Ni el AVE ni las multas: el negocio ilegal que 'secuestra' a la estación de Almería sigue vivo tras 20 años
El asedio de los taxis piratas en la Intermodal de Almería ha cumplido casi dos décadas de impunidad, consolidándose como un sistema clandestino que hoy acecha incluso las nuevas dársenas por el soterramiento
"Los taxistas piratas siguen siendo un gran problema en Almería"
Almería sufre un asedio sistemático en su Estación Intermodal que ha cumplido casi dos décadas de impunidad, consolidándose como un sistema de transporte clandestino que hoy se infiltra incluso en las nuevas dársenas habilitadas por las obras del soterramiento. Lo que comenzó a documentarse en el lejano 2007, con las primeras denuncias formales ante el Ayuntamiento, ha derivado en un entramado organizado que opera con total desparpajo en el entorno de Ciudad Jardín.
A lo largo de estos años, el sector oficial del taxi ha entregado listados que superan las cuarenta matrículas sospechosas que actúan de forma coordinada en los puntos de mayor afluencia de viajeros. Estos vehículos, muchos de ellos circulando sin el seguro obligatorio y con el mantenimiento técnico vencido, han profesionalizado su intrusismo mediante una red de "ojeadores" que captan a los clientes en el mismo andén de llegada.
El traslado del conflicto a la estación provisional
Con el avance imparable de las obras ferroviarias, el centro neurálgico de este conflicto se ha desplazado ahora hacia el entorno de la calle Abogado de Oficio. Los conductores ilegales aprovechan la confusión generada por las vallas de obra para convertir la zona en una auténtica "ratonera" donde los viajeros son abordados con ofertas de transporte que carecen de cualquier garantía legal.
Esta asombrosa capacidad de maniobra demuestra que el fenómeno responde a una organización jerarquizada que se reparte las zonas de influencia por franjas horarias y rutas específicas hacia la comarca del Poniente. Mientras los taxistas con licencia cumplen rigurosamente sus turnos de espera, los piratas patrullan en círculos coordinados mediante teléfonos móviles para esquivar a la Policía Local.
El daño económico para las casi 300 licencias oficiales de la capital es ya incalculable tras veinte años de competencia desleal y un fraude fiscal que se estima en cientos de miles de euros. Las sanciones actuales, que rondan los 1.380 euros, no parecen frenar una actividad que resulta extremadamente lucrativa para quienes operan al margen de la ley.
Un riesgo estructural para la seguridad del viajero
La peligrosidad para el usuario final es, sin duda, el punto más crítico de esta crisis, con vehículos que realizan trayectos de larga distancia a velocidades excesivas. En caso de producirse un siniestro en carretera, el viajero se encuentra en un desamparo legal absoluto, ya que estos coches carecen de la tarjeta de transporte obligatoria para cubrir incidencias.
La evolución de este enfrentamiento ha pasado por etapas de altísima tensión, incluyendo enfrentamientos verbales y amenazas directas hacia los taxistas que defienden su puesto de trabajo legítimo. La situación actual se define como de "tensión contenida", donde los intrusos operan a plena luz del día amparados por la dificultad de los agentes para demostrar el pago.
El registro histórico de las autoridades arroja datos demoledores sobre la magnitud del problema: más de mil denuncias tramitadas y periodos de hasta diez inmovilizaciones mensuales de vehículos. Sin embargo, la persistencia de estas mafias en pleno 2026 confirma que la rentabilidad del transporte negro es lo suficientemente alta como para reiniciar el ciclo apenas unos días después.
Las redes que hace dos décadas operaban en la vieja puerta de la Intermodal han heredado el negocio a nuevos integrantes, manteniendo un asedio constante que daña la imagen de la ciudad. El soterramiento y la futura llegada del AVE representan una oportunidad histórica que corre el riesgo de verse empañada por esta sensación de desorden público permanente.
En definitiva, el "abordaje pirata" es el relato de un pulso que, hasta el momento, parece ganar la economía sumergida frente a la administración local en su nodo de transporte más importante. Mientras las máquinas avanzan bajo tierra para modernizar Almería, en la superficie el intrusismo sigue marcando su propia ley ante la mirada impotente del sector profesional.
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