Almería

Los primeros residentes de la calle Marchales

  • La calzada que hoy articula el barrio de Los Ángeles se pobló de vecinos, comercios y talleres durante los años 60 y 70

Calle Marchales

Calle Marchales / Javier Alonso

Cuando hace más de 150 años la fábrica de esparto “La Noria”, del británico Guillermo Hall y Leach, se instaló en las afueras de la ciudad, también nació el actual barrio de “Los Ángeles”. Las casitas de los obreros fueron las primeras viviendas. Por eso, hasta bien entrada la década de los 60 del siglo XX, a aquel lugar, que crecía y crecía en negocios y población, se le conocía como “El Barrio del Inglés”.

El nombre de “Los Ángeles” se le adjudicó por la desgraciada muerte del bebé de ocho meses José Antonio Cassinello –un ángel-. Fue el 13 de septiembre de 1928 y desde entonces, ese terreno alejado del centro comenzó a llenarse de vida hasta convertirse en un barrio moderno, populoso y extenso. El Ayuntamiento no tuvo más remedio que planificar, desarrollar y urbanizar adecuadamente la zona. Y ahí nació la actual y larga calle de Marchales. Una vía de casi medio kilómetro que honra a un término agrícola árabe que significa “vega o campo que se labra o tierra baja como pradera”.

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Octavilla publicitaria / D.A.

Cortijo El Forche

Porque la calle Marchales antes era eso, un espacio diáfano de uso rural y agrícola. Había casas de aperos y cortijos, como “El Forche”, donde en 1965 vivía la familia García Gilabert, o el “Villa María”, de los Ruiz Cruz. Hoy, articula el barrio y donde, hace seis décadas, abrieron innumerables comercios, talleres y locales de ocio y residieron miles de almerienses.

La familia de Juan Terriza Giménez (+1995) -casado con la murciana Concha Rueda Sánchez- fue la primera en reconvertir sus sembrados, balates y acequias en viviendas. Hasta 16 bloques levantó, hace 62 años, en la “Huerta Guirado”. Las casas, posteriormente con largos problemas de denuncias y quejas vecinales, se reservaban por 25.000 pesetas y el resto se podía pagar en diez años. Después, Miguel Lozano Román construyó el edificio donde abrió el cine en noviembre de 1968. Y ya la fiebre del ladrillo resultó imparable.

Los primeros residentes de la calle Marchales identificaban su domicilio en el DNI por el dígito de su bloque. Por ejemplo, la familia Vargas Fernández; Francisco Segura López (1914); el jefe de administración de Correos Antonio Gálvez Martín (1891-1964) y su esposa Matilde Mena Ostornol; Isabel Cañizares García (1917-2001); Basilio Crespo Gómez (1948); el empleado de Tabacalera Emilio Ruiz Botella (1896-1975) y su mujer Encarna Luque Aldana (1902-1982); el joven de 19 años Fernando Guillén Aguilera, que falleció en 1969 en un accidente de coche; Leonardo Soriano Pérez; Francisco Gallardo Román y su esposa María Domínguez Ruiz; Prudencio Miranda Nieto; María Luz del Rey Sánchez y su esposo Antonio Diosdado del Castillo; Esperanza Rodríguez Puertas y su marido, el funcionario del Instituto Nacional de Previsión, José Manzano Ramírez (1925-2001), que en 1970 era de los pocos vecinos con automóvil propio, el AL-22766; el contratista de obras Francisco Rodríguez Rosa; Rosa Miras; Toribio López Ferrer; Antonia Gil Marín; Rafael Andújar Magán; Antonio Morata Díaz (1922) o Eduvigis Carvajal Barroso, que en 1973 se hizo famosa por obtener un premio en metálico en un concurso nacional de “Doble Caldo Starlux”. Para localizar a un vecino era imprescindible conocer el número de su edificio, piso y puerta de su casa.

