África y Europa colisionan y convierten a Málaga, Almería, Granada y Murcia en el epicentro sísmico de España
Un proceso geológico profundo y continuo mantiene al sureste bajo la mayor peligrosidad sísmica de España
Granada, Málaga, Murcia y Almería se deforman ya en el sentido de las agujas del reloj
El sureste de España —Málaga, Almería, Granada y la Región de Murcia— se asienta sobre la zona con mayor peligrosidad sísmica del país. No se trata de una amenaza puntual ni de episodios aislados, sino de un proceso geológico profundo, continuo y activo desde hace millones de años, que sigue deformando el terreno y acumulando energía bajo estas provincias. La causa es clara: la colisión lenta pero constante entre las placas de África y Europa.
Ese empuje no se produce de forma uniforme en toda la Península Ibérica. En el sureste, la presión entre ambos continentes se concentra en una región especialmente compleja: el mar de Alborán y las Cordilleras Béticas. Allí, los movimientos tectónicos se canalizan a través de un entramado de fallas activas que atraviesan tanto tierra firme como el fondo marino, manteniendo a la región en un estado de tensión permanente.
El desplazamiento entre África y Europa es de apenas unos milímetros al año, pero su efecto es acumulativo. Durante décadas o siglos, la energía se va almacenando en el subsuelo hasta que se libera de forma brusca en forma de terremotos. La historia demuestra que este proceso ha sido capaz de generar seísmos muy destructivos y que puede volver a hacerlo.
Por qué el sureste concentra el mayor riesgo sísmico
La clave está en la complejidad tectónica del área. Entre África y Europa se encuentra la llamada microplaca de Alborán, un bloque intermedio que se desplaza lentamente hacia el oeste y actúa como una cuña sometida a enormes esfuerzos. Este comportamiento genera distintos tipos de fallas: unas comprimen el terreno, otras lo estiran y otras lo desplazan lateralmente.
El resultado es una región donde la sismicidad no es excepcional, sino parte de su dinámica natural. Málaga, Granada, Almería y Murcia se sitúan sobre este sistema activo, lo que explica que concentren la mayor parte de los terremotos registrados en la península.
Lo que ocurre bajo tierra: un proceso profundo y singular
Bajo las provincias de Granada y Málaga se desarrolla uno de los fenómenos geológicos más singulares de Europa. Estudios geofísicos han demostrado que parte de la capa profunda de la Tierra en esta zona se está desprendiendo y hundiendo hacia el manto, un proceso conocido como delaminación.
Este fenómeno explica la existencia de terremotos a profundidades inusuales, incluso superiores a los 600 kilómetros bajo Granada, algo muy poco común en el continente europeo. La entrada de material caliente desde el interior de la Tierra altera el equilibrio del subsuelo y contribuye a mantener activa la sismicidad del sureste.
Terremotos históricos que marcaron el territorio
El riesgo no es teórico. En 1522, un terremoto de intensidad extrema destruyó Almería y arrasó completamente Vera, donde colapsaron todas las viviendas y murieron más de 2.500 personas. En 1829, el terremoto de Torrevieja devastó amplias zonas de Murcia con intensidades cercanas al máximo de la escala.
El episodio más mortífero de la era moderna se produjo en 1884 con el terremoto de Arenas del Rey, en Granada. Con una magnitud estimada de 6,5, causó alrededor de 1.500 muertes, la destrucción de miles de edificios y numerosos deslizamientos de tierra en la comarca.
Estos episodios confirman que el sureste peninsular es capaz de generar terremotos muy destructivos, tanto en tierra como en zonas próximas a la costa.
Señales recientes de una actividad constante
En las últimas décadas, la actividad sísmica ha seguido presente. El terremoto de Lorca en 2011, de magnitud moderada, causó nueve muertos y más de 550 millones de euros en daños debido a su escasa profundidad y cercanía al núcleo urbano. Fue una demostración clara de que incluso seísmos no extremos pueden tener consecuencias graves.
Entre 2020 y 2021, la Vega de Granada registró un enjambre sísmico con decenas de terremotos que provocaron daños valorados en 17,7 millones de euros y un fuerte impacto psicológico en la población. En 2016, un seísmo de magnitud 6,3 en el mar de Alborán se sintió con fuerza en Málaga y Almería.
El riesgo de tsunami en el mar de Alborán
Durante años se consideró bajo el peligro de maremotos en esta parte del Mediterráneo, pero investigaciones recientes han cambiado esta percepción. La Falla de Averroes, situada en el mar de Alborán, presenta un desplazamiento vertical capaz de generar tsunamis en caso de un gran terremoto.
Los estudios indican que un seísmo de magnitud 7 podría producir olas de hasta seis metros. La proximidad a la costa reduce el margen de reacción: un tsunami tardaría unos 20 minutos en alcanzar Almería o el norte de Marruecos, y poco más de media hora en llegar a Málaga.
Suelo, edificios y vulnerabilidad urbana
El impacto de un terremoto no depende solo de su magnitud. El tipo de suelo y las características de los edificios son factores determinantes. En ciudades como Granada, los suelos blandos de la cuenca sedimentaria amplifican las ondas sísmicas, aumentando el daño potencial.
Además, una parte significativa del parque de viviendas del sureste fue construido antes de la normativa sismorresistente de 2002. En Lorca, el 80 % de los edificios dañados tuvo que ser demolido, un precedente que sigue siendo una referencia preocupante.
Vigilancia y prevención ante un riesgo permanente
La ciencia no puede predecir cuándo ocurrirá un terremoto, pero sí puede evaluar escenarios de riesgo. El sureste peninsular acumula más de un siglo sin un gran seísmo en tierra firme, lo que no implica tranquilidad, sino acumulación de energía en las fallas activas.
En marzo de 2025, el Gobierno aprobó el Plan Nacional de Vigilancia Sísmica, coordinado por el Instituto Geográfico Nacional, que refuerza la red de estaciones, mejora la detección de fallas activas y permite estimar daños con rapidez para facilitar la respuesta de Protección Civil y la UME.
Vivir en una zona sísmica activa
La colisión entre África y Europa continuará durante millones de años. El riesgo cero no existe, pero la preparación reduce las consecuencias. Conocer las zonas seguras de las viviendas, asegurar muebles y actuar con rapidez tras un seísmo fuerte son medidas esenciales.
En caso de un terremoto importante en la costa, la recomendación es clara: alejarse inmediatamente del mar y dirigirse a zonas elevadas. Asumir que la sismicidad forma parte de la realidad del sureste es el primer paso para convivir con ella con información, prevención y responsabilidad colectiva.
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