñas, hay una realidad silenciada de abusos dentro del hogar, que ellas llevan con gran culpabilidad, y gracias al sacerdote están descubriendo una nueva forma de afrontarlo todo. En ese sentido, “la parroquia se convierte en un referente para los jóvenes”.
Antonio Manuel es, ante todo, sacerdote diocesano. En sus 24 años de entrega sacerdotal en Almería ha trabajado en parroquias en el interior, con inmigrantes en la zona de invernaderos… “Pero la misión nos invita a tener una perspectiva más católica, yo hago presente a Almería en Perú todos los días, la Iglesia diocesana se hace más presente allí”, explica este misionero que cumple sus bodas de plata sacerdotales a pleno ‘rendimiento’ en Perú. “He celebrado en este tiempo más bautismos que en mis últimos 15 años en Almería, más unciones y confirmaciones que en toda mi vida de sacerdote”, explica.
Una experiencia que curte: el caso de Adamuz
Cuando los sacerdotes misioneros de la OCSHA regresan a sus diócesis de origen, lo hacen con una experiencia que enriquece su sacerdocio para siempre. Es el caso del padre Rafael Prados Godoy, el párroco de Adamuz, que acompañó desde el primer momento a todas las víctimas del accidente del pasado 18 de enero. Él estuvo cuatro años en Perú, en Moyobamba, a través de la OCSHA. “En Perú no viví nada parecido, pero si unas pocas desgracias, y eso me dio velocidad de reacción. La experiencia que podría haber conseguido aquí en diez o quince años, la conseguí allí en cuatro”, explicaba a Obras Misionales Pontificias, en el programa de Radio María "Misión posible" hace unas semanas.
Entre otras muchas, vivió el COVID-19, que en sus propias palabras, “en la selva de Perú fue mucho peor que aquí”. El párroco de Adamuz recuerda cómo “en los hospitales no había máquinas de oxígeno, sino que todo iba por bombonas, por lo que cuando a un familiar se le iba a acabar, llegaba un médico y le decía ‘le queda una hora de oxígeno… ¡Busca!’”. Por eso, el padre cree que su experiencia en la misión “me ha ayudado a no quedarme mirando a la pared o pensando en los laureles”.
130 sacerdotes españoles en Hispanoamérica
El Día de Hispanoamérica, organizado por la Comisión de Misiones y Cooperación con las Iglesias de la Conferencia Episcopal Española, busca poner en valor la presencia de la Iglesia en América y su labor en el desarrollo de los pueblos americanos. Y en este día se pide la colaboración económica para apoyar a los sacerdotes de la OCSHA (Obra de Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana). En la actualidad hay 130 sacerdotes de la OCSHA repartidos por 17 países de América, incluido Estados Unidos.
El país con más de estos misioneros es Perú, con 45. Y la diócesis con más sacerdotes misioneros de esta institución es Toledo, que tiene 27. Estos sacerdotes tienen encargos pastorales de toda índole: parroquias, colegios, seminarios, hospitales…, también hay obispos, que marcharon como sacerdotes a alguno de esos países y la Iglesia les pidió asumir la responsabilidad pastoral de algún vicariato o diócesis.
Fue el 4 de junio de 1949 cuando la Junta de los Metropolitanos de España, antecedente de la Conferencia Episcopal, creaba la OCSHA. Tenía como propósito paliar la escasez de sacerdotes que sufrían una gran parte de las diócesis de América Latina. Los sacerdotes de la OCSHA mantendrían su vinculación a su diócesis de origen, la Iglesia que los había enviado, mientras desarrollaban su labor misionera en la Iglesia de acogida. Como sacerdotes Fidei Donum -según la expresión consagrada por Pío XII en la encíclica Fidei Donum de 1957-, hacían que la iniciativa misional partiese también de las diócesis y no en exclusiva de las órdenes y congregaciones religiosas, haciendo de la tarea misional un esfuerzo universal de la Iglesia.
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