Pedro Molina, exrector de la Universidad de Almería, fallece a los 81 años

Figura clave en el desarrollo de la institución universitaria, estuvo al frente de ella durante ocho años y fue referente para varias generaciones de estudiantes y docentes

Pedro Molina se convierte en Hijo Predilecto de su pueblo

Pedro Molina, exrector de la UAL. / FRAN LEONARDO

El catedrático de Filosofía y exrector de la Universidad de Almería, Pedro Molina García, ha fallecido dejando tras de sí más de cuatro décadas de dedicación a la institución académica almeriense y una profunda huella en la vida universitaria de la provincia.

Nacido en 1945 en la localidad almeriense de Albox, Molina creció en un entorno ligado a la educación. Su padre, maestro de escuela, despertó en él desde muy temprano el amor por la docencia y el compromiso con la formación. Aunque más tarde se trasladó a vivir a Almería, siempre mantuvo un fuerte vínculo con su pueblo natal, del que se sentía profundamente orgulloso. Ese apego fue reconocido cuando el Ayuntamiento de Albox le concedió por unanimidad el título de Hijo Predilecto.

Doctorado en la Universidad de Valencia y catedrático de Filosofía, Pedro Molina desarrolló una extensa trayectoria académica centrada en el estudio del pensamiento contemporáneo. Sus investigaciones abordaron, entre otros temas, la influencia de Martin Heidegger en el pensamiento occidental y el impacto de la teoría marxista en las sociedades industriales avanzadas. Asimismo, realizó estudios antropológicos en el Campo de Níjar.

Vinculado a la Universidad de Almería prácticamente desde su creación, ocupó distintos cargos de responsabilidad antes de asumir el rectorado. Fue vicerrector de Infraestructuras y posteriormente de Profesorado, Calidad e Innovación Docente, etapas en las que contribuyó al crecimiento institucional y académico de la universidad.

La Universidad como forma de vida

El 26 de marzo de 2007 fue elegido rector de la Universidad de Almería, cargo que desempeñó durante ocho años. Tras dejar el rectorado, y después de más de cuarenta años dedicados a la institución, manifestó su satisfacción por el trabajo realizado y su deseo de seguir vinculado al mundo universitario desde la cercanía. Para Molina, la universidad no era solo un lugar de trabajo, sino una forma de vida.

Con su fallecimiento desaparece una figura clave en el desarrollo de la Universidad de Almería y un referente intelectual para varias generaciones de estudiantes y docentes. Su legado permanecerá ligado al crecimiento de la institución y a la vocación académica que marcó toda su trayectoria.

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