El "hermano" desconocido del Indalo que una niña de Almería descubrió jugando

Las pinturas rupestres de Aulago: un tesoro de 4.000 años oculto en la Sierra de los Filabres que sobrevivió gracias a la memoria de una niña y terminó en el Museo

Aparecen en Gérgal dos piedras con pinturas rupestres sobre su cara externa

Antonia halló en Aulago dos representaciones de arte Levantino (un cérvido y un bóvido) y un arquero grabado de características similares al de Vélez-Blanco / Rafael González

A veces, la historia más antigua de la humanidad se esconde bajo la mirada inocente de la infancia. Durante años, para Antonia Águila, las rocas de la Sierra de los Filabres no eran más que el escenario de sus juegos de niña en Aulago (Gérgal). Inventaba campamentos y corría entre abrigos rocosos sin sospechar que aquellas manchas rojizas sobre la piedra eran, en realidad, un rastro de vida de hace 40 siglos.

Hoy, lo que comenzó como una curiosidad infantil se ha convertido en uno de los hallazgos de arte rupestre más singulares de la provincia de Almería, con piezas que incluso han tenido que ser trasladadas al Museo de Almería para garantizar su protección.

Un arquero que desafía al tiempo

El hallazgo, que salió a la luz gracias a que Antonia compartió su secreto años después con un vecino estudiante de Historia, reveló un conjunto excepcional. Entre las figuras documentadas destacan un cérvido, un bóvido y, especialmente, un arquero grabado.

Una de las pinturas halladas. Se trata de un bóvido de características levantinas situado en un friso en el que también se localiza un cérvido. / Rafael González

Lo que hace que estas pinturas sean especiales es su dinamismo. Mientras que en la comarca de Los Filabres predomina el arte esquemático (formas simples y estáticas), las figuras de Aulago muestran un movimiento propio del Arte Levantino. De hecho, los expertos han encontrado similitudes asombrosas entre el arquero de Gérgal y los de la famosa Cueva de los Letreros en Vélez-Blanco, cuna del Indalo.

Del muro de un balate al Museo de Almería

La historia de este descubrimiento tiene tintes detectivescos. Dos de los bloques con pinturas no se encontraron en su lugar original, sino reutilizados en un balate de mampostería (un muro de piedra seca). Los antiguos habitantes de la zona, desconociendo el valor de lo que tenían entre manos, usaron las piedras prehistóricas como material de construcción.

Alfredo Valdivia junto a Francisco Llinares, Arturo del Pino, Miguel Águila (primero por la derecha) con familiares. / DDA

Gracias a la alerta de los vecinos y la intervención de la Junta de Andalucía, estas piezas fueron rescatadas, restauradas y hoy descansan bajo custodia en el Museo de Almería, donde se conservan como piezas clave del patrimonio arqueológico provincial.

Un patrimonio que busca su lugar

Pese a su antigüedad —estimada en unos 4.000 años— y su valor artístico, el enclave original en la sierra permanece en una discreta sombra. A diferencia de otros grandes yacimientos, no cuenta con una puesta en valor turística ni señalización específica. Es un recordatorio de que Almería sigue guardando secretos bajo su suelo, esperando que alguien, quizás otro niño jugando en la sierra, vuelva a fijar la mirada donde otros no ven nada.

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