Almería analiza el riesgo para la población si fallan sus presas a causa del clima extremo

Almería cuenta con presas en las tres categorías de riesgo: A, B y C según su impacto potencial

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Embalse de Cuevas del Almanzora en la provincia de Almería
Embalse de Cuevas del Almanzora en la provincia de Almería / Javier Alonso

Las presas de Almería están bajas. Algunas, muy bajas. Pero el aviso no tiene que ver con sequía ni con reservas al límite. Tiene que ver con lo contrario: con lo que puede caer en pocas horas.

La AEMET, en línea con el IPCC y el CEDEX, sitúa al arco mediterráneo entre las zonas más expuestas al cambio climático, con hasta un 20% menos de precipitaciones en 30 años y un aumento de lluvias torrenciales, lo que obliga a adaptar las presas a un régimen más extremo.

Es por ello que el Ministerio para la Transición Ecológica ha activado un plan nacional de seguridad hasta 2033. El problema no es el volumen almacenado hoy, sino la capacidad de respuesta ante una DANA extrema.

En cuencas mediterráneas cortas y con fuerte pendiente, una tormenta puede generar en horas caudales superiores a la media anual. El riesgo hidráulico no depende solo del nivel, sino de los aliviaderos, los desagües de fondo y la estabilidad estructural.

Clasificación por impacto potencial

La normativa clasifica las presas en categorías A, B y C según el impacto potencial de un fallo. No mide la probabilidad de rotura, sino las consecuencias.

En categoría A se encuentran infraestructuras como Cuevas del Almanzora y La Redonda (Balsa 2), cuyo eventual fallo podría afectar a núcleos urbanos o servicios esenciales. Estas deben presentar informes anuales, revisiones generales cada cinco años y planes de emergencia plenamente implantados.

Las de categoría B, como Celín o Fiñana y parte del sistema Negratín-Almanzora, deben someterse a revisiones cada diez años y mantener planes de emergencia obligatorios.

Las de categoría C, habituales en balsas de regulación vinculadas al regadío, deben realizar revisiones cada quince años con controles técnicos periódicos.

Adaptación climática y capacidad de evacuación

Las revisiones incluyen análisis estructural, estabilidad geotécnica y funcionamiento de aliviaderos. El punto crítico es la capacidad de evacuación frente a avenidas extremas.

Estudios de la AEMET y del CEDEX sitúan al arco mediterráneo entre las zonas más expuestas a la combinación de menor disponibilidad media de agua y mayor intensidad de episodios torrenciales. Menos lluvia anual, pero más concentrada.

A esa presión se suma la sedimentación. Las lluvias intensas arrastran materiales que reducen la capacidad útil de los embalses y afectan tanto al abastecimiento como a la laminación de avenidas.

España prevé invertir más de 4.600 millones de euros hasta 2033 para reforzar la seguridad de las presas existentes. En Almería, con una edad media en torno a 42 años, el desafío no es ampliar infraestructuras, sino garantizar que las actuales resistan un régimen climático más variable.

La revisión no responde a un problema inmediato de volumen embalsado. Responde a un cambio de escenario. En una provincia seca la mayor parte del año, el riesgo ya no es solo la falta de agua, sino la intensidad con la que puede llegar.

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