Los escudos de los pueblos de Almería. Pataditas a la Heráldica Municipal

Almería

A sus errores y falsedades de la ciudad de El Ejido de los años 80 voy a dedicar estas líneas, limitándome a los blasones de los pueblos y dejando el de la capital para mejor ocasión.

Pataditas a la Heráldica Municipal
Pataditas a la Heráldica Municipal / José Luis Ruz Márquez
José Luis Ruz Márquez

12 de marzo 2023 - 08:00

Cuando en 1980 trabajaba en dotar de escudo heráldico a la recién renacida ciudad de El Ejido, recibí varias propuestas, todas pintorescas entre las que destacaba una que venía a retratar sus invernaderos y más que escudo era paisaje sin tener en cuenta que no está la heráldica para hacer un cuadro sino crear un símbolo fácil de identificar atendiendo siempre a la forma, la heráldica regida por sus normas, y al fondo, la historia y otras circunstancias en las que se fundamenta.

Desde la llegada de los Reyes Católicos en 1488 casi cuatro siglos anduvo la tierra de Almería con los escudos municipales que se contaban con los dedos de una mano: los tres concedidos por el emperador Carlos, Mojácar, Purchena y Vera y los dos de ignoto origen, Almería y Fiñana. Y así continuaría, con la sola excepción del de Laujar, del siglo XVII, hasta que terciado el XIX se inicia a cuentagotas la creación de blasones que acabará ya en los últimos cincuenta años con una generalización tal que hoy lo raro es encontrar algún pueblo que carezca de blasón.

Usa Bentarique en su escudo un ángel armado que a lomos de un dragón navega sobre las olas, una figura que aunque tiene porte heráldico y parece más que la propagación, la imposición de la fe a espadazo limpio, es sin embargo un simple motivo decorativo proporcionado a los ayuntamientos por las imprentas en la segunda mitad del siglo XIX para motivo de sus sellos municipales y ahí están para demostrarlo el del propio Bentarique… o el de Berja que pronto, coincidiendo con la concesión del título de ciudad en 1876, echará al cajón el sello de aquel ángel peleón y comenzará a usar un escudo con un casco del que pende la hojarasca que adorna exteriormente al blasón, un timbre propio de la heráldica de linajes, familiar…

A Lubrín que como componente del estado de Sorbas debería llevar el escudo de los López de Haro, "con aquellos dos lobos fieros / y en la boca dos corderos / con orla de dos metales", le han endilgado los cuadritos de Álvarez de Toledo de los Alba que poseyeron el señorío a raíz de que el duque Francisco de Toledo diera el braguetazo del siglo, en 1688, al casar con Catalina de Haro y Guzmán marquesa de El Carpio.

Ilustración del folclórico escudo "Hispalis"
Ilustración del folclórico escudo "Hispalis" / José Luis Ruz Márquez

La localidad de Uleila del Campo sin encomendarse a Dios ni a la Historia, adoptó el escudo de un funcionario, un gobernador del estado señorial apellidado Laynez Manuel quien estará viendo desde el más allá su escudo familiar, la espada en la mano alada, blasonando el pueblo y le habrá provocado risa lo que, en sus días de vivo, en el siglo XVIII, le hubiera causado miedo conociendo las malas pulgas que se gastaba la excelentísima señora duquesa del Infantado.

Y casos hay de escudos muy aceptados por acertados como el de Laujar del siglo XVII al que su propio ayuntamiento ha alterado recientemente al suprimirle, con un par, el par de cuervos que es su figura principal por clara alusión a San Vicente Ferrer, patrón de la villa, algo así como si al escudo de Madrid le hubieran quitado el oso. Aunque quiero creer que es cosa de ignorancia, ganas me dan de achacarlo a maldad a la vista del empecinamiento en mantenerse en el disparate: por más que uno insista para su corrección, el ayuntamiento

es la respuesta cantada de la Piquer lo que te da: "no me lo cuente vecina que no me quiero enterá…"

Algo que choca con la capacidad de corregir del ayuntamiento de Alhabia que hará treinta o cuarenta años solventó la falta de blasón municipal sin tan siquiera salir del pueblo: vió en la carretera uno de piedra sobre la puerta de una casa hidalga del siglo XVIII y lo copió y por unos años fue representación de aquel consistorio el blasón familiar de los Carbonel, un linaje levantino venido en 1573 a poblar cuando los moriscos perdieron la partida…

Frecuente es también el error heráldico de reproducir el monumento local significado tal como en la realidad es y así tenemos a Abla usando una ermita singular, a juego con sus extraños patronos Apolo, Isacio y Crotato… o Carboneras reproduciendo tal cual su isla y castillo de San Andrés…

Ilustración del escudo en homenaje al vino
Ilustración del escudo en homenaje al vino / José Luis Ruz Márquez

Y qué me dicen cuando el escudo recibe tratamiento de heráldica familiar y multiplica cuarteles lo que dificulta su rápida identificación tal como ocurre con los de Huércal Overa, Berja, Garrucha… todos`con el clásico error de la publicidad antigua temerosa siempre del vacío. Otras veces es en la posición de las figuras donde reside el error: la barca de frente pinta en su escudo Carboneras, como si retrato fuera de un delincuente peligroso que se nos viene encima; Dalías ha situado el barco -su figura principal y no sé por qué viquingo- en cuarto perfil, como si del retrato de una novia se tratara.

Partaloa fue de don Diego Hurtado de Mendoza, duque del Infantado, por merced que le hicieron los Reyes Católicos… no se entiende que un escudo con una banda de oro engolada de dragantes haya suplido al aspado mendocino que grita cabreado desde su lema: "¡Ave María gratia plena!".

Pulpí adoptó para su primer cuartel las armas de Vera en recuerdo de la dependencia que de ella tuvo hasta su emancipación en 1862 y es algo plausible; no así que el nuevo blasón se haya puesto en el pecho del águila imperial que fue una concesión exclusiva de Carlos V para el escudo de la ciudad matriz.

La monarquía impone como timbre la corona real cerrada, sin que falten otros más o menos singulares: unos por primitivos como las coronas abiertas y otros por caprichosos que ya me dirán ustedes el porqué del yelmo de caballero que timbra el escudo virgitano, o el de la corona republicana en los escudos de Sorbas y Provincial, creaciones ambas de posguerra; como no hay justificación alguna para el coronamiento del blasón de Dalías: una voluta con vocación de croissant… Caprichitos de pastelería. Pataditas a la Heráldica Municipal.