Una casucha impedía el acceso

Vista de la calle Vista de la calle

Vista de la calle / Javier Alonso

En la década de los 70, el Ayuntamiento numeró los inmuebles de la calle, facilitando la labor de los carteros y visitantes. No obstante, la calzada carecía de aceras, no estaba asfaltada y su alineación urbanística era caótica. En la esquina con la Carretera de Granada existía una casucha deshabitada que impedía el acceso fluido de los coches y peatones que entraban al barrio y las nuevas construcciones, transformadores de luz, solares llenos de inmundicias y tapias de ladrillo ofrecían de Marchales una imagen de provisionalidad y desbarajuste. El 10 de septiembre de 1968 el alcalde Guillermo Verdejo Vivas aprobó el proceso para ensanchar, pavimentar y adecentar la calle; pero aquello fue una tortura para los residentes. En septiembre de 1970 comenzaron a oírse las primeras voces reivindicativas por la tediosa y lenta maquinaria administrativa municipal. La urbanización y ordenación de Marchales se alargó hasta bien entrado 1976.

A pesar de ese desorden urbanístico, los locales de la calle comenzaron a poblarse de negocios. Plácido Ruiz García montó un taller de carpintería metálica en julio de 1963; luego se trasladó a la avenida de Los Ángeles, 15. De allí salieron muchos materiales para la construcción de la discoteca “Principal 6”, de Viator, en octubre de 1981. Antonio Sánchez Martínez también era del gremio y montó otra carpintería metálica, en 1965, justo al lado del local de Rafael Fernández Contreras. Por su parte, José Campoy Gil se especializó en el ajuste de piezas mecánicas.

Pila bautismal

José Úbeda Pérez, Luis Marín Díaz y Juan del Águila Ropero abrieron al público sus talleres de carpintería en la calle a mediados de los sesenta. La vinculación de del Águila con el barrio quedó patente al donar al nuevo templo parroquial, bendecido el 11 de abril de 1981, una pila bautismal de mármol blanco macizo. Lo hizo junto a su esposa Carmen Soriano Hernández. También en 1967, Francisco Delgado Padilla pidió permiso al Ayuntamiento para abrir en el número 15 un taller para pulir y barnizar muebles. Manuel Navarro Jiménez tenía un taller artesano de calcetería, en 1973, y Vicente Estrada Guevara una pequeña industria en el número 19. José Cruz García, apodado cariñosamente “El Palomo”, fundó en el número 3 el taller mecánico “Los Ángeles”. Era originario del Campo de Dalías y tanto él como su esposa, Rosalía Maldonado Villegas, eran muy queridos en el barrio. Juan Guirado Guerrero era otro mecánico de coches del barrio, operativo profesionalmente en 1968. Luego se mudó al 302 de la Carretera de Granada y distribuyó la marca Volvo.  

Cuando Los Ángeles aún no tenía mercado municipal, los productos de alimentación y limpieza se adquirían en pequeñas tiendas: la carnicería de Francisco Álvarez Rodríguez, en 1967; los ultramarinos de Antonio Soriano García; el “Spar” de Cristóbal Guerrero y su hermano ya estaba abierto en la Navidad de 1961. La “Farmacia Navarro Oña” (luego “Los Ángeles”, de Belén Tendero), ocupó un local del bloque 3 “D”. Recibió sobre 1967 el visto bueno del Colegio Oficial para su apertura debido al aumento de población de la zona.

Una de las primeras peluquerías de caballeros de la calle Marchales fue la de Florentino Fernández Malvar (1908-21/09/1980). Aunque era gallego y trabajaba en los barcos, se instaló en Almería. En 1972, el negocio ya estaba completamente operativo y su dueño pertenecía a la Asociación de Artesanos Peluqueros. Su hijo Serafín Fernández (1936) fue el peluquero de la calle Conde Ofalia.

Y como donde hay un español, cerca hay un bar, los residentes de la calle Marchales no podían ser menos. En 1965 ya estaba operativa la granadina “Bodegas Castañeda” –de Fernando Rodríguez del Castillo Rodríguez-. En la barra, Antonio Díaz Vilches despachaba el “Coñac Majestad”, “vino Clavileño” y caldos de todos los gustos y procedencias. Se traspasó en 1976 y la taberna se llamó “El Toboso”; sus tapas señeras eran medio pepino cortado, cacahuetes salaos y patatas asadas, que recibieron el sugerente nombre de “perdices”, que tanto se asocia con la felicidad.

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