Jugar sobre grietas en Almería: la pista rota de Plaza Anzuelo

El asfalto resquebrajado por las lluvias y la falta de luz marcan el día a día de la pista infantil en Pescadería-La Chanca

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El asfalto de la plaza Anzuelo presenta grietas antiguas que las últimas lluvias han ensanchado.

La pista de la plaza Anzuelo no es una instalación deportiva al uso. Es asfalto, sin más. Un rectángulo irregular con dos canastas y porterías donde los niños siguen jugando pese a las grietas abiertas tras las últimas lluvias. No hay focos. No hay pavimento técnico. Solo suelo agrietado y encuentros improvisados cada tarde.

El firme está fuertemente cuarteado en varios puntos, con fisuras longitudinales y transversales que atraviesan la superficie de juego. En algunas zonas el asfalto se ha levantado y presenta pequeños desniveles. El deterioro no es puntual: afecta a buena parte de la pista y condiciona cada carrera, cada bote de balón y cada giro.

Las porterías metálicas permanecen ancladas sobre el pavimento roto. Las canastas, instaladas directamente sobre el asfalto, siguen siendo el punto de reunión habitual. No hay cerramiento perimetral específico ni señalización deportiva. Es un espacio abierto, integrado en la plaza, que funciona como cancha por costumbre más que por diseño.

El problema se ha acentuado tras las últimas lluvias, según explican los vecinos. El agua ha terminado de abrir grietas que ya existían y ha dejado zonas visiblemente resquebrajadas. No se trata de un simple desgaste superficial: el firme presenta fracturas que pueden provocar tropiezos.

Un lugar de reunión histórico en el barrio

La pista, pese a su precariedad, tiene valor simbólico en Pescadería-La Chanca. Allí se citan a diario niños y adolescentes del entorno. No es solo deporte: es punto de encuentro. Un espacio que, aunque básico, cumple una función social evidente.

José Campoy, presidente de la Asociación de Vecinos Pescadería-La Chanca “A mucha honra” de Almería, lo resume así: “La verdad es que no son pistas como tal, es asfalto con unas canastas y unas porterías, pero a los niños les saben a gloria y disputan allí sus encuentros. Siempre han estado ahí y siempre ha sido lugar de reunión de los chavales de la zona”.

Las imágenes confirman esa dualidad: infraestructura mínima, uso constante. No hay pintura reglamentaria visible en todo el perímetro ni pavimento continuo. El bote del balón cambia según la zona. Aun así, se juega.

Sin iluminación y sin respuesta municipal

A la degradación del suelo se suma la falta de iluminación. La pista no dispone de focos propios, lo que limita su uso a las horas de luz natural. Cuando cae la tarde, el espacio queda prácticamente inutilizable.

Según los vecinos, se han solicitado puntos de luz y la reparación del firme en al menos tres ocasiones. “Se pidieron focos y arreglo de las pistas, pero no han contestado”, señalan desde la asociación vecinal. Hasta el momento, no se han instalado luminarias ni se ha intervenido sobre el asfalto.

Las imágenes no muestran obras en curso ni señalización de actuación prevista. La pista permanece tal como quedó tras las lluvias: grietas visibles, superficie irregular y uso continuado por parte de los menores del barrio.

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