De solterones a “singles”

Sociedad

No se distinguen por su género, su profesión, su condición social o su edad. Por circunstancias de la vida o por decisión propia, no tienen pareja. ¿Y qué?

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"Singles" disfrutando de tiempo de ocio en común.
"Singles" disfrutando de tiempo de ocio en común. / Freepik

Estar soltero o sin pareja no tiene por qué ser algo malo y no significa sentirse solos. Al revés, puede aportar múltiples beneficios. Pero a algunos esto los causa malestar. La soltería les da miedo, algo que se conoce como anuptafobia, aunque no es el término clínico, aclara el profesor Hierro, de la Universidad Autónoma de Madrid.

Como todas las fobias, la persona con anuptafobia siente un miedo desproporcionado a estar solo en la vida, aunque no suponga un peligro real como tal. “Genera rechazo a una circunstancia vital, al igual que sucede con la claustrofobia, hasta el punto de que le afecta a su vida cotidiana de manera relevante. La idea de vivir en soledad les angustia. Y se puede dar en personas que han tenido pareja, como divorciados o viudos”, puntualiza el profesor Hierro.

La soltería ha dejado de ser un estigma para convertirse, muchas veces, en un privilegio. Y el mercado se ha lanzado a atender las necesidades de quienes viven solos. El número de personas sin pareja crece en el mundo, condicionando los hábitos de consumo y políticas públicas como pueden ser las pensiones. Podemos decir que en nuestro país, uno de cada cuatro hogares tiene un único inquilino, más de la mitad de ellos son menores de 65 años. Los solteros son un grupo poblacional creciente para el que vivir es más caro, que mantiene una dinámica propia con el consumo y cuyo posible impacto en la macroeconomía a largo plazo está ligado a la natalidad.

Desarrollar una carrera profesional apasionante o viajar por el mundo descubriendo otras culturas puede reportar realización personal y satisfacción. Por supuesto, esto no es incompatible con tener pareja, aclaran los psicólogos consultados, pero el lugar hacia donde dirigimos nuestra energía es una cuestión de prioridades. “Hoy en día se puede elegir sin que eso conlleve problema alguno. Están los siempre solteros, que no desean estabilizarse, y los nuevos solteros, que tuvieron sus relaciones o estuvieron casados, acabaron mal y huyen del compromiso como de la peste. En algunos casos tienen hijos y no quieren más preocupaciones”. Hay miedo a fracasar, a que se rompa la relación y terminar con el corazón patío, como canta Alejandro Sanz, a negociar y a perder la libertad”. Estos pensamientos son del tipo: “nadie me va a querer”, “estoy feo, tengo arrugas”, “vaya barriga que tengo”, “quién me va a cuidar cuando sea mayor” o “no voy a poder tener hijos”. Esta fobia está muy relacionada con la autoestima en el sentido de que la persona no se ve capaz de tener pareja, puntualiza el profesor.

La mala prensa del solterón como sinónimo de irresponsable que huye de los compromisos toca a su fin. Ya, en los tiempos que vivimos, ahora se presenta una opción de vida más, un fenómeno consolidado como al modelo de familia tradicional que incluso tiene ese toque de prestigio. Son muchos millones de españoles, de entre 30 y 60 años que viven sin pareja, ya sean solteros, viudos, divorciados o separados. Aunque una parte de ellos esté insatisfecha con su condición, la mayoría ha escogido la independencia por voluntad propia en la mayoría de los casos. Dicen que están mejor así. Prefieren arreglárselas solas que en compañía, porque lo que antes era una “condena”, según ellos, empieza a considerarse hoy un privilegio. Y es así, porque ya no se asocia tanto al fracaso vital, la soledad o el aislamiento. Tal vez de ahí provengan los empeños por reemplazar en el lenguaje cotidiano la vieja etiqueta de “solterón” por nuevos eufemismos: “singles” o “impares”. A nadie se le oculta que esa pequeña revolución lingüística es algo más que un lavado de cara. Responde al interés que está mostrando el mercado hacia los colectivos de “singles”, un nicho de consumo bastante apetitoso no solamente por su número sino también por el poder adquisitivo medio de sus integrantes.

Así son ellos

No existe un perfil exacto del “single” pero la característica común de todos ellos es que no tienen pareja. Suelen tener entre 30 y 60 años, residen en un núcleo urbano y su estado civil puedes ser cualquiera de los citados más arriba. A menudo son profesionales de nivel medio/medio-alto, con estudios medios o superiores (médicos, abogados, empresarios, administrativos, profesores…) y con cierta disponibilidad económica. Todos con el mismo “problema”: la sociedad y su entorno los han dejado “colgados”, unas veces, y otras por propia voluntad. Pero todos tienen la misma actitud: quieren recuperar su sitio. Aunque ahora no tengan pareja, en el sentido convencional.

Desechada ya la imagen de raros, solitarios, solterones empedernidos, desesperados sin plan o promiscuos en busca de sexo, hay que decir que los “impares” o “singles” (solteros en inglés), se ven obligados en muchas ocasiones a cambiar de ambiente y a buscar nuevos amigos, que es la postura más acertada. Es por esto por lo que han decidido reivindicar su forma de vida.

Vivir como “single o impar” en Almería

Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) a 1 de octubre de 2025 escrutan 49,4 millones de habitantes en España, con unos 4,4 millones de hogares unipersonales, la mayoría menores de 65 años. Muchas personas que viven solas son mujeres, que pasan a vivir en un hogar unipersonal después de perder a su pareja.

Vivir solo en Almería es una opción creciente, destacando por su clima excepcional, mucho sol, inviernos suaves que permite disfrutar del clima al aire libre casi todo el año, y un coste de vida más asequible que otras zonas costeras, con precios de vivienda competitivos, especialmente en el centro histórico, que ofrece dinamismo y servicios. La ciudad combina tranquilidad con zonas concurridas, donde abundan los bares con sus clásicas tapas y un entorno natural único.

En resumen, Almería ofrece una vida equilibrada, soleada y económica, perfecta para quienes buscan tranquilidad y naturaleza sin renunciar a servicios y un buen ambiente social.

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