Varamientos de zifios coinciden con presencia de buques militares entre Almería y Murcia

La coincidencia con buques militares en la zona reabre el debate sobre el uso de sónar

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Ejemplar de zifio de Cuvier varado entre Almería y Murcia, una especie de buceo profundo especialmente sensible al ruido submarino y poco habitual en zonas tan próximas a la orilla. / ANSE

El primer aviso llega por la mañana. Un cuerpo oscuro, alargado, inmóvil sobre la arena. Luego otro. Y otro más. Cuatro zifios de Cuvier aparecen varados en apenas unas horas en playas de Almería y la Región de Murcia, un patrón que enciende todas las alarmas entre los conservacionistas del sureste español.

No es una escena aislada ni un punto concreto. Carboneras y Pulpí, en la provincia de Almería. La Reya, en Puerto de Mazarrón, y La Colonia, en Águilas, ya en Murcia. Cuatro playas, dos provincias, un mismo día. Y una misma especie, una de las más sensibles al ruido submarino.

Coincidencia inquietante con buques militares

ANSE no oculta su preocupación. Los varamientos coinciden temporalmente con la presencia de varios buques militares en la bahía de Mazarrón, una circunstancia que, aunque por sí sola no prueba una relación causal, obliga a extremar la investigación.

No es una sospecha gratuita. El historial científico es amplio y está bien documentado: los zifios son especialmente vulnerables al uso de sónar militar, sobre todo de media frecuencia y alta intensidad.

Un cetáceo esquivo que rara vez se deja ver

El zifio de Cuvier (Ziphius cavirostris) es un animal difícil de observar incluso para la comunidad científica. Vive la mayor parte del tiempo a gran profundidad, con inmersiones que superan los 2.000 metros, y solo emerge brevemente para respirar.

Que cuatro ejemplares aparezcan varados casi de forma simultánea no es habitual. Y menos aún en una zona donde su presencia, aunque documentada, suele pasar desapercibida para la población general.

Dos ejemplares bajo atención veterinaria

Según confirman fuentes próximas a la asociación conservacionista ANSE, dos de los animales localizados en Mazarrón y Águilas están siendo gestionados por veterinarios del Centro de Recuperación de Fauna Silvestre del Valle, que se encargan de la evaluación y los primeros procedimientos técnicos.

En los otros dos casos, en playas almerienses, el desenlace es distinto. La prioridad pasa directamente a ser la necropsia y el análisis de causas, una fase clave para entender qué ha ocurrido bajo el agua.

Un área marina protegida de alto valor ecológico

Las playas afectadas no están en cualquier punto del mapa. Las aguas de Mazarrón albergan la Zona Especial de Conservación (ZEC) de los Valles Submarinos del Escarpe de Mazarrón, una superficie marina protegida de más de 154.000 hectáreas.

Este espacio es clave como zona de alimentación y cría para cetáceos, tortugas bobas y aves marinas. Y no es un caso aislado: el mar de Alborán y el golfo de Vera en su conjunto están reconocidos por la comunidad científica como Área de Importancia para los Mamíferos Marinos (IMMA), una figura que los señala como candidatos naturales a una protección reforzada.

El precedente que marcó un antes y un después

Cuando ANSE habla de riesgos, lo hace con datos. El ejemplo más citado es el ocurrido en Canarias en 2002, cuando 14 zifios aparecieron muertos tras maniobras militares de la OTAN que emplearon sónar de alta intensidad.

Aquella investigación demostró la relación causa-efecto: el ruido submarino alteró el comportamiento de buceo de los animales, provocando lesiones compatibles con un síndrome de descompresión agudo severo, similar al que sufren los buceadores humanos.

El resultado fue una moratoria en el uso de sónar militar en aguas canarias, una medida que, desde entonces, se considera un caso de éxito en conservación marina.

Qué se pide ahora

Tras los varamientos de Almería y Murcia, ANSE se dirige formalmente a la Comunidad Autónoma y al Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico con una petición concreta: investigar exhaustivamente las necropsias.

El objetivo no es señalar sin pruebas, sino determinar si existe o no una causa común detrás de estos episodios y descartar —o confirmar— una posible relación con actividades humanas recientes.

Una señal que el mar vuelve a lanzar

Los varamientos de zifios nunca son un simple accidente aislado. Son indicadores biológicos de que algo puede no estar funcionando bien en el ecosistema profundo, ese que casi nunca vemos pero del que depende buena parte de la vida marina.

Cuatro animales, cuatro playas y una misma franja de costa en pocas horas. Demasiadas coincidencias para mirar hacia otro lado. El mar de Alborán vuelve a enviar una señal clara. Y ahora, la respuesta está en lo que revelen las necropsias y las decisiones que se tomen después.

